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24 de Nov de 2020

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Orlando Goncalves

Columnistas

Los errores se pagan caros

La cúpula de la oposición política de Venezuela decidió ir a elecciones regionales; desde el primer momento consideré que era un gran error estrat...

La cúpula de la oposición política de Venezuela decidió ir a elecciones regionales; desde el primer momento consideré que era un gran error estratégico que estarían cometiendo en los últimos años. Lamentablemente, el pasado domingo 15 de octubre, los hechos confirman que tenía la razón. El régimen consumó el más descarado fraude electoral del que se tenga conocimiento.

Esta misma dirigencia que tomó esa decisión, entrampándonos a todos, metiéndonos en un callejón sin salida, fue la que ofreció en enero del 2016 que en seis meses tendríamos una salida constitucional y democrática para la terminación del régimen de Maduro. Han pasado casi dos años y Maduro sigue allí.

También ofreció, esa misma dirigencia, renovar las autoridades del Consejo Nacional Electoral —por periodo vencido y era el mandato de la Asamblea Nacional—, así mismo, remover a los 17 magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, electos inconstitucionalmente; igualmente prometieron la liberación de todos los presos políticos. Ninguna de las anteriores acciones se llevó acabo. Sin embargo, sí hicieron un juicio político a Maduro y le declararon la ausencia absoluta, por incumplimiento de sus responsabilidades, con lo cual el país, presuntamente, no tenía presidente.

Así transcurrió el año 2016 con protestas sociales, cada día más frecuentes, por la escasez de alimentos, medicinas la inseguridad y un sinfín de problemas que toda la población padecía. Como si fuera poco, el régimen con subterfugios (i) legales bloqueó el referéndum revocatorio previsto en la Constitución y difirió indefinidamente las elecciones de gobernadores.

Entramos al 2017 y las vicisitudes y necesidades de los venezolanos se agravaban más, lo cual desembocó en las protestas de marzo, las que se extendieron hasta julio, arrojando un lamentable saldo de más de 130 jóvenes asesinados, millares de heridos y detenidos, múltiples violaciones de los derechos humanos y centenares de presos políticos.

Ante la presión con las protestas en las calles, la Asamblea Nacional, interpretando el sentir popular, se declara, y declara al país, en desobediencia civil, respaldada en el artículo 350 de la Constitución Nacional.

A todas estas, la cúpula de la dirección política de la oposición, perdía protagonismo y centrimetraje en los medios nacionales e internacionales, pues, surgieron nuevos protagonistas, los jóvenes, quienes se empoderaron en las calles, como los escuderos y los guerreros de franela, quienes a diario enfrentaban con valentía, coraje y total indefensión al aparato represor del régimen de Maduro.

A pesar de la brutal represión, estos guerreros del asfalto lograron poner al régimen contra las cuerdas y, la comunidad y los medios internacionales posaron sus ojos sobre Venezuela, desnudando así la barbarie, sometimiento e indefensión del ciudadano, que a diario cometía el régimen.

Ante este panorama, la cúpula política opositora ideó una consulta popular. Con un enorme ejército de jóvenes ilusionados, con escasos recursos económicos y logísticos lograron organizarla y, más de 7.6 millones de venezolanos, le dimos un claro, fuerte e inequívoco mandato a la Asamblea Nacional, donde —a solicitud de ellos— les dijimos que renovaran el CNE y conformaran un Gobierno de transición.

Sin embargo, mágica e inconsultamente, la dirigencia de cuatro partidos políticos resuelven que, van a las elecciones regionales convocadas por la ilegítima y espuria Asamblea Nacional Constituyente.

O sea, la batalla que libraron nuestros jóvenes en las calles por más de cuatro meses, con más de 130 vidas apagadas por la violencia del régimen, los millares de heridos y detenidos, los más de 480 presos políticos, la declaración de ausencia del presidente, la invocación del artículo 350 y el mandato que se les otorgó el 16 de julio, no importaron. Sencillamente, tiraron todo a la basura y nos entrampan en unas elecciones regionales que, todos sabíamos, iban a estar plagadas de prácticas fraudulentas; tal cual lo fue la de la Asamblea Nacional Constituyente.

¿Cuántos niños murieron en hospitales por falta de medicinas o infectados por contaminación, mientras se hacía campaña? ¿Cuántos ciudadanos fallecieron por mengua, mientras hacían campaña? Mientras hacían campaña, nos prometían que este sería el paso previo para conquistar espacios y llegar a la elección de 2018.

O sea, todo indica que estas elecciones fueron el producto de una negociación —acordada y consensuada— entre la cúpula de cuatro partidos y el régimen. Esta es mi conclusión. Pero, los errores se pagan caros y el régimen sencillamente no les cumplió en el reparto burocrático. Así paga el diablo a quien bien le sirve.

La renuncia de la MUD es lo que corresponde, pues, es evidente que nos entramparon en sus apetencias, negociaciones y egos personales, llevándonos a poner más distancia para el fin de la pesadilla que vive Venezuela. Sumado a esto, los resultados obtenidos por la cúpula de la MUD son muy pobres. Así que, si aún les queda un mínimo de lógica y decencia, deben renunciar.

Nos tocará construir un nuevo movimiento opositor, incluyente, amplio, donde el país y su gente estén primero. Un movimiento donde los egos y los intereses personalísimos no estén presentes. Un movimiento que construya el sueño de país que queremos y merecemos. Afortunadamente, sobran venezolanos para quienes Venezuela, es primero.

CONSULTOR POLÍTICO; EN TWITTER: @ORLANDOGONCAL.