21 de Feb de 2020

Víctor Paz

Columnistas

Bajo la manta sucia del ‘progreso'

No se es grande imitando lo malo sino aprendiendo lo bueno

No se es grande imitando lo malo sino aprendiendo lo bueno. El engranaje del cambio para ‘ser GRANDE ' es: honestidad para reconocer que no se es grande, estudiar para serlo, aprender a serlo, y hacerlo durante mucho tiempo antes de aceptar cualquier reconocimiento. Es algo que los panameños debemos entender tanto en el fútbol, como en el resto de nuestra vida. Pero tenemos un serio problema de honestidad. Porque vivimos en un país donde unos pocos han crecido mucho (rascacielos, mega centros comerciales, etc.), mientras el gran resto se sume en la pobreza que generan sus mentiras. Y a eso le llamamos ‘progreso '.

Las sociedades anónimas y negocios ‘offshore ' son excelentes mecanismos financieros, si y solo si se cuenta con un fuerte sistema legal que evite su distorsión hacia malas prácticas. ¿Tenemos los panameños un sistema legal fuerte? Si a nivel nacional la justicia es un desorden, ¿tendremos la capacidad de llevar en buena lid sociedades anónimas y negocios ‘offshore '? Que muchos de los países que hoy nos critican hagan lo mismo, no significa que nosotros podamos hacerlo también. Porque en muchos de estos países cuando ‘la teja cae, cae y rompe '. En Panamá la teja cae y flota por los siglos de los siglos. Aclaro, no digo que esos países sean ‘impolutos ', sino que tal vez ‘allá ' la justicia se venda más caro que acá. Además, ¿por qué igualarnos a ellos con la venta de sociedades anónimas, pero no con sus sistemas de salud pública, tránsito, seguridad o educación?

Tenemos un buen modelo legal y preventivo, en lo que a banca y finanza se refiere. Sin embargo, la prevención se basa en la corrección. Y Panamá no ejerce el lado correctivo, porque la justicia es obsoleta, lenta, torpe y débil (frente al poder). Inclusive, a veces ni siquiera funcionan los mecanismos ‘preventivos '. ¿O se nos olvida el tilín-tilín bancario de los adláteres de la pasada administración? Luego, si esos mecanismos legales-financieros no funcionan con ciertos panameños, qué les hace pensar que funcionarán para grandes potentados del extranjero.

Claro, para los no poderosos existen todas las leyes del mundo, pero cuando se trata de ‘ellos ' el asunto se vuelve una ofensa nacional. ¿O será que solo ‘ellos ' son Panamá? Sin embargo, está claro que su problema se volvió nacional, única y exclusivamente por su proximidad al Gobierno. Lo que ciertas personas han querido soslayar inventando una paranoia apasionada, de tipo marea roja. Así como ‘todos los árbitros y países impiden que progresemos en el fútbol ', de pronto las potencias mundiales nos odian y quieren quebrarnos.

El nitrato de amonio se utiliza como fertilizante o explosivo de minería. Digamos que, de no existir regulación de venta, ¿eso me permitiría vendérselo a cualquiera, así fuera alguien que lo revenda a terroristas? Suena legal y económicamente atractivo, pero, en el transcurso perderíamos la ética y muy posiblemente dañaríamos a muchas más personas que las contempladas en mi planilla. Ahora bien, aparte de que en Panamá sea legal vender sociedades anónimas a tutiplén, los panameños tenemos un serio problema de honestidad social, que legitima forzosa y masivamente tanta avaricia, servilismo e indolencia social. Indiferencia social que por inacción termina, nacional e internacionalmente, arropándonos a todos bajo la misma manta sucia del ‘progreso '.

INGENIERO EN SISTEMAS.