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25 de Feb de 2021

Ernesto Quijada Díaz

Columnistas

Martiz: gran responsabilidad, demasiados problemas

‘Si se trabaja en conjunto, las metas, ..., se pueden alcanzar. Ojalá, esa sea la meta de todos los panameños'

La crisis que enfrenta la Caja de Seguro Social (CSS), como entidad responsable de la seguridad social y la salud en la mayoría de los panameños, es grave. Tan grave que ya se sienten voces agoreras que hablan de un colapso financiero que ponga en peligro la estabilidad de los pagos a jubilados, pensionados y dependientes antes del 2024.

Desde hace años, sabemos de las falencias del programa de IVM, los Gobiernos que han antecedido a este, no se preocuparon por tratar de equilibrar cifras. En su mayoría escurrieron el bulto y siempre pensaron que el que ‘venga atrás que asuma el costo político'. Hoy, nuestra primera entidad de seguridad social está a las puertas de una hecatombe económica. Pero no solo eso, sino al borde de no poder suplir de atención básica especializada, en falta de medicinas del cuadro básico de medicamentos, en la cobertura de exámenes de laboratorios ni con equipos de última tecnología, que los hay, pero que no funcionan o no hay especialistas que los operen, en la falta de ampliación de la estructura física de la entidad, en la falta de ambulancias y sobre todo, en lograr que los organismos sindicales dentro de la CSS entiendan que se deben al asegurado, que es la razón de existir de todos ellos.

Cierto es que en el camino, la CSS no encontró a los mejores timoneles para llevarla a buen puerto. El caso del profesor Girón, es de triste recordación. Perdió la oportunidad de hacer algo positivo, por seguirle el consejo a un grupo de ‘asesores' que lo llevó por el despeñadero y hoy, es solo parte del oscuro pasado de la entidad. Ahora, el presidente Varela le entrega el bastón de mando a un hombre con méritos intelectuales y profesionales, que en papel pinta como excelente, para tratar de recoger las aguas derramadas.

Se han creado muchas expectativas en torno a la misión del doctor Alfredo Martiz, quien deja un cargo de alto nivel y jerarquía para treparse al brioso corcel de la CSS, sabiendo que tiene menos de 24 meses para tratar de aplicar los correctivos que todos esperamos.

No podemos olvidar que el designado no es brujo, no es alquimista, no es esotérico, no es babalao, no es un charlatán más de esos que dicen tener facultades para resolverlo todo después que pasen por taquilla. La responsabilidad que asumirá en breves días, es grande. Y los problemas demasiados.

Es poco lo que podrá hacer Martiz, si no recibe de los gremios sindicales que hay en la entidad un apoyo verdadero, que no se base en dinero, horas extras, aumentos, ascensos de categorías y otras exigencias que jamás satisfacen sus aspiraciones. Tampoco, si no mete en cintura a las empresas distribuidoras de medicinas, que son las culpables de los desabastecimientos que existen en los depósitos de la entidad. Sus demandas legales, cada vez que pierden una licitación, han generado más muertes entre los asegurados y sus beneficiarios que todos los grandes desastres que han ocurrido en Panamá.

En el área de los contratistas, el doctor Martíz debe comprometerse a que se apliquen reglas del juego claras y que no sea el ‘amiguismos' de unos cuantos los que permitan que se otorguen contratos a allegados al poder. Que todo se haga en estricto apego al derecho y a la transparencia.

En el sector de los asegurados, deben existir muchos compromisos. Hay que reconocer que todos no podemos seguir aportando el mismo porcentaje de cuotas. Que a mayor cantidad de beneficiarios, el trabajador debe hacer mayor aporte a la entidad. Hay que valorar la posibilidad de un aumento en la edad de jubilación, tomando en cuenta que la expectativa de vida se ha incrementado. Por igual, pensar en un aumento en las aportaciones, tanto de la patronal como de la cuota obrera. Todo esto se puede hacer en una mesa de diálogo que permita debatir el crudo panorama que hoy enfrenta el Programa de Invalidez, Vejez y Muerte.

También como asegurados, tenemos que comprometernos a hacer uso correcto de la entidad. No podemos estar asistiendo todos los días al Seguro por una flatulencia o por un dolor en las pestañas. No podemos estar pidiendo exámenes de laboratorio para satisfacer nuestra curiosidad ni medicinas para mandarle a la abuelita que vive en el interior. Hay que acabar con la mafia que extrae medicinas de la entidad, para comercializarlas en las farmacias privadas.

El sector médico es otro de los que deben involucrarse de manera efectiva con la nueva administración. Ellos deben comprometerse a bajar la mora que hay el otorgamiento de citas para las operaciones y para la entrega de resultados y a cumplir con las ocho horas de trabajo, por las que se les paga un salario. Que defiendan sus intereses de gremio, pero que no sigan utilizando a los asegurados como escudos humanos para satisfacer sus apetencias, poniendo en riesgo la estabilidad financiera de una entidad llamada a dar respuestas y no excusas.

No podemos dejar de mencionar que las metas trazadas se pueden alcanzar, si el Estado toma la decisión más oportuna y necesaria, que es la remoción de toda la Junta Directiva actual, que no ha estado a nivel de sus responsabilidades. Al parecer, solo se ha convertido en la posibilidad para solicitar nombramientos y viaticar. En toda la crisis con la administración del profesor Girón, ellos, se ‘sumergieron', culpando solo al que era en esencia, su subordinado.

No debemos olvidar los sectores sindicales que se mueven dentro de la administración institucional. Todos pueden colaborar en el alcance de los objetivos trazados, al deponer muchas de sus pretensiones político-gremialistas y hacer planteamientos más cónsonos con la realidad actual. En fin, todos los que no queremos ver el colapso de la CSS, tenemos que, en una u otra medida, deponer aspiraciones y sumarnos en positivo a la gestión que iniciará en breve el nuevo director.

En resumidas cuentas, somos todos los que debemos acompañar en su gestión a un Alfredo Martiz que no es mago, esotérico, brujo, chamán, babalao ni alquimista. Es un profesional, que va a poner sus conocimientos al servicio de nuestra más importante empresa de seguridad social, pero no podrá alcanzar los objetivos, si cada uno jala para su lado. Si se trabaja en conjunto, las metas, por muy difíciles que sean, se pueden alcanzar. Ojalá, esa sea la meta de todos los panameños.

PERIODISTA