Temas Especiales

07 de Jun de 2020

John A. Bennett N.

Columnistas

¿Existe tal cosa como ‘la caridad estatal'?

Lo más probable es que pocos nos hayamos planteado la pregunta de si el Estado puede ser caritativo

Lo más probable es que pocos nos hayamos planteado la pregunta de si el Estado puede ser caritativo. ¡NO! La pregunta es absurda, ya que la caridad es asunto personal de cada quien, que no puede ser delegada al aparato estatal; y cuando intentamos semejante tergiversación va ocurriendo toda clase de absurdas distorsiones de la realidad.

Tal es el caso de algo recién ocurrido en la antigua cuna del gran experimento liberal, que fueron los EE.UU. El caso se dio con la American Royal World Series of Barbecue, institución se la sociedad civil dedicada a promover las barbacoas en Kansas City, fundada en 1899. El evento atrae a chefs de todos los confines del país, que se reúnen a destacar sus habilidades culinarias. El asunto es que al final del evento hay una gran cantidad de comida que sobra.

Los gurú de la barbacoa, al ver semejante desperdicio, decidieron darle mejor destino, para lo cual formaron el grupo caritativo Kookers Kare; quienes se aliaron con la comunidad de cosechadores que toma el inmenso desperdicio de vegetales y tal, que naturalmente se producen durante la cosecha, transporte y distribución de los alimentos, para hacerlo llegar a quienes tienen hambre. Este año el grupo colectó 3000 libras de carne, 1200 de otros alimentos, que fueron destinados para grupos caritativos que ayudan a quienes no tienen hogar. Pero... de pronto entró en acción el Chapulín Departamento de Salud, que detuvo todo ‘el relajo'.

Y es que como no alertaron debidamente y a tiempo del asunto, cuando llegó, por casualidad un inspector celestial, y determinó que toda esa comida fue preparada sin la inspección y aprobación del Departamento, de inmediato prohibieron su repartición. Pero no solo detuvieron la repartición, sino que obligaron a destruirla toda con cloro. Inmensas cantidades de carne cocinada por los principales chefs del país, bañadas en cloro, por insalubres.

¡Por supuesto!, que las críticas no se hicieron esperar, y como los burrócratas son de piel tan delgada, de inmediato sacaron a relucir las estadísticas de envenenamiento con comidas mal preparadas y conservadas. De nada sirvió que les explicaran que estos chefs de primera y la organización son expertos en todo ello. Lamentablemente, los del evento de barbacoas no entendían que toda caridad alimentaria debe ser regulada y vigilada por el Chapulín Estatal. ¡Ah, sí!, poco importa que las acciones del Estado son, en buena parte, culpables de la existencia de tantos desamparados, pero esa es harina de otro costal.

Y sí, los voluntarios que querían ayudar a los desamparados quedaron muy desilusionados. Pero... ¡imagínense!, cómo quedaron los que tenían hambre, cuando sus estómagos les rugían, al darse cuenta del festín que se perdieron porque los burrócratas no fueron advertidos a tiempo.

¿Será este un evento inusual, o... será algo que ocurre rutinariamente a nuestro alrededor?

Moraleja, dar a los desposeídos no debía ser cosa sujeta a la burrocracia gubernamental; esa que más que nada se enfoca en burradas.

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