La Estrella de Panamá
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16 de Oct de 2019

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Mayella Lloyd

Columnistas

A trascender los bajos instintos

Comparto esta humilde opinión, con el ánimo de reflexionar, para como seres humanos y sociedad mejorar.

Las redes sociales, con todas sus bondades por la capacidad democratizadora de emisión y recepción de ideas, opiniones e información, aún, a pesar de sus deficiencias toxicas, han servido también como evidencia palpable de la estela de ‘insanidad' o toxicidad social en nuestro amado Panamá. Producto del fanatismo, la ignorancia y toda suerte de emociones más bien ligados a los bajos instintos humanos. ‘Esa pulsión o energía psíquica insondable que gobierna u orienta el comportamiento de una persona', orientado en este caso a la vileza.

Las críticas como ejemplo reciente que se le hicieron a la primera dama, orientadas al ‘Cómo lució', y no en lo esencial que era ‘lo productivo o no' de su visita a la Casa Blanca, son un claro ejemplo de ello, rayaban más bien en una envidia descarnada, que en comentarios objetivos desapegados a ruines pasiones. Y como este, sobran ejemplos.

Una cosa es una crítica dirigida a un funcionario o figura pública por una gestión mediocre en sus responsabilidades y funciones o una condena categórica a un acto de corrupción, un delito o a un sistema que a todas luces cae a pedazos carcomido por la corrupción, y otra es cebarse desde las entrañas de nuestros bajos instintos, con el objeto de lastimar, afectar y si podemos ‘hacer trizas' la integridad de la persona objeto de nuestro encono.

Ya algún tiempo atrás, escribí un artículo sobre el término alemán ‘schandenfreud' en inglés conocido como ‘epicaricacy', que se definen como la ‘alegría maligna' o ‘satisfacción malévola' por la desgracia, infortunio o desventura ajena. Y lamentablemente mucho de ese sentimiento queda en evidencia en los comentarios expresados en redes sociales y medios digitales. Lo preocupante es que va ‘in crescendo'…

Definitivamente, es inevitable que haya gente enferma que disfrute el dolor ajeno o le incomode la fortuna de otro. Lo que sí podemos evitar nosotros es hacernos juicios y emitir comentarios apalancados, precisamente, en esas emociones, etiquetas y expresiones insanas, que, cual carroña, sirven de banquete a las hienas humanas y sus acólitos.

Debemos más bien, como sociedad en evolución y no en involución, procurar construir nuestro criterio en el pensamiento razonado, sensato, sereno inteligente, que sabe erigirse a los miedos, egoísmos, envidias, condicionamientos, prejuicios, propios o extraños. Y solo entonces hacerlo verbo.

Nunca podremos ser verdaderamente justos en nuestros juicios (si es que sensatamente aspiramos a ello) basados en un criterio contaminado de maldad propia o extraña, consciente o inconsciente. Comparto esta humilde opinión, con el ánimo de reflexionar, para como seres humanos y sociedad mejorar.

PERIODISTA