Temas Especiales

01 de Dec de 2020

Eduardo A. Reyes Vargas

Columnistas

Aprendamos algo más

No sé cuántos colegas comparten esta opinión, pero percibo que es una gran mayoría.

La Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) es un servicio de alta complejidad, cuyo objetivo es brindar un cuidado integral a aquellas personas en condiciones críticas de salud, internadas allí, bien sea por un trauma, en el postoperatorio o en la agudización de la insuficiencia renal o de la enfermedad pulmonar u otras enfermedades.

En forma breve defino un área hospitalaria donde se mantiene una lucha, por segundos, horas, días, meses, contra la muerte. Donde un equipo de médicos, enfermeras, auxiliares y otro personal de apoyo médico —administrativo con vocación y sacrificio—, incluyendo riesgos de contagio y fallecimiento, realizan estas nobles labores. Aún con escasas herramientas de trabajo.

Sin dejar de reconocer la labor de salas hospitalarias no intensivas ni del trabajo en áreas de atención de complejidades primaria o secundarias los cuidados intensivos logran salvar miles de personas al borde de la muerte. No siempre la batalla se gana, pues llega un momento en que, a pesar de grandes esfuerzos, la fisiología humana cede a la muerte.

Hay mucha incomprensión por las labores realizadas en cuidados intensivos. Solo surgen y se publicitan las derrotas y no los triunfos. Estos últimos, mayores que las primeras. Mi reconocimiento sincero, como colega, a esos equipos que practican actos de verdadera heroicidad.

Frente a un proyecto de ley que sancionara a la negligencia, impericia, imprudencia o deshumanización del personal dedicado a la salud y la enfermedad, solicitamos un equilibrio en su contenido. No defiendo jamás al funcionario del sector salud que practica la medicina deshumanizada y cae en estas debilidades. Hacen daño a las profesiones y más importante... al paciente.

Desarróllese el documento en un contexto de objetividad y equidad. Con el respeto de la redacción de este gran medio, de muchos de mis amigos intensivistas y sus grandes colaboradores, hoy dedico esta reflexión a un colega y amigo, Dr. Eric Pinilla, retirado prematuramente de este ejercicio y a quien llamaría el Maestro de la medicina intensiva panameña. No sé cuántos colegas comparten esta opinión, pero percibo que es una gran mayoría.

Mis respetos.

MÉDICO INTERNISTA.