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21 de Jan de 2020

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Julio César Caicedo Mendieta

Columnistas

Panamá necesita dos enfrentamientos serios

La renuncia de los magistrados y el fin de la minería por el cobre y oro en Panamá

La renuncia de los magistrados y el fin de la minería por el cobre y oro en Panamá. Estas dos batallas deben ser propuestas y ejecutadas cuanto antes por panameños, hombres y mujeres mayores de edad, responsables y con algo de ética; es decir, por istmeños serios, no por imberbes o peligrosos menores de edad que prenden a docentes con gasolina y vandalizan propiedades con la cara oculta.

Los dos movimientos masivos y pacíficos, al mejor estilo de Mahatma Gandhi serían digo yo, sin violencia y uno a la vez, teniendo presente que ‘la violencia es el miedo a los ideales de los demás'.

El primero por la renuncia de los magistrados y el segundo por el fin de la minería de oro y cobre en Panamá. Estos ataques cívicos y pacíficos deben prepararse con el fervor patriótico que vivió y narró el finado Carlos Calzadilla G. de cuando aquel 22 de diciembre de 1947, a las 4 de la tarde, se realizó una gran manifestación de 30 000 almas, para dirigirse a la Asamblea Nacional (que quedaba en la Plaza de Francia, Las Bóvedas), cantando las notas de Marcha Panamá y las del Himno Nacional, para que los diputados rechazaran el tétrico Convenio Filos-Hines que permitía la permanencia de 136 bases militares de nuestros mejores socios, ‘los caras pálidas' norteamericanos (querramos o no), en nuestro territorio.

Este movimiento fue un triunfo enorme, porque los diputados iban a votar ‘sí'; pero la presión de la masa cívica, que estaba pendiente fuera del recinto, dio como resultado un ‘NO' total. Miles de damas sentadas en los desniveles quemándose las manos con la esperma de velas (el Gobierno quitó la energía eléctrica y los tenían rodeados con la caballería), ‘añingotados' hasta las doce de la noche, mientras se daba el debate. Que bien narró el amigo Carlos Calzadilla este movimiento que marcó el derrotero político e histórico de Panamá por su importancia trascendental. A partir de este acontecimiento —digo yo— siguieron por inercia los de la autonomía universitaria, el glorioso 9 de Enero y otros también importantes que no caben en esta cuartilla.

Créanme, si no sacamos a esos magistrados que sabemos, tendremos trabado un palo de teca en la rueda del progreso social y económico. Y si permitimos que la minería destruya nuestro angosto país por un par de dólares, estaremos expuestos a daños irreversibles sin necesidad, que es lo peor. Por ahora, nunca se había maltratado con tanta sevicia al orgullo patrio y la soberanía nacional, como en estos dos casos.

ESCRITOR COSTUMBRISTA.