Temas Especiales

03 de Dec de 2020

Luis Carlos Guerra

Columnistas

La Panamá corrupta

La democracia como tal sucumbe ante el populismo demagógico

Ninguno de los partidos políticos, actualmente existentes, ostenta esa autoridad moral para proyectarse como mejor opción electoral, todos están inyectados de corrupción, tienen en común un pasado, individuos o grupos depravados por la ambición de poder y dinero. Al parecer, la razón independiente se perfila con mejor escenario, estamos ante una hecatombe política, una especie de apocalipsis de la democracia.

No hay duda que la institucionalidad del Estado panameño se ha debilitado, la razón de ser de la Ley en una sociedad es ese respeto a las estructuras que aplican la norma o a los regentes que conducen, administran u en su defecto deben ser competentes para aplicarla.

¿Quién ha de respetar un Ejecutivo hundido en la percepción de inoperante y corrupto, un Legislativo señalado de botellas y prebendas, un Judicial proyectado como sumiso a los poderes de turno o al que tenga los recursos y la influencia?

La democracia de Panamá se ha envenenado, y lo peor es que, aunado a ello, un sistema de partidos desgastado y la credibilidad política defraudada. No estamos siendo profetas de mal augurio, sino predicadores de una realidad que, al parecer, quienes disfrutan de los beneficios del poder no vislumbran enceguecidos por sus circunstancias.

Otro elemento que genera distorsión en la identidad social es la práctica de mantener en los partidos políticos figuras representativas que ya han muerto, arnulfismo, torrijismo, como si se tratase de tendencias innovadoras que aportan algo concreto. Lo cierto es que si bien la referencia a los personajes pudo ser buena en una coyuntura política, hacia futuro las nuevas generaciones, que dejan mucho que desear al ser un gran porcentaje de ‘ninis', oscilaran entre 19 y 35 años de edad, por lo que dudo, y más con los escribas y fariseos de la actual política, que se interesen por alguien que se pseudonombre torrijista, panameñista, perredista, arnulfista o represente a estas facciones al haber sido cómplices activos o pasivos de la corrupción que les ha restado a muchos las oportunidades para obtener mínimamente calidad de vida. Es así, la corrupción de los mismos de siempre de la partidocracia criolla le ha restado oportunidades a generaciones de jóvenes, ha defraudado la esperanza de generaciones de niños, familias, y sigue haciendo daño a generaciones a futuro.

La democracia como tal sucumbe ante el populismo demagógico. El populismo mediático es el perverso, es la figura delictiva jamás tipificada como estafa electoral, y de igual manera es lo que ha venido dañando la estructura del país, artífices de la mentira se involucran en los procesos para llegar al poder y cuando lo obtienen buscan la manera de aumentar sus arcas personales por arriba o abajo de la Ley, y cuando el sistema se da cuenta entonces si se asisten de la norma para obtener delaciones, beneficios, rebajas y en la mayoría de los casos impunidad.

¿Quién quiere una democracia de ladrones donde los derechos, libertades, garantías y principios de la Ley solo se aplican al pueblo y no a las castas, oligarquías, fuerzas de poder económico, partidocracia o grupos de familias con apellidos rimbombantes que al final resultan también ricos y millonarios pero a costa de subterfugios y prácticas delictivas en perjuicio del Estado y de la sociedad?

¿Hacia dónde se enrumba la democracia panameña? Definitivamente que la expectativa no visualiza sino un abismo de anarquía social. ¿Quién ha de respetar a un acreditado corrupto, vividor, juega vivo, estafador de la política? La preocupación radica en un viejo adagio: ¿quién estará libre de pecados como para tirar la primera piedra? Lo inmediato es que la podredumbre de la clase política ha logrado caracterizar otro concepto al significado de Panamá, abundancia de peces, mariposas, lugar de descanso, y ahora, lamentablemente, corrupción.

ABOGADO, ANALISTA POLÍTICO Y LOCUTOR RADIAL.