Temas Especiales

30 de Nov de 2020

Carlos Ayala Montero

Columnistas

El futuro del trabajo

El debate está planteado.

A propósito del centenario de la creación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), se ha lanzado la idea de pensar acerca del futuro del trabajo, considerando al menos la siguiente década, más que como ejercicio intelectual, como un mecanismo de prepararnos para los cambios que se aproximan o mejor dicho, que ya se asoman. La OIT ha desarrollado desde el año pasado diversas iniciativas de foros sobre la temática y en Panamá, la Fundación del Trabajo y ahora el Instituto de Estudios del Trabajo de Udelas, han abordado el tema, de manera incipiente. Según la Unión Internacional de Empleadores, la revolución tecnológica será responsables de la pérdida de unos 32 millones de empleos y de la creación de otros 25 millones, lo que nos pone a pensar qué hacer con los 7 millones de personas que perderán sus empleos.

En países como Panamá, con un desarrollo económico basado en el comercio y los servicios, con escaso desarrollo industrial y agrario, la digitalización del comercio y el uso de las tecnologías de información y comunicación (TIC), se reducirá el número de empleos y por otra parte las empresas digitalizadas, es decir, existentes solo en plataformas virtuales, afectarán sin duda los empleos, además de la aplicación al transporte y a las diferentes facetas de la vida diaria, de esas nuevas tecnologías (carros autónomos; robotización de la producción, etc.).

Asomarnos a este panorama obliga a preguntarse ¿qué harán las empresas y qué harán los trabajadores organizados al respecto? El debate está planteado toda vez que Panamá no produce tecnología sino que la importa y por lo tanto la misma entra sin ninguna limitación al país. La primera reacción de quienes piensan en las ganancias sería, sin duda, el aumento de las mismas al reducir el ‘costo' de la mano de obra a cero y la primera reacción de los trabajadores sería de confusión y rechazo de la tecnología, como ocurrió siempre con las diferentes etapas de la revolución de la producción.

Una reflexión calmada y la revisión de la historia sin embargo, nos indica que el trabajo humano asalariado será necesario para mantener el sistema, pues si hay abundancia (superávit) de oferta de bienes y servicios, el precio de los mismos no solo caería al piso, sino que con el tiempo habría que dejar de producir por falta de consumidores y colapsaría el sistema.

En los países industrializados, hoy se habla de impuestos al uso de la tecnología para hacer frente a los empleos que eliminará y subsidiar así a los trabajadores afectados, o crear lo que se ha dado en llamar ‘renta básica universal' que es un pago en efectivo a los que trabajan y aún a los que no trabajen, para darles ingresos suficientes para que sean consumidores de los bienes y servicios que se producen con la tecnología que los desplazó de sus puestos de trabajo.

En los países de desarrollo medio y en vías de desarrollo, se hace necesario, al menos, iniciar el debate sobre el tema del futuro del trabajo, en la búsqueda de satisfacer todas las necesidades en estos nuevos escenarios. Se trata en resumen de buscar medidas que reconozcan que los cambios tecnológicos no pueden afectar el sistema económico capitalista o, por el contrario, lo llevará a su autodestrucción. El debate está planteado.

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