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23 de Oct de 2019

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Julio César Caicedo Mendieta

Columnistas

Don Pedro Pesca'o y la Navidad de los ancianos

Y es que a los viejos alentados nos pasan cosas tremendas, sobre todo con los niños

Indudablemente que la Navidad de la mayoría de los viejos está minada de buenos recuerdos. Sobre todo en aquellos retirados que no han sido atracadores de los erarios. Yo siento que las mejores semillas en estos tiempos decembrinos son las nostalgias y las viejas mecedoras.

A estas alturas yo hubiese querido ser como el bisabuelo don Pedro Pesca'o, nacido hace más de 90 años en Barrigón, Copé. Creo que lo mejor que le haya podido pasar a este campesino del mar, don Pedro Lorenzo, es el haberse distinguido toda su vida por el trabajo cotidiano serio y honesto y que los viejos de cincuenta, sesenta, setenta u ochenta años de hoy lo recuerden como el generoso vendedor de pescados que despachaba con una pala de construcción llenando un ‘platona'o' por un cuartillo, y medio motete por un medio ‘rial'.

¡Qué tiempos aquellos!, en que no existían los contaminadores cartuchos plásticos y ni siquiera se hablada de un ‘rial', sino de centavos, cuartillos, medios y capullos de maíz con cinco huevos como moneda regional. Los campos y montañas de la Pintada de Coclé, recuerdan a Pellín con mucho respeto y no dejan de comentar su forma de mercar tan original. Don Pedro, de Barrigón del Copé, se mudó de la montañas a Farallón para pescar frente a la misma isla de piedra que le dio nombre a ese poblado mucho antes de que el propio general Omar Torrijos Herrera se hubiese establecido a ese paraíso y desde ese punto de la geografía nacional ha sobrevivido a los embates del ‘desarrollo', no se ha dejado arrinconar por los grandes hoteles ni extranjeros que sí han barrido con muchos de los nuestros y sus costumbres.

Ojalá que el resto de los viejos en Panamá no sean como yo, que me doy cuenta de que soy viejo cuando estoy en las filas preferenciales de los jubilados, o como aquella vez cuando me subí por primera vez al metro y observé que era el único que tenía la cabeza como la flor de un guabo. Y es que a los viejos alentados nos pasan cosas tremendas, sobre todo con los niños.

El año pasado que estaba entregando medallas conmemorativas a Victoriano Lorenzo, me sorprendió un pela'ito muy necio de cinco años que quería una presea sin haber recitado, cantado ni salomado y para que me dejara tranquilo le impuse una de teca. El pela'ito feliz corrió a enseñársela a su abuela, y dijo: ‘Me la dio aquel viejecito que tiene canas en la nariz'.

Feliz Navidad para don Pedro Lorenzo hasta su residencia en Farallón y para todos los viejos y viejas del Copé, de Piedras Amarillas, Piedras Blancas, Las Tablas, El Potrero, Cerro Colorado, Las Cuestas, El Espino, La Madera y El Magué.

ESCRITOR COSTUMBRISTA.