La Estrella de Panamá
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18 de Oct de 2019

Andrés Wong Pimentel

Columnistas

Liderazgo para la transformación

‘[...] indispensable la construcción social de ‘lo nuestro' en reemplazo de ‘lo mío' [...]'

La sociedad global se enfrenta a duros retos (pobreza, delincuencia, desintegración familiar, corrupción, entre otros) y a constantes amenazas difíciles de sortear (desastres por el cambio climático y la contaminación ambiental), determinados por interrelaciones cada vez más complejas, debido a la dinámica de un mundo incrementalmente más tecnificado, pero a su vez menos preparado para gestionar los cambios que produce la revolución tecnológica.

En algo menos de 300 años la humanidad ha evolucionado a pasos agigantados, más que nunca en toda su historia. El reconocimiento de que los seres humanos somos sujetos de derechos y de libertades ha sido la chispa que aceleró un proceso de descubrimientos, invenciones e innovación en todos los órdenes. Esas mismas atribuciones de los individuos, lamentablemente no han venido acompañadas de los hábitos y las actitudes que conduzcan a una sociedad más incluyente, solidaria y equitativa.

Las libertades sin propósito de conjunto han servido para que cada quien decida y haga según su propio interés y conveniencia, usándose tanto para el bien como para el mal y, en la generalidad de los casos, los individuos en su actuar producen daño, así no sea intencional. Un ejemplo palpable de esto último lo es la producción, distribución y consumo de productos altamente contaminantes o no amistosos con el ambiente.

Debido a lo anteriormente descrito, es necesario construir en el presente una cultura con valores individuales y colectivos, basada en la solidaridad y la ética en nuestras relaciones recíprocas y con el ambiente, con plena conciencia de los impactos que genera la existencia de cada uno de nosotros en la vida de los demás y en el planeta.

Es absolutamente indispensable la construcción social de ‘lo nuestro' en reemplazo de ‘lo mío', como marco guía en el desenvolvimiento de cada persona y estamos atrasados en esa tarea. De allí que el ideal sería que cada persona pensara y actuara considerando ‘nuestro planeta', nuestro ‘país', ‘nuestra comunidad' ‘nuestro patrimonio natural y cultural', ‘nuestros bienes sociales'. Ese modo de interrelacionarnos entre nosotros y con el entorno generaría una sociedad sana, equilibrada y sostenible.

En los últimos tiempos se nos ha enseñado a competir entre nosotros, como un valor de esta sociedad, para lograr ascensos e incrementos, por lo general de naturaleza económica, mejorando la eficacia, la eficiencia, la productividad, la rentabilidad. Así, competimos entre individuos en los negocios, en los oficios, en los empleos, en las profesiones para hacernos de más clientes y mayores rentas, pero también entre países para atraer inversiones, empleando la reducción de impuestos como herramienta de política fiscal, flexibilizando regulaciones, acordando la liberalización del comercio con otros países, entre otras medidas.

Los países de mayor renta compiten incrementando sus equipos bélicos, su pie de fuerza, sus arsenales de armas de destrucción masiva y lanzándose a la conquista de los recursos naturales en el planeta y fuera de él, a fin de mostrar su poder ante los demás, creyendo que de ese modo preservarán su hegemonía y la calidad de vida de su población, lo que en definitiva resulta en una terrible amenaza para la supervivencia de la humanidad y las demás especies que habitan el planeta.

Ese afán competitivo trae sus consecuencias, que se evidencian en fatiga y en estrés, tanto del individuo como del planeta. Las estadísticas son cada vez más reveladoras de los efectos que produce en la salud de las personas el estrés por el trabajo, pero también nos revelan el impacto y la huella que dejamos en el planeta en la carrera extractivista de los recursos naturales, por la demanda en la producción industrial, motivada por un consumismo irracional, que a su vez tiene su raíz en un individualismo exacerbado que no atiende a la ‘cultura de lo nuestro'.

La mejora continua por los motivos correctos es acertada. Ejemplo de ellos es la investigación y la innovación para el combate a las enfermedades, para la producción de alimentos accesibles a la población en cantidad, calidad y precios, para crear soluciones habitacionales amistosas con el ambiente; en fin, todo proceso de mejora puesto al servicio de la humanidad.

El cambio de paradigmas para migrar hacia la ‘cultura de lo nuestro', empieza por sustituir el enfoque competitivo por el enfoque colaborativo, siendo la educación y la formación las herramientas con las que se puede alcanzar esa meta en la llamada era del conocimiento, donde los medios de difusión, transmisión e intercambio de la información son cada vez más accesibles a las personas. Entre todos debemos aprender y también enseñar a colaborar y a compartir tareas y responsabilidades de conjunto, con miras a lograr objetivos comunes que impactarán positivamente en la vida de los individuos y del planeta, de eso se trata el Liderazgo para la Transformación.

ABOGADO Y SOCIO DEL CLUB DE LEONES DE BALBOA.