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19 de Apr de 2021

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Carlos Augusto Herrera Rodríguez

Columnistas

Hasta más allá del cielo

Este 26 de diciembre se cumplirán cuatro meses de la partida inesperada y sin retorno de Carlos Augusto Herrera Guardia rumbo a lo ignoto

Hasta más allá del cielo
Hasta más allá del cielo

Este 26 de diciembre se cumplirán cuatro meses de la partida inesperada y sin retorno de Carlos Augusto Herrera Guardia rumbo a lo ignoto. De todos estos extraños eventos nos queda la conformación por la espera del pronosticado reencuentro en aquellos caminos siderales, y será ese momento que se despejen todas estas dudas sobre las autorías de esta encestada maldad continuada, con la que acabaron una vida sobria, pero ejemplar de un hijo que supo ser padre, hermano y amigo de quien lo trató en convivio. Algunos me dicen, para mi consuelo, que ya descansó y que está al lado del Padre.

Las investigaciones sobre estas destierras circunstancias llevan muy poco avance, como ya lo habíamos pronosticado. La Fiscalía de Descarga de Colón realiza su mejor esfuerzo dentro de sus limitaciones. Tiene en su contra el tiempo transcurrido y la distancia; dos tenaces elementos que borran las huellas de cualquier conducta, además de la incapacidad legislativa concebida, que coadyuva a entorpecer las gestiones dentro de la mediocridad de esta evolución procesal en que nos encontramos. Pareciera que nos vamos a quedar envueltos con el manto de la incertidumbre por lo ocurrido, puesto que estamos muy lejos para aclarar lo acontecido, lo que en su defecto podría abonar a la tranquilad de la familia Herrera Guardia, y a los amigos y allegados de toda la sociedad.

Por supuesto que a este ritmo, cada vez habrá menos interés de parte de los funcionarios operadores encargados para encontrar esta verdad reclamada, que hemos convertido en una reiterada exhortación, opacada por las continuas novedades que se suceden y que distraen la atención pública. Lo cierto es que con todo y el agobiante dolor que nos embarga, tenemos que seguir adelante con esta antorcha de súplicas, como un deber impuesto por el honor, a pesar del agravante de nuestra incapacidad emocional para analizar el legajo recibido a cuenta gota, por ello vamos a solicitar a terceros amigos para revisar, analizar e interpretar lo ocurrido y ya explicado en entregas anteriores.

Aquella tardecita del lluvioso jueves 25 de agosto de 2016 la rememoro con nostalgia sobre aquella última sonrisa regalada de mi hijo al convertirse de inmediato en una bruma y desaparecer arropado con esas luces mortecinas. Él se llevó los planes junto con nuestros sueños compartidos. Se apagó la tea a su existencia junto a la transferencia de los deberes y obligaciones profesionales colaboradas. Si se pudiera retrotraer el tiempo, guardaría conmigo hasta más allá del cielo ese instante congelado.

Otra arista está aglutinada en la solicitud pública ante las más altas autoridades judiciales para que se realizaran investigaciones sobre la actuación del caso de familia que originó este sismo. Aquí aparecen varios fiscales y la jueza de Niñez y Adolescencia, del Primer Circuito Judicial de Panamá, pero todo esto ha quedado estancado por el silencio de las respuestas, y que sumado al tiempo y la distancia del transcurso sobre lo ocurrido, va a contribuir a que se pierda la gran oportunidad de examinar la efectividad de los procedimientos y de la práctica en el manejo entre la interpretación y aplicación de las leyes, sean sustantivas o adjetivas y en especial, sobre el vocinglado ‘Principio del Interés Superior del Menor', que está muy lejos de surtir su debido efecto.

Tenemos que preconizar sobre este silencio. Está claro que no se puede esperar que sea de otro modo, si a diario observamos la ausencia del estado ideal y proactivo, que debe ser el norte para aplicar las garantías, y que generalmente se activa de forma receptiva, lo que resulta una imperdonable actitud de parte de los llamados a cumplir con la ley y lograr que esta se cumpla.

Por mi parte, estoy obligado a empinarme sobre este sórdido dolor que me consume, para avocarme al análisis de lo ejecutado por las autoridades mencionadas en cada uno de los estamentos de quienes actuaron en la controvertida función instructiva y jurisdiccional, como funcionaron como sendas capillas de distintas congregaciones, junto con lo dispuesto por el Tribunal competente que no hizo nada diferente.

Ni siquiera les deseo a los arquitectos y ejecutores que en concierto fomentaron esta desgracia, que por su maldad sean sometidos al dolor parecido al que siento en cada momento y que se agrava en determinadas fechas y eventos. Pido de modo ferviente a Dios, que es el único que sabe el tamaño y la profundidad de estas laceraciones que me carcomen el alma a fuego lento, que los perdone a todos.

ABOGADO