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31 de Mar de 2020

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Marco A. Gandásegui, Hijo

Columnistas

La Universidad de Panamá en la encrucijada

Las elecciones para rector en la Universidad de Panamá arrojaron como ganador, con un cómodo margen, al doctor Eduardo Flores

Las elecciones para rector en la Universidad de Panamá arrojaron como ganador, con un cómodo margen, al doctor Eduardo Flores, profesor de Física. En la historia de la Universidad —que se remonta 80 años— la institución ha tenido muy clara su orientación: contribuir a los planes de desarrollo de los grupos gobernantes (nacionalistas, liberales, coalicionistas o militares). Sin embargo, en las dos últimas décadas las políticas neoliberales han desarticulado todos los proyectos de desarrollo del país. Entonces, ¿qué opción académica tiene en esta encrucijada la Universidad de Panamá?

Si sigue la línea neoliberal, continuará siendo una fábrica que se limita a formar profesionales. Con la particularidad que, en la actualidad, el neoliberalismo exige profesionales ‘informales ', preparados para un mercado ‘flexible ', donde no existe estabilidad. En la Universidad de Panamá hay muchos sectores que consideran oportuno formar profesionales a la medida de las demandas del mercado: bajos salarios, sin beneficios sociales, horarios flexibles y descartables.

Esa universidad no es la que quiere Panamá. En Europa, EE.UU. y en muchos países latinoamericanos han surgido movimientos de protesta de la juventud en contra de la ‘deshumanización ' de las universidades. Los españoles se quejan de que la Universidad ‘se está convirtiendo en una gigantesca Escuela Técnica '. Al igual que en Panamá, en Europa la educación secundaria le coarta a la juventud la capacidad de aprender a pensar y tomar decisiones.

El rector electo, Eduardo Flores, quien asume su cargo en octubre, y todos los universitarios, tenemos que elaborar un programa de trabajo que resuelva los serios problemas estructurales de la Universidad. Hay que transformar la institución para ponerla al servicio de las necesidades del país. El reto es doblemente difícil, si se tiene en cuenta que no existe un plan nacional de desarrollo y los gobernantes han manifestado su desinterés en incorporar el conocimiento científico y humanístico a su agenda de trabajo. Muestra del desastre es que solo se invierten 60 millones de dólares en ciencias de un Presupuesto Nacional de 20 000 millones de dólares.

Es urgente que el país cuente con una universidad bien equipada, con los mejores investigadores y con estudiantes del más alto nivel. La nueva estructura tiene que estar al servicio del país. La Universidad tiene que centrarse en la producción de conocimientos nuevos, mediante la investigación, conservando los avances relevantes logrados en el pasado.

El país necesita una universidad con una visión académica renovada. Hay que comenzar a construir la universidad del futuro, que forme humanistas y científicos que tengan la capacidad de transformar el país y, a la vez, convertir la ‘Casa de Méndez Pereira ' en una institución centrada en la investigación.

La institución tiene que dar los primeros pasos —en los próximos cinco años— para transformarse en un centro de educación superior que pueda producir las mujeres y los hombres capaces de impulsar un plan de desarrollo nacional. De sus aulas tienen que salir los investigadores que trabajen en la construcción del país que quieren los panameños: Un agro productivo, una industria poderosa y una base logística única en el mundo.

Los gobernantes han desperdiciado durante las últimas décadas el activo más importante que tiene nuestra posición geográfica: el Canal de Panamá. Sus planes siempre miran hacia afuera: ‘Pro mundo beneficio '. No es casualidad, ya que están pensando en términos rentistas. Solo se preguntan cómo puede el pequeño grupo de especuladores apropiarse de las (ya no tan pequeñas) ‘migajas ' que dejan las naves que pasan por el Canal.

Olvidan que las riquezas las producen los trabajadores panameños. Hay que poner la tierra a producir, hay que dinamizar la tecnología de punta y hay que convertir la posición geográfica en el motor que beneficie a todos los productores panameños de una frontera a otra. ¿Cómo puede Panamá lograr estos objetivos? Hay que preguntarle a la Universidad. Que se ponga a investigar y que le presente al país —a corto plazo— las alternativas y que los panameños decidan cuál es el mejor camino.

El proyecto solo puede realizarse si, por un lado, hay un cambio en el país, al más alto nivel: erradicar la corrupción y poner el país por delante de los negocios particulares. Por el otro, organizar un equipo de académicos en la Universidad de Panamá que tenga la capacidad de encabezar un movimiento de renovación total.

Este es el reto que enfrentamos los universitarios y el rector electo, Eduardo Flores.

*PROFESOR DE SOCIOLOGÍA DE LA UP E INVESTIGADOR ASOCIADO DEL CELA.