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06 de Apr de 2020

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Julio César Caicedo Mendieta

Columnistas

La naturalidad del sexo

Dejemos que los jóvenes panameños disfruten como puedan de sus riquezas naturales en este mundo cada vez más complicado

El día que haya que ir a la mejor universidad de Costa Rica (por mencionar un país culto) y poder hablar sobre educación sexual se acabaría con el supremo fin de la cultura.

En Panamá los comentarios sexuales deberían limitarse a la enseñanza de los métodos para evitar embarazos y enfermedades en menores y mayores de edad y punto.

¿No a esa ley 61, quién ha dicho? Si pobres y ricos tenemos la libertad de cuidarnos y el derecho de ser orientados. Como con la tuberculosis, el sida, los catarros y evitar quedar muecos por las caries sin el apremio de ninguna ley.

A menos que a estas alturas haya quienes crean que los seres humanos somos reses tabuladas.

Dejemos que los jóvenes panameños disfruten como puedan de sus riquezas naturales en este mundo cada vez más complicado. El fervor en asesinar la naturalidad del sexo en Panamá es tal que hay departamentos policíacos que, en vez de brindar seguridad, merodean a la salida de los colegios para ver qué niños caminan cogidos de las manos, o abortar el intento del robo de un besito rubefacto.

Me pregunto: ¿cuándo se van a enamorar los pela'os, a la edad de Vargas Llosa o a la del rey Pelé?

¡En mis tiempos existía la hora de consejería en las escuelas!, pues se daba por sentado que los profesores podían hablar con sus alumnos en privado o en términos generales sobre determinada situación. El mismo profesor se atrevía a llamar al alumno o alumna para conversar y de ser necesario, transferir el caso a una profesora de más experiencia. Quedaba la naturalidad intacta. Claro que ‘existe la naturalidad vulgar y la naturalidad exquisita, la naturalidad es la que está conforme a la esencia '.

Aquí, en casi todo el país, se habla de sectores vulnerables, pero jamás de praxis.

En doce años, como presidente del Club de Boxeo Marañón, no faltaron las charlas con los médicos por las enfermedades venéreas. Y mientras el finado Babá Vásquez (entrenador) relajaba al grupo de 50 pela'os entre 12 y 16 años preguntando a quienes les habían salido pelos en las palmas de las manos, cuántos granos de arena se necesitaban para que las ladillas se mataran a pedradas, para que luego el Dr. Rodríguez se encargara magistralmente del éxito de la reunión.

De todos estos esporádicos convivios de salud deportiva, no me olvidaré de la tarde en que a solas un púgil de Chepo nos preguntara, dada la confianza, si el machacado de las pepas de corotú servía para que las muchachas abortaran. Llamé al doctor de inmediato, evitándose el peligro de que una niña abortara como las vacas sin veterinario.

No más leyes, orienten a la gente.

ESCRITOR COSTUMBRISTA.