Temas Especiales

31 de May de 2020

Antolino Herrera Castillo

Columnistas

Pinos jóvenes y la sociedad de hoy

‘... se nos olvidará todo lo ocurrido... Solo que el fenómeno volverá a aparecer, porque las condiciones no se permutan...'

De los fenómenos climatológicos que más han impactado a Panamá, cincuenta años atrás en Darién, montaña arriba, unos irresponsables talaron una gran cantidad de árboles, y la depositaron en el cauce del río formando un dique. No recuerdo el nombre de este río. Luego llovió más de lo esperado y este dique cedió, creando una cabeza de agua que a su paso arrasó con ciertas comunidades y sus habitantes.

Durante la administración del presidente Guillermo E. Galimany, hace unos veinticinco años, ocurre el terremoto de Bocas del Toro. No más hace unos quince años se da un tornado en el sector de San Cristóbal, cerca de la vía Tocumen. Este tornado asustó mucho y causó voladuras de techos, entre otras cosas. Hace poco (entre 8 a 10 años) en Panamá Este llovió por diez días, lo que los pobladores reconocieron como un diluvio. Se afectó el distrito de Chepo, todo el lago Bayano y los habitantes que vivían en cada islote, pero la más afectada por las inundaciones fue la comunidad de El Llano, donde todavía están las casas abandonadas como testimonio de dicho evento.

En Panamá no estamos acostumbrados a estas dificultades, por lo que no está de más ya ensayar las medidas preventivas para conjurar lo que puede ser inevitable. A estas alturas las municipalidades, con la ayuda de los ingenieros, deberían estar organizando las cuadrillas de albañiles, soldadores y arquitectos, a fin de asegurar los techos de cada casa y de cada corregimiento, si queremos evitar situaciones difíciles.

Personalmente me hago partícipe de que todo lo que ocurre o vaya a ocurrir es el resultado del comportamiento y actitud del habitante de cada pueblo. Cosechamos lo que sembramos. Algunos se niegan a aceptar que hay cambios en la naturaleza.

En Panamá, cuando florecía el Poro-Poro (arbusto) y florecía el cañaveral, los niños cortaban las virutas para hacer sus cometas, y sabíamos que estábamos en temporada de verano. Hoy día, no se puede estar muy seguro. Dependemos de la madre naturaleza, pero somos nosotros quienes atentamos contra ella y naturalmente, como organismo vivo que es, se revuelve como animal herido, y nos devuelve el favor en forma de estos eventos que están a la orden del día. Cosechamos lo que sembramos y consumimos el veneno del humo que nosotros mismos generamos.

¡Qué lástima que las normativas de medio ambiente no se cumplan o estén mediatizadas! ¡Qué lástima que no hayamos aprendido cómo se cuida y se protege al medio ambiente! Hoy se espera más de los niños y de los jóvenes que de los adultos (pinos jóvenes). El adulto está muy contaminado. Hoy se habla de la contaminación mental. Las iglesias están contaminadas de algún modo, los ríos, quebradas y afluentes están contaminados, y estos ríos circundan la Tierra, por lo que la Tierra también está contaminada.

¿Como andarán los productos o bienes que proceden de la Tierra?, agravados por el proceso industrioso, que contemplan los agregados químicos a los alimentos y bebidas. Las manos de quienes administran la justicia (no sabemos cuántos ni quiénes) están contaminadas. La contaminación alcanza a todos los órdenes: el religioso, educativo, económico, financiero y político.

Estamos apenas superando el susto de una tormenta tropical (Otto). Seguramente se nos olvidará todo lo ocurrido y volveremos a lo mismo. Solo que el fenómeno volverá a aparecer, porque las condiciones no se permutan o no han cambiado. Es el mundo de hoy, lleno de amenazas por todas partes, se impone el buen juicio y no la desesperanza, la mente positiva, el deseo de superarse y saber que, aunque el mundo fuera a terminar mañana, nos encontrará haciendo lo mismo: trabajando por las cosas por las cuales creo y es necesario hacer.

Es importante invitar a los expertos en estos temas, para que orienten y capaciten a la población. De lo contrario, tenemos las profecías de la Santa Biblia, que hablan sobre el deterioro en el pensar y actuar de la gente, del incremento de la maldad en el mundo, de las guerras, las pestes, tsunamis y de todo tipo de invención, lo cual pone los pelos de punta. A fin de cuentas, hay que preguntar a los teólogos: ¿acaso es que las profecías están escritas en piedra? ¡Cultiva tu día!

ECONOMISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.