La Estrella de Panamá
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18 de Oct de 2019

Paulino Romero C.

Columnistas

El desgobierno de Varela ante el reto 2018

Su legado ha sido: ¡Desánimo, desesperanza, consternación, corrupción que anegan al presente el alma panameña!

Ante el acabamiento del calamitoso año 2017, más de cuatro millones de panameños se preguntan: ¿cuál será el talante del actual desgobierno frente al reto del Año Nuevo 2018? Se trata del cuarto año del periodo presidencial que finaliza el 30 de junio de 2019. Francamente, solo el presidente Varela y sus cortesanos colaboradores serviles, pueden responder con acciones supuestamente positivas, a tan significativo como preocupante cuestionamiento ciudadano.

En el decurso del presente año, se dieron hechos nunca antes visto en la historia política de Panamá. No es necesario hacer un recuento de los ‘desaciertos' y de los nefastos hechos consumados por el desgobierno de Juan Carlos Varela, todos estos sucesos son bien conocidos por la opinión pública, gracias a las investigaciones e informaciones oportunas de los medios de comunicación. Su legado ha sido: ¡Desánimo, desesperanza, consternación, corrupción que anegan al presente el alma panameña!

Si nos ubicamos en un ‘psicoanálisis de la testarudez', significaría que quien o quienes la merecen son rudos de testa, o sea que son duros de cabeza, y por tanto no podrán nunca vanagloriarse de otra cosa que la de ser un tanto semejantes a las estatuas. Lo cierto es que por ingenuidad o por astucia son muchos los testarudos que se jactan de serlo y hasta se atribuyen cualidades que de un modo superficial pueden conducirse con su defecto. Así se titulan poseedores de ‘una gran fuerza de voluntad', de una gran ‘independencia de pensamiento' o de una extraordinaria ‘firmeza de convicciones', lo que, a primera vista, sería sin duda aptitudes elogiables.

Psicológicamente hablando, una persona testaruda es aquella que cuando enfrenta una situación ante la cual sus habituales reacciones fracasan persiste rígidamente en repetirlas (contumacia), sin tentar crear otras ni siquiera tampoco aprovechar las insinuaciones, consejos o ejemplos que quienes la rodean le sugieren para evitar nuevos fracasos.

Los psicoanalistas denominan ‘impulso iterativo' a la fuerza que motiva ese impulso. Pero también es cierto que, de acuerdo con la famosa ley de Thorndike, el hombre instintivamente propende a conservar y reforzar las pautas de reacción que le conducen al éxito y a inhibir y eliminar las que le llevan al fracaso. Lo que ocurre, pues, al testarudo es que posee en gran forma el ‘impulso iterativo', mas carece del que podríamos denominar ‘impulso correctivo', o sea, de la tendencia a modificar sus respuestas cuando estas se revelan inadecuadas.

¿Y cuáles pueden ser las causas de esta ausencia? En primer lugar, hemos de citar la debilidad o el retardo en el desarrollo mental. De hecho, la inmensa mayoría de los débiles mentales (técnicamente llamados oligofrénicos) poseen una gran testarudez y se aferran a sus primitivos hábitos con inverosímil energía, por la sencilla razón de que son incapaces de crear otros. Un segundo y poderoso motivo de la testarudez (independientemente del nivel intelectual de quien lo exhiba) es la existencia de un predominio de fenómenos de ‘bloqueo' en los campos neuronales activos de la corteza cerebral.

Existe otra variedad de testarudos que es la más normal y frecuente, pero quizás por esto es la menos estudiada y citada en la mayoría de los libros dedicados al estudio de estos defectos del carácter. Quienes se incluyen en esta categoría puede decirse que ‘explotan' a su favor la capacidad de permanecer insensibles aparentemente y ‘desligarse' de las situaciones hasta que se presenta el momento oportuno para actuar en ellas de acuerdo con sus deseos. Tales individuos son casi siempre de tipo campesino, se presentan en forma modesta y aparentemente simple, pero la verdad es que resultan maestros-cucos y solo presentan batalla cuando las condiciones le son favorables.

Saben hacerse alternativamente ciegos, sordos y mudos, pero con ello no dejan de ver, oír y pensar eficientemente. A primera vista pueden parecer indecisos; pero cuando los conocemos a fondo comprendemos que son astutos psicológicos natos y que por haber sabido domesticar su testarudez, han dejado de sufrirla como defecto y la usan como eficaz arma, tanto peligrosa cuanto más invisible e imperceptible se torna, contra la cual se desgastan y mellan las armas dialécticas de sus adversarios.

PEDAGOGO, ESCRITOR Y DIPLOMÁTICO.