Temas Especiales

08 de Apr de 2020

Juan Luis Correa E.

Columnistas

Venezuela: Día D

La confrontación por la que atraviesa el pueblo venezolano tiene su Día D el próximo domingo 30 de julio.

La confrontación por la que atraviesa el pueblo venezolano tiene su Día D el próximo domingo 30 de julio. No cabe la menor duda de que lo que suceda ese día tendrá sus consecuencias, cuyo resultado bien podría definir el futuro de ese sufrido país. Y como pinta la cosa, a Nicolás Maduro solo le quedan dos opciones: suspender o seguir adelante con su proyecto.

Hay quienes piensan que, si opta por suspender el llamado a la Constituyente, se produciría un sabor a derrota que podría limitar sus posibilidades de mantenerse en el poder. Y ese escenario, solo podría darse bajo la premisa de una fuerte presión por parte del ejército y de las distintas fuerzas militares. Si decide seguir adelante con la osadía de propiciar un nuevo cambio a la Constitución, habría que esperar el resultado para ver el grado de participación de las fuerzas políticas que todavía lo apoyan. En ambos casos, todo parece indicar que no sería el pueblo quien decida, ya que, si no logra una participación amplia y numerosa, el ejercicio lo dejaría mal parado políticamente y su suerte quedaría nuevamente en manos de los estamentos de seguridad.

Para efectos del análisis, repasemos las cifras. En el 2015 hubo 19.5 millones de venezolanos habilitados para votar. En la consulta nacional o plebiscito convocado recientemente por la Asamblea Nacional, votaron 7.6 millones, incluyendo un número significativo de votantes que lo hicieron en el exterior. Eso representa un 39 % del total de electores. El reto para Maduro es que, al menos, puedan superar esa cifra o de lo contrario, se podría argumentar que no recibió un mandato claro por parte de las mayorías para lograr su propósito.

Y hay serias dudas de que logre su objetivo. El levantamiento popular que hoy se vive en Venezuela es realmente contra el sistema. Maduro es la cara visible de un régimen totalmente desprestigiado y que ha demostrado una total incapacidad para atender las necesidades más básicas de sus ciudadanos.

Como quiera que las cifras no mienten, he aquí la radiografía de este otrora gran país: un crecimiento negativo de -10.2 %, con una tasa de inflación de 1600 %, la más alta del mundo; una economía totalmente dependiente del petróleo que representa el 96 % del total de las exportaciones; con un déficit acumulado de más del 20 % del PIB; su moneda, el bolívar, no vale nada y sufre devaluaciones diarias; tienen una tasa de desempleo que ya supera el 21.4 %, con una fuerte caída en la inversión privada, producto de la incertidumbre generada por una política económica basada en el control de precios, restricciones de acceso a divisas y que ha obligado a los sectores productivos a depender cada vez más de las importaciones. La gran mayoría de las empresas, nacionalizadas o expropiadas, no funciona ni produce. Como consecuencia de esta trágica situación y de los bajos precios del petróleo, en Venezuela lo que abunda es la escasez. No hay medicinas ni alimentos suficientes para abastecer el mercado local. La inseguridad ciudadana está fuera de control y tienen la segunda tasa de homicidios más alta del mundo.

Ante este escenario tan caótico, el régimen de Maduro enfila sus ataques contra una supuesta conspiración de la derecha, los imperialistas, los neoliberales, la oligarquía y de cuanto enemigo se le ocurra, confirmando con su discurso que han perdido toda la capacidad de reflexión y de autocrítica. Y que no quepa la menor duda, lo que pretenden con la Constituyente es terminar de violentar el orden constitucional para sacar a la fiscal general, cerrar la Asamblea Nacional y dejar el camino libre para que el régimen se pueda perpetuar en el poder y que Maduro pueda diseñarse un traje hecho a la medida de sus ambiciones.

Venezuela vive hoy bajo un régimen de terror. Los ciudadanos están cansados de tanta escasez, de la violencia, de los colectivos, las milicias y de un aparato policial altamente represivo. Y, a pesar de todo el poder de lo que para muchos ya es una dictadura, los venezolanos decidieron tomarse la calle y todo parece indicar que no la piensan abandonar hasta conseguir el más preciado don al cual puede aspirar una sociedad: su libertad.

ECONOMISTA