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18 de Apr de 2021

Alexis Sánchez

Columnistas

Vuelve la tortura del cepo a Panamá

En nuestro medio el Cepo fue generalizado hasta que se construyeron las cárceles.

Con asombro y rechazo las huestes de la Comarca Ngäbe Buglé ven con asombro y disgusto que algunas autoridades de la etnia soberana de Panamá están a favor de un instrumento de tortura para castigar a los infractores de la ley.

¿Qué es el cepo? Era un instrumento carcelario con orígenes en la inquisición y usado por los españoles contra los pueblos originarios en América que consistía en atar de pies y manos en las aberturas de un instrumento de madera a una persona quedando inmovilizada expuesta a los alacranes y al incesante hormigueo en los pies y espalda y negados de agua. Esta tortura fue utilizada por católicos y protestantes. En nuestro medio el Cepo fue generalizado hasta que se construyeron las cárceles. Fue el último instrumento de tortura colonial para castigar a los obreros, campesinos y ngäbes buglé. Así la oligarquía nacional intentaba silenciar las protestas populares porque al cepo no llegó ningún encumbrado, por lo que se constituyó en una forma degradante y clasista.

El último cepo en Panamá fue el de Tolé Chiriquí, destruido por revolucionarios el 24 de junio de 1961. Se sospechó de Rafael ‘Pito' Murgas y su secretario privado, Pablo Ermitaño Álvarez Abrego, como autores intelectuales del hecho. Nunca se probó nada en su contra.

Un comando élite de jóvenes revolucionarios toleaños, conformado por Humberto Antinori Castrellón, José Alfonso Murgas, Tomás Reyes Jurado, Humberto Arjona y Francisco Jurado fueron los autores materiales del robo del cepo de Tolé y su posterior destrucción por incendio en las cercanías del cementerio del pueblo.

El cepo fue construido en 1890 por Candelario Rosas, quien utilizó madera de algarrobo (corazón). Se ha dicho que si alguna vez los toleaños estuvieron de acuerdo fue en la destrucción del inmundo instrumento. Se ha dicho que el fin del castigo no es el escarmiento. Cuando se aplica para aterrorizar a la sociedad y evitar que otros caigan en el lance del delito, se está desnaturalizando el principio moral de la pena. La convivencia en las cárceles debe reglamentarse a imagen y semejanza de la sociedad. Nunca existirá una sociedad saneada de la lacra de los delitos, por más que se maltraten y se ejecuten y se pongan en la picota pública a millones de delincuentes. Es evidente que no todos los reclusos son hombres perniciosos en el medio social. Muchos de ellos son auténticos valores que por incidentes desgraciados han caído en el campo de la delincuencia o persecución. En muchos casos en las cárceles están hombres cuyo concurso reclama la marcha progresiva de los pueblos. Mirabeau, arquitecto del republicanismo francés cuando estalló la Revolución francesa estaba en cárcel por deudas. Por deudas, también fue arraigado en La Española Vasco Núñez de Balboa. Victoriano Lorenzo y Miguel de Cervantes Saavedra experimentaron los rigores de la cárcel. Esto nos dice que no siempre se está saneando la sociedad cuando recluimos en prisión a un ciudadano que ha delinquido.

Cuando el sargento Juan Antonio Chacón llegó a la improvisada cárcel no encontró prisionero ni cepo, solo una nota con el siguiente y nunca descifrado verso: ‘Grandote y coloradote / Siempre locuaz / Este es el mandamás / Perico de los palotes'.

En el cepo murió el conocido hombre público Augusto Santamaría Álvarez, totalmente deshidratado y picado de alacranes. La destrucción del cepo fue el secreto mejor guardado, porque el conocido agente de la CIA del oriente chiricano se empecinó en frecuentar Tolé y descubrir a los culpables al punto que confraternizaba con los ‘borrachos' (usuarios del cepo) para ver si estos en sus desvaríos revelaban la autoría. Rafael ‘Pito' Murgas destaca que las autoridades de la época encontraron justa la protesta y acción de la juventud revolucionaria de Tolé y le corresponde al conocido hombre público Jorge Rubén Rosas incluir en la construcción de la casa municipal a inicios de la década del 60 una moderna cárcel. Esto nos dice que el Ministerio de Gobierno y Justicia debe propiciar una moderna política penitenciaria en la Comarca y construir recintos carcelarios modernos.

Lo que constituye un desatino es que un sector de los ngäbes, instigados por autoridades administrativas, insista en la construcción de cepos, olvidándose de que aparte de ser una forma de tortura, sus ancestros fueron vilmente maltratados en la conquista española y hasta los años 60 por la oligarquía panameña. Hay que reconocer que, en la Comarca, descendientes de familias imperiales legendarias, como los Tugrí y los Sire, se oponen a la instalación de esta forma de castigo degradante.

EXINVESTIGADOR DE LA COMISIÓN DE LA VERDAD.