Temas Especiales

10 de Apr de 2020

Antolino Herrera Castillo

Columnistas

El barco, ¿tiene el rumbo correcto?

Mientras esto ocurre, hay obras y proyectos por culminar, programas, iniciativas e ideas como el contrapeso en la búsqueda de una vida mejor

Cómo enunciar en cuatro columnas los eventos que más determinan nuestras vidas y del prójimo más inmediato. A nivel global entiende Ud. cómo los principales mandatarios del mundo parecen llamar a gritos a un enfrentamiento global, de consecuencias devastadoras. Entiende como el presidente de EE.UU. niega las iniciativas para frenar o controlar los efectos del cambio climático. Si los EE. UU son los mayores contaminantes del mundo. Es muy sencillo; están cuidando sus imperios financieros a costa de la vida del resto del mundo. Un norteamericano tipo Donald Trump tiene como mayor aliado o secreto a su dinero. Estos individuos escandalosos, al igual que el poderoso industrial, iguales son de contaminantes que, sumados al poder político, tienen al mundo como una olla hirviendo. Es inútil el vocerío de los serviles de las elites dominantes, para justificarlos y defenderlos, porque ya los conocemos. ¿Qué le queda a Ud. por hacer ante un panorama como este? Debe proteger su entorno más inmediato: su cónyuge, sus hijos, nietos, bisnietos y su parentela más cercana. Los animales y fieras entre otras especies hacen lo mismo, y no fueron provistos de la inteligencia de un humano.

Digo esto porque mientras los panameños honestos y responsables creen y claman por la justicia, hay un desfile de denuncias en torno al robo y secuestro de nuestros impuestos, por parte de administraciones anteriores, que tal parece los invitaron a la fiesta de la coima, el peculado, apropiación de bienes y otros delitos tipificados por la Ley. Mientras esto sucede, somos atacados por diferentes virus, gérmenes, plagas o pestes, semejantes a las del Egipto antiguo y creemos que ahora son mucho más. Mientras tanto tenemos a un presidente de la República que enarbola un discurso un poco sesgado de los avances y obras del actual Gobierno versus las reclamaciones constantes de los hijos del pueblo: el problema del agua, las calles llenas de huecos, problemas con la atención médica oficial, falta de medicamentos, exceso de accidentes en las carreteras, exceso del consumo de alcohol. Vimos cómo el presidente corrió a socorrer al sector industrial, sobre la hipótesis de la protección de los empleos y el crecimiento y eficiencia del sector. Pero ¿quién protege al ciudadano de las prácticas del industrial? Explico: exceso en la proporción de elementos como el sodio, colorantes, grasa animal, azúcares, entre otros que dañan sistemáticamente la salud de los panameños. Consultar, por ejemplo, el último censo de salud en San Miguelito y verá un reflejo de tal situación, dado que el industrial, como buen empresario, cuida su tasa de ganancia, pero no la salud del panameño. En otros países se está obligando al industrial, a través de la acción coercitiva de los impuestos, a disminuir el porcentaje de azúcar en sodas como la Pepsi y Coca Cola, una de las principales responsables del azúcar en la sangre —diabetes— y toda la secuencia y daño extensivo en los otros órganos del cuerpo. ¿Alguien oyo?

Señor presidente, ¿por qué, en vez de distraer fondos para individuos que han tenido oportunidad de ganar dinero en los afanes de la política, no autoriza la creación de un fondo para suplir a los hijos de los panameños con diferentes limitaciones, que ahora mismo las atiende un canal de TV; sin embargo, es una función del Estado por vía, pienso, de la Caja de Seguro Social?

El panameño común vive atado a las necesidades básicas: alimentación, salud, viviendas, vestidos, por ejemplo, y lo engañan una y otra vez. Pero no se da cuenta. No sabe quiénes son sus sepultureros, quiénes les matan las esperanzas o no comprenden cómo funciona la dinámica interna del poder económico-financiero, sus sirvientes en la política y en los medios de comunicación, aunque no todos. Sería horrible pensar que a los actuales dirigentes no les importan las reclamaciones ya planteadas, sobre la base de que parecen ser una minoría. Me atrevo a decir que el avance de un pueblo se debe medir tomando en cuenta qué tan buena y sencilla sea la gente, además de sana, tolerante, solidaria, sabia, prudente y responsable y no todo lo contrario.

Mientras esto ocurre, hay obras y proyectos por culminar, programas, iniciativas e ideas como el contrapeso en la búsqueda de una vida mejor.

ECONOMISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.