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03 de Mar de 2021

Marlon Morales

Columnistas

Periodismo en Internet: credibilidad y autorregulación

Donald Trump, jamás regaló en un lujoso restaurante al ser atendido.

Con la llegada de las redes sociales y su inmediatez para brindar información al público, el tema de la ética merece ser evaluado para considerar si realmente los periodistas o comunicadores sociales, estamos prestando la atención necesaria en cumplir con los más altos estándares de la ética en el periodismo digital.

Y es que con la inmediatez que ofrecen en la actualidad las redes sociales, también llega una considerable cantidad de información imprecisa que, para muchos autores como Cabrera Moretzsohn, traen nuevas dificultades al periodismo y a su adecuado desarrollo integral como profesión destinada a brindar confianza entre la población.

La rapidez que ofrece el periodismo actual está cargado de muchas mentiras, temas poco relevantes, morbo y descrédito; esto trae una desconfianza entre el público que recibe la información, lo que deja en entredicho la ética y la credibilidad de quien realiza la publicación; en ese momento van surgiendo nuevas interrogantes como la de conocer de quién es la responsabilidad de que ocurran estas irregularidades.

Estas dudas y falta de confianza del público hacia los medios digitalizados es tema de investigaciones, tal es el caso de la Asociación de la Prensa de Madrid, donde se destaca que hay una falta de independencia por motivos políticos y editoriales, una baja remuneración, y la competencia desleal laboral, en los últimos cinco años, según el mismo estudio, un 65 % de encuestados en España considera que el prestigio y la credibilidad del periodismo han disminuido.

La forma poco tradicional de dar una noticia ha contribuido a que este fenómeno de baja confianza sea percibido por la audiencia, divulgar noticias como un show , sensacionalismo y carencia de un respeto al público demuestran que hay mucho más por hacer para fortalecer la ética en el periodismo digital, que cada vez requiere un estándar más elevado.

Son innumerables los ejemplos que dejan ver un alto descuido en informar hechos reales a través de redes sociales, tal es el caso de una ostentosa propina de 10 mil dólares que el magnate y ahora presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, jamás regaló en un lujoso restaurante al ser atendido. La información errada fue rápidamente comprobada sumando una mala imagen al tipo de contenidos que ofrecen las redes sociales en Internet.

Los avances tecnológicos y la inmediatez que ofrecen las redes también traen desventajas para los profesionales del periodismo que se capacitaron y recibieron formación profesional en las aulas universitarias; el periodista ya no dispone de la información exclusiva del acceso a las fuentes, y deja de ser un receptor de la información que buscaba regular parte de la información transmitida; ahora solo logra monitorear la información sin poder evitar la contaminación que trae esa misma información ofrecida por los nuevos protagonistas de la comunicación que surgen a través del Internet.

Queda claro que hay responsabilidades por cumplir y un periodista, por lo menos, está en capacidad de autorregular la información que transmite al público al que se dirige; esta regulación o administración de contenidos hace la diferenciación entre el periodista y los nuevos integrante de la información masiva que brindan información en Internet.

Para el sociólogo español Hugo Aznar esta regulación no debe guardar relación con ningún tipo de injerencia entre el medio y lo que investiga el periodista. El objetivo es mantener cordura en la opinión pública; la desinformación y exageración de los hechos divulgados han dado muestras de una actitud descontrolada por parte de las masas. La información errada puede llevar a un público determinado a las calles a causar daños y desasosiego.

Medios de España apoyan este tipo de autorregulación que busca ir guiada por principios éticos. El autor Carlos Ruiz destaca que hay que ir más allá de una autorregulación; mientras que Guillermo Escobar destaca que el papel regulador del derecho es un mecanismo más efectivo, también destaca que los actuales esfuerzos no han sido suficientes. Y no han sido suficientes porque la responsabilidad final recae solo en los periodistas, sus condiciones laborales son más precarias, y se ven obligados a trabajar en ambientes marcados por exigencias del mercado. Para lograr una regulación integral esa autorregulación debe ser compartida entre periodistas, las empresas y la propia audiencia, solo así sería efectiva.

Núñez Encabo manifiesta un argumento válido de citar con relación a las posibles verdaderas intenciones de autorregularse; él destaca que se puede estar abordando el tema de la ética como algo meramente estético y reduciéndolo a un mero discurso retórico que solo busca causar una buena imagen. La búsqueda de una buena imagen va de la mano con un coqueteo con las empresas publicitarias y todo el tema económico o por condiciones políticas. En síntesis los periodistas pueden estar atrapados en medio de estas condiciones de poder. Los retos son múltiples, sin embargo las opiniones de los autores citados demuestran la necesidad de evaluar y administrar con responsabilidad las informaciones vertidas a través de redes sociales, las audiencias están atentas a todo lo que es publicado y merecen el máximo respeto apegado a la verdad y la confianza que ofrece un comunicador social. Cumplirlo es una gran responsabilidad que debe prevalecer.

COMUNICADOR