• 12/01/2026 00:00

La crisis de legitimidad y la salida constituyente (IV)

En el último artículo de esta serie planteaba que, contrariamente a lo que pretenden algunos, no estamos solamente ante una crisis de legitimidad del gobierno. Estamos, y así hay que verlo, analizarlo y, sobre todo, entenderlo, ante una crisis de legitimidad que va muchísimo más allá de lo que se cree o ve”.

Subrayo que ello es el resultado de haberle retirado los ciudadanos su consenso al régimen constitucional y al régimen político impuesto por la también impuesta constitución, que aun nos rige.

Y, valga la pena recalcar, que estamos todos en la burbuja en la que “el núcleo del poder del Estado, que ejerce el gobierno, descansa en una específica combinación de consenso y coerción. El consenso alude a la voluntaria aceptación ciudadana del régimen político, a través del cual se ejerce el gobierno. Cuando se pierde el consenso, o éste declina significativamente, el régimen político se sostiene apoyándose en el reverencial temor ciudadano a la utilización en su contra de la coerción, es decir a la violencia ejercida por el Estado”.

De ahí que debemos los ciudadanos llevar a cabo, una real, efectiva y decidida reingeniería, reestructuración y reinstitucionalización del Estado. Ello conlleva hacer lo que no estamos haciendo con voluntad o decisión: combatir la corrupción, que no ha cesado de aumentar, e imponer un verdadero alto a la impunidad.

Debemos realizar la tarea de alcanzar la salida más democrática, participativa y progresista: la de una Asamblea Constituyente. Sin una nueva Constitución no habrá ni apertura democrática, ni tampoco democracia.

La acción política, con una real y efectiva participación ciudadana, en todos los aspectos, es la que va a determinar y evitar que la prolongada crisis de legitimidad no se agrave aun más de lo que ya vivimos. Las múltiples reivindicaciones de los distintos sectores de la sociedad requieren de políticas que estén, real y verdaderamente orientadas a dar satisfacción, así sea parcial y limitadamente para recuperar la confianza ciudadana, necesaria a la ejecución del proyecto nacional que está llamada a ser la nueva Constitución.

Las más recientes acciones adelantadas por los nostálgicos de la dictadura, con el auxilio de elementos de los Órganos el Estado, los suspiros reeleccionistas de diversos funcionarios anquilosados, los prematuros suspirantes al cargo presidencial y a otras posiciones, apuntan más bien a una profundización de la crisis de legitimidad que arrastramos por más de tres décadas y que desfigura y resquebraja también a nuestra nación.

Hoy recobra vigencia lo que hace casi tres décadas expresara el maestro constitucionalista, doctor César Quintero Correa, al presentar la edición de la Constitución Política de la República de Panamá, realizada por este servidor: “Todas las reformas son plausibles, pero resultan insuficientes. Pues, lo cierto es que la Carta Magna de Panamá requiere de transformaciones profundas; o, en otros términos, el país necesita una nueva Constitución.”

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