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30 de Oct de 2020

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Julio César Caicedo Mendieta Portocarrero

Columnistas

El árbol de nuestro pindín

Los pindinceros gozamos el que los conjuntos populares de la música folclórica se hayan modernizado y guardado en el rincón de la casa

La música típica panameña otra vez en la cúspide. Y lo podrá hacer cada vez que le plazca, porque es una especie de cocobolo enorme de varias ramas pesadas y de otras menos gruesas preñadas de brotes que sin lugar a dudas también crecerán por el entusiasmo reinante.

Los pindinceros gozamos el que los conjuntos populares de la música folclórica se hayan modernizado y guardado en el rincón de la casa a las maracas, los tambores y la guitarra para valerse con toda libertad del acordeón, los timbales, la guitarra eléctrica y de la sobreviviente churuca. No significa que lo folclórico no siga sosteniendo las bases de las expresiones, pero, los punteos de Chico Purio, los arpegios de Gelo Córdoba, la maestría de Fito Espino y el compás de Dorindo Cárdenas alumbran el camino de una industria que, aunque tosca, comandan Manuel de Jesús González (Alfredo), Nenito, Ulpiano y los Sandoval.

Lo referido ha dado pie a que otras ramas de nuestras expresiones nacionales, como el maravilloso calipso, la salsa y el reggae , se estén secando, pues el pindín los ha ensombrecido en: melodía, contenido, ritmo y vocalización de la mano de nuevos compositores, muchos de ellos jóvenes educados.

La vanguardia en el pindín hoy día es tan tenaz que nunca pensé que joyas musicales como el Barranco del río Muñoz , por ejemplo, sería apartada, si todo el mundo emitía chiflidos por esa composición desde las cordilleras del Trinidad hasta las costas de Monte Oscuro en Capira, los silbos eran ni chorotecas del alba sin poder cantar porque no había letra, había que repetir hasta 10 veces ‘Déjame la ropa sucia que mañana la lavo yo '.

Ahora, con la aparición de noveles compositores que diría yo, que son los grandes responsables del auge típico actual, usted puede colocarse su radiecito en el pecho y deleitarse desde las cuatro de la mañana hasta la hora de cambiarle el agua a las gallinas, ¡Qué placentero! Y, es que el valor agregado de jóvenes como Edgar Hurtado, compositor muy mencionado y uno de los pilares de la décima infantil, junto con su hermanita Madeleine Pineda, alegran el Istmo dando pasos gigantescos en nuestra panameñía.

ESCRITOR COSTUMBRISTA.