Temas Especiales

24 de Nov de 2020

Berna D. Calvit

Columnistas

‘Después del carnaval hay vida'

El carnaval tiene dos caras; la cara fea de esta fiesta que tiene un alto costo social es la que debería recibir la atención del Minsa

Estamos distraídos siguiendo la pista a extraños silencios sobre las coimas de Odebrecht en Panamá. También a los desmanes del presidente norteamericano, Donald Trump, y los inagotables temas basura, inseguridad, el desbarajuste que es el Seguro Social, etc. En esa distracción (¿o decisión?) las autoridades de Salud no tienen en agenda una campaña masiva y sostenida sobre conducta sexual responsable durante la celebración del carnaval, la más popular y extendida en el país; y también la más libertina. Lo que muestran las televisoras durante los cuatro días del jolgorio que tantas críticas suscitan, es botón de muestra, lo que apenas se ve ‘por encimita'. Para muchos el carnaval es ocasión para darle gusto al cuerpo con ‘culecos', baile y bebidas alcohólicas que se consumen en grandes cantidades en estos días, ‘agua, guaro y campana', como dice la canción de Pedrito Altamiranda. Todo lo que esta celebración acarrea debe enfrentarse sin ñoñerías, sin el pudor que no permite mirar cara a cara lo sucede en los cuatro días de ‘arranque'. Es una realidad que se vive año tras año. Algunos dirán que si todos los años se dice lo mismo y nada cambia, tanta advertencia es perder el tiempo. Al contrario. Son días para reiterar los riesgos de excesos y descuidos. Por esta razón admiro y respeto el trabajo que realiza, con pocos recursos, la Fundación Probidsida, cuyo portaestandarte es el doctor Orlando Quintero, quien lamenta que este año el dinero apenas alcanzó para comprar 15 mil preservativos que distribuirán acompañados de material educativo. Por su parte, Luis Suaney, de la Coalición Panameña para la Educación Integral en Sexualidad, no suministrará preservativos masivamente, pero lo hará en módulos en centros comerciales, con información pertinente. En una decisión que a mi juicio no tiene sentido, nuevamente el Ministerio de Salud (Minsa) no distribuirá condones en los días de carnaval; sin embargo, durante el año invierten entre $50 mil y $100 mil dólares en preservativos que entregan en centros de salud y hospitales. ¿Será porque es la manera más discreta para no ‘alborotar el congo' de los que rechazan el uso del preservativo y siguen insistiendo, estérilmente, en la abstinencia sexual, que contradicen las cifras de embarazos precoces y las enfermedades de transmisión sexual?

El carnaval tiene dos caras; la cara fea de esta fiesta que tiene un alto costo social es la que debería recibir la atención del Minsa. Para algunos el resultado del jolgorio es la noticia de que por un coito alocado se contagió con alguna de las ETS (sífilis, gonorrea, HPV, hepatitis B); o el virus del Sida, precio muy alto por un revolcón carnavalesco; o un embarazo sin derecho a reclamo. Me preguntaba cómo manejan otros países esta celebración. En Internet hallé abundante información. En el carnaval de Barranquilla el año pasado se repartieron 200 mil preservativos. En Brasil, semanas antes inician campañas masivas para promover el uso de la ‘camisinha' que reparten gratuitamente, además de colocarlos en ‘dispensadores', sanitarios, discotecas, etc.; también realizan exámenes gratuitos del VIH y se ofrece tratamiento gratuito desde el momento en que la persona es diagnosticada como portadora. Las televisoras, publicitarias, empresa privada, funcionarios y voluntarios se suman al esfuerzo.

Estas medidas encuentran la oposición de los grupos religiosos, quienes proponen que ‘mejor línea de campaña' es fomentar la abstinencia. Sin duda este es tema polémico y cada quien debe obrar según su criterio. En Brasil, país mayormente católico, seguido por ‘protestantes' (evangélicos), no todos los cristianos apoyan a los parlamentarios religiosos que piden abstinencia como tema central de la campaña. El Rev. Marcos Amaral, presidente del Sínodo de Guanabara en Río de Janeiro, dijo a The Christian Post que los políticos religiosos podrían estar exagerando la situación, en un esfuerzo para lograr un cambio en el comportamiento sexual de las personas. ‘Los evangélicos en Brasil piensan que el mundo entero debe ser como una capilla', dijo Amaral para quien los cristianos tienen que ser la ‘sal de la Tierra', influyendo en el mundo a través de sus principios básicos…'. Alegó que ‘el carnaval es una fiesta cultural, no moral ni religiosa, y por esta razón no cree que la gente debería ser obligada a aceptar la abstinencia. Tenemos que entender que hay diferentes opiniones y creo que si la gente no acepta (la abstinencia), espero que se protejan', dijo en referencia a la utilización de preservativos. Otro pastor brasileño, Marcio Miranda, apoya la iniciativa de la abstinencia sexual; sin embargo, considera importante que el Ministerio de Salud ‘mantenga el fomento de preservativos para aquellos que no están dispuestos a aceptar el mensaje de la abstinencia. ‘Una de las iniciativas no anula la otra', comentó. ‘El Gobierno debe guiar a la gente a tomar medidas anticonceptivas y el uso de condones para evitar otras consecuencias adversas debido a comportamientos sexuales promiscuos en el carnaval'.

Creo que en los planes de los que parrandean en carnaval no está cometer actos que luego deben lamentar. La campaña ‘No maneje cuando toma' cuida vidas. Si se advierte tanto no manejar en estado de ebriedad también debería advertirse (como en Brasil): ‘En la fiesta puede pasar de todo. Solo que no pase sin condón. Tenga siempre el suyo. Después del carnaval hay vida'.

COMUNICADORA SOCIAL.