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02 de Mar de 2021

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Jorge Luis Macías Fonseca

Columnistas

No es solo la Wilcox

Las políticas económicas desarrolladas en nombre del progreso han arrasado con el pretérito histórico.

Si algo ha sido práctica común es el desprecio por la historia de los pueblos de parte de los Gobiernos que poco les ha interesado conservar el pasado, porque infortunadamente les muestra un presente que los pone al descubierto.

Las políticas económicas desarrolladas en nombre del progreso han arrasado con el pretérito histórico. Los ejemplos son múltiples.

La desaparición de las viviendas de Coco Solo y toda una gran infraestructura que incluía unas extraordinarias edificaciones, fueron criminalmente demolidas para dar paso a la actividad portuaria.

Nos dice Max Salabarría Patiño que: ‘El Hotel Washington estuvo a punto de ser demolido durante la administración del presidente Robles (1966-1968). Se acariciaba la idea de construir en su lugar un hotel al estilo del Hotel La Siesta de Panamá. Era alcalde de Colón Mario Julio, y fue él quien más se opuso al proyecto, con alto grado de sensatez. El presidente atendió su recomendación de restaurar el hotel en vez de destruirlo. La restauración se hizo una vez que el IPAT dio el hotel en concesión a la empresa Hyatt'.

El edificio que albergaba la iglesia ortodoxa griega, igual que otros, ha terminado en manos de depredadores convertidos en dormitorios de orates y de mendigos.

En la actualidad se acarició la idea de mover con malsana intención el Mausoleo de los Mártires y las restauraciones de edificios antiguos, como el de la Gobernación, cubierto con una gran manta y una cerca de ciclón, poco o nada se sabe de los trabajos que se le hacen.

En el ayer y de manera insensata, fue demolido el edificio que estuvo ubicado en calle 7 y Central en donde se albergó el Cuerpo de Bomberos y después al Departamento Nacional de Investigaciones (DENI), convirtiéndolo en área de estacionamiento de un supermercado. Y de la misma manera las estructuras que sirvieron para la actividad cinematográfica, han quedado convertidas en almacenes.

En el fondo la idea es poner el suelo de la ciudad de Colón en manos de los sectores económicos para el usufructo del mismo, sin importar el daño que le ocasionan a una historia que, si bien no es la parte material que les importa, sí es la espiritual, que sí le interesa al pueblo que encuentra en su pasado la razón de existencia.

Demoler la Casa Wilcox, es demoler parte de Colón. Hay cosas que, por lo que representan y han representado, tienen el derecho de mantenerse a costa de todo. Esta casa es otro de los símbolos colonenses. Hablar de ella, es hablar de Colón.

La Casa Wilcox, construida en 1913, ha resistido el paso del tiempo e igualmente el peso de las mentiras de los políticos demagogos que la han usado para sus propósitos, con el convencimiento de que a través de ella se conectaban con un pueblo que ha sido engañado todas las veces.

Hoy, de manera irresponsable y hasta criminal, se piensa en su posible demolición. Tal vez eso quedará en la intención, porque de seguro la resistencia de la población no permitirá, como fue el caso del Colegio Abel Bravo, que se atente en contra de su historia.

DOCENTE UNIVERSITARIO.