25 de Feb de 2020

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Guillermo A. Cochez

Columnistas

Racismo, xenofobia y corrupción

Lo de la pizzería de emprendedores panameños llama a la reflexión.

Lo de la pizzería de emprendedores panameños llama a la reflexión. Si bien es indignante que en pleno siglo XXI puedan florecer vestigios de la discriminación racial, legado de aquella propiciada contra panameños y negros por los norteamericanos desde la construcción del Canal, refleja que la reacción se salió de proporciones.

El episodio nos llena de lecciones: no permitir que estas situaciones se repitan; y la valentía de los propietarios del establecimiento de afrontar con humildad el posible agravio.

Estamos ariscos como sociedad; mostramos rencor en forma repetitiva, lo que nos lleva a buscar chivos expiatorios. Estamos hartándonos de una sociedad donde lo profundo pierde sentido y lo chabacano y vulgar se apoderan del entorno. Lo vemos en la televisión con programas ofensivos a la dignidad humana que poco ofrecen de aprendizaje.

Lo palpamos en las redes donde algunos se sienten realizados cuando pueden enviarnos imágenes de asesinatos o de muertes violentas o simplemente gozan con noticias falsas o destruyéndole la reputación a alguien. Lo sentimos con las expresiones de rechazo y protesta que a través de memes se dan en las redes sociales, sobretodo en contra de los actuales gobernantes.

El pasado año, quizás producto de ese rencor que se nos ha ido acumulando, fue noticia por más de dos meses un caso insólito: una viceministra que utilizaba a su guardaespaldas para que le paseara a su perrito: Gucci. No recuerdo el nombre de la funcionaria, pero si el del pequeño can, convertido en una celebridad nacional.

Nos olvidamos de otras cosas que los funcionarios hacen a diario, mucho peores que la de ordenar a un servidor público pasear un perro, como lo pueden ser el salir de una fiesta en La Chorrera un domingo donde en vehículos oficiales conducen servidores públicos a altas horas de la noche y por la velocidad mueren dos personas; o nombrar a todos los miembros de una familia en la planilla estatal; o favorecer con un contrato a una firma amiga, tan común en este gobierno.

Ese encono se nos multiplica cuando vemos a un Presidente en Telemetro el 20 de marzo contestando preguntas de un valiente periodista, Atenógenes Rodríguez, y diciendo que el país está económicamente bien porque los bancos ganaron más plata en 2016; como si todos trabajasen en bancos, y diciendo que él respeta la libertad de expresión, a pesar de haber prohibido a sus ministros por más de un año no acudir al programa en ese mismo canal de Álvaro Alvarado. Colmó a todos al hacer ver que las escuelas comenzaron el año bien, cuando a diario las noticias reflejan lo contrario.

Me hirvió la sangre cuando dijo hacerse responsable de todos los contratos otorgados durante su administración, instando a quien le pidan una coima que la denuncie.

¿Adónde pondrá la denuncia? ¿En un Ministerio Público que precisamente no se caracteriza por su rapidez y eficiencia? Habiendo interpuesto varias como la de febrero 2016 contra José Domingo Arias para que explicara las donaciones recibidas por Odebrecht en la campaña de 2014, o aquella contra Torrijos y su Ministro de Obras Públicas para que explicaran su participación en Odebrecht, de los cuales nadie ha sido llamado a declarar, duerme también el sueño de los justos la que puse en contra de funcionarios de la Autoridad Marítima, la cual en primera instancia puse al tanto al mismo Presidente. ¿O no se habrá dado cuenta el gobernante de que el afectado por coima pedida no siente confianza para denunciar nada porque ha perdido la fe en los que la reciben, si es que los encuentra?

Semanas atrás llamé al diputado José Luis Varela porque uno de sus recomendados en la Asamblea ‘prestaba' servicios en Pandeportes sin estar nombrado allí. Sin tener derecho a carro ni a privilegio alguno chocó el vehículo oficial sin placa asignado; propio sólo de directores de la entidad. Lo puse en conocimiento del caso.

Respuesta: es normal que la Asamblea preste funcionarios a otra entidad, lo que a mi entender es totalmente ilegal, tal como le expresé. Lo peor, además de justificar el abuso, llamó al director de Pandeportes para reclamarle quién me había dado la información.

Estamos ariscos. Y por eso sentimos que nos discriminan los propios gobernantes con sus abusivas actuaciones.

Nos hemos vuelto xenófobos y buscamos culpables de nuestras frustraciones; ahora son los venezolanos, antes los colombianos y tiempo atrás los chinos; los cubanos lo fueron en los años 60. Sin embargo, a todo esto se amalgama lo mal que como sociedad nos estamos sintiendo por la agobiante corrupción y que nuestro Presidente no ve o simplemente ignora.

ABOGADO Y POLÍTICO.