Temas Especiales

09 de Jul de 2020

Víctor Paz

Columnistas

Panamá colapsando

Dadas las condiciones de impunidad y corrupción que existen en nuestro país, a todos los maleantes del mundo les gustaría vivir aquí.

El panameño vive aterrorizado. Cada vez que hay una de estas masacres, que ahora se dan a cualquier hora del día y cualquier día de la semana, el chat del celular empieza a sonar desesperadamente: mensajes de voz, fotos de acribillados o maleantes, videos, audios, etc. Algunos comunicadores sociales critican el morbo y lo demás, lo cual es moralmente válido, pero lo cierto es que el panameño está aterrorizado. Las redes sociales se nos han convertido en la versión globalizada de ‘vecinos vigilantes'. Porque nuestras autoridades se han vuelto tan lentas e ineficientes que las personas ya no confía en ellas ni en sus lemas vacíos como: ‘Proteger y servir', ‘El pueblo primero'. Por el otro lado la impunidad y el descarado amiguismo, salpicando de lodo toda la palestra pública... Luego, y como si fuera poco, los comentarios cínicos de autoridades insuficientes, por no decir esquizofrénicos sociales, justificando la corrupción disfrazada de ‘legalidad' que pervierte a la justicia panameña.

Nos estamos acostumbrando a ver videos e imágenes delincuenciales, en conciliábulo macabro con la insuficiencia policial y la ruina judicial. Como si las leyes solo funcionaran a favor del maleante o del corrupto. Ahora circulan mensajes de qué hacer ante un asalto, de cómo ocultarnos de los maleantes. ¿Pero qué hace la policía? ¿Qué hace migración? ¿Qué hacen los jueces de este país? ¿Los legisladores? El presidente defendiendo ‘sus favores', los ministros burlándose cínicamente del pueblo, los honorables padres de la patria... viendo cómo tuercen el Código Electoral, y el pueblo callado y escondido. ¿Entonces quién manda en Panamá, los extranjeros? Dadas las condiciones de impunidad y corrupción que existen en nuestro país, a todos los maleantes del mundo les gustaría vivir aquí.

¿Dónde están las pailas, dónde quedaron los pañuelos y los pitos? ¿Qué se hicieron los gremios, los sindicatos, las iglesias? ¿Dónde están los profesionales, la gente decente? Si usted recuerda las películas del viejo oeste, verá siempre pueblos calurosos y pobres, repletos de antros, en los que las autoridades son corruptas o están sometidas por los bandoleros. Panamá se nos ha convertido en un nuevo oeste; y el gran resto de las personas, lejos de reaccionar, buscan la forma de protegerse escondiéndose. Todo comenzó en ‘dejarnos hacer', por un Gobierno que les abrió las puertas; y otro que aún los mantiene dentro. Vivimos con miedo, tememos que los delincuentes nos lastimen, y también tememos que las autoridades nos lastimen. ¿Qué clase de vida están llevando los panameños? Ya ni siquiera podemos expresarnos libremente en nuestro país sin temor a que los extranjeros levanten manifestaciones violentas o nos insulten a través de las redes sociales, etc.

La delincuencia local se ha potenciado gracias a los extranjeros que vienen a delinquir con la anuencia de los corruptos locales. ¿Qué están haciendo nuestras autoridades? Cualquier cosa, menos su trabajo, eficientemente. El país se nos ha salido de las manos; ya no hay salida fácil. Ahora tendremos que incomodarnos bastante, no solo para aprender a protegernos nosotros mismos y entre nosotros mismos, sino también para exigirles a las autoridades que cumplan con su deber. ¿Cómo? Sin aceptarles excusas mediocres; que filtren bien a la gente que entra y sale de este país. Hay que obligarles a que, en lugar de ensañarse con los buenos, detengan a los malos. Exigirles masivamente que retomen la vocación de servir, y desechen el espectáculo mediático.

INGENIERO EN SISTEMAS.