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17 de May de 2022

  • Miguel Ángel Mendieta Cárdenas

Columnistas

La importancia de la diversidad

Reconociendo que no está mal ni feo ser distinto

Vivimos tiempos convulsos, por doquier se asoma el fantasma de la uniformidad impuesta. Los vientos nos traen nuevas de paradigmas inequívocos. De hombres que dicen lo que se puede hacer y lo que no. El gusto por la tiranía y el Gobierno fuerte parece colarse entre nuestras conciencias como símbolo de efectividad y real orden. ¿Qué hacer ante esta nueva ola de sectarismo y división?

Desde hace pocos años se ha estado promoviendo un término de importancia sustantiva y cuya conceptualización nos invita a fundamentar nuestro hacer y decir en un principio clave: aceptar al otro tal y cual es. Hablamos del concepto de diversidad .

El concepto diversidad está estrechamente ligado a la diferencia, a la otra forma de ser, pensar y decir. Reconociendo que no está mal ni feo ser distinto.

Durante toda la historia de la humanidad una de las mayores tendencias ha sido socavar y segmentar al ser humano en categorías discretas, estableciendo patrones signados por lo rígido. Desoyendo la natural tendencia a la heterogeneidad. Lo más triste es que el proceso de homologación ha sido impuesto, y no pocas veces por cierto, a través de la fuerza inmisericorde.

Si somos valientes y nos motivamos a reconocer la inherente diversidad humana, nos atreveremos a cuestionar estructuras consideradas inamovibles. Por dar un ejemplo, tomemos el caso de la educación. ¿Por qué existe un currículo educativo único para todos los niños panameños, si de sobra sabemos, gracias a las investigaciones neurocientíficas de hoy, que no todos tienen las mismas capacidades o fortalezas académicas?

El concepto de diversidad , nos anima a entender que toda ética y moral debe fundamentarse en el ser humano y su bienestar.

Gracias a la diversidad, nos convencemos de lo inexplicable que resulta que, en pleno siglo XXI, exista una adhesión irracional a la división entre nacionalidades. A que se construyan muros y a que se establezca quiénes son ciudadanos del mundo y quiénes son simplemente acaso subhumanos.

Si bien existe en nuestros días un reconocimiento, en los más jóvenes con mayor frecuencia, de que ser distinto es lo normal, nos falta mucho para promover una cultura abierta a la diferencia y tolerante a lo no convencional.

Con preocupación observamos que a la saga del presidente estadounidense actual, no pocos políticos panameños ya han comenzado a capitalizar el discurso de lo hegemónico y homogéneo como bandera electoral.

Toca a los hombres y mujeres libres de nuestros días hacer frente a los fanatismos. Ahondando cada día en lo que somos. Porque es necesario nunca olvidar que, para poder reconocer y valorar lo diferente, primero hay que ser.

*PSICÓLOGO, SUBDIRECTOR DEL CENTRO DE ATENCIÓN A LA DIVERSIDAD, UDELAS.