La Estrella de Panamá
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14 de Oct de 2019

Aristides Royo

Columnistas

El ilusorio encanto de las mayorías

‘Considero que sería un error preguntarle a la mayoría de un país si está de acuerdo con apoyar a una minoría que debe ser protegida precisamente por ser diferente [...]'

Es obvio que en una democracia se actúa y toman decisiones conforme al criterio de las mayorías. Es así en las elecciones para la integración de los órganos Legislativo y Ejecutivo. En la administración de justicia, recuerdo la definición que de esta hacía el gran abogado Julio Fábrega: ‘La justicia es la opinión de dos en un tribunal de tres'. En Panamá las grandes determinaciones sobre el canal han sido llevadas a la consulta ciudadana, tanto para la aprobación de los Tratados Torrijos-Carter como para la ampliación.

Hay quienes han propuesto que en el tema del reconocimiento del matrimonio entre personas del mismo sexo, reconocido por la ONU, la Corte Interamericana de Derechos Humanos y casi todos los países más desarrollados del hemisferio americano, debería organizarse una consulta popular para que el pueblo se exprese a favor o en contra de ese respeto humano a una minoría que solicita que se le reconozca su derecho a unirse con personas de igual género.

En la historia de la humanidad, si se hubiesen hecho consultas públicas sobre algunas decisiones en su momento consideradas fundamentales, las respuestas mayoritarias habrían resultado contrarias a la ética, a la moral, al deber ser, al respeto a otros pueblos y naciones e incluso al humanismo.

Si en los tiempos del Imperio romano se hubiese consultado al pueblo sobre la validez de la invasión de otras naciones, la mayoría hubiese favorecido estas acciones como necesarias para la romanización, considerada como un medio idóneo de civilizar a los bárbaros. Idéntica respuesta habría obtenido una hipotética pregunta sobre la legitimación de la esclavitud. Si en el siglo XIX los ingleses hubiesen consultado a sus ciudadanos acerca del voto a la mujer, la airada reacción negativa no se habría hecho esperar, así como también se hubiese rechazado que las mujeres pudiesen ejercer actividades mercantiles. Si Hitler, en lugar de la conducta dictatorial que caracterizaba todas sus acciones, hubiese consultado las medidas racistas que adoptó contra los judíos en 1937, probablemente estas habrían gozado del respaldo mayoritario del pueblo alemán que no alcanzó a imaginar que ello sería el preludio del terrible holocausto posterior.

Considero que sería un error preguntarle a la mayoría de un país si está de acuerdo con apoyar a una minoría que debe ser protegida precisamente por ser diferente, por constituir apenas una fracción de la sociedad y por haber hecho uso de su libertad para vivir de acuerdo con sus orientaciones sexuales en ejercicio de sus derechos como humanos. Sería un error, porque, así como se ha desatado toda clase de comentarios, unos amparados en la religión, otros en que todos debemos tener una sola preferencia sexual, la del sexo opuesto y no se puede proteger jurídica ni socialmente al que es diferente, en una consulta pública se expresarían muchos prejuicios arraigados desde hace muchos años en nuestra población.

A la Corte Suprema de Justicia le corresponde ahora decidir si permite que ese reconocimiento internacional al matrimonio de un mismo sexo sea válido en Panamá y deberá tener en cuenta el artículo 4 de nuestra Constitución Política, cuando expresa que Panamá acata las normas de derecho internacional. Esa minoría que está protegida por normas internacionales y por la legislación de países de Europa y América, debe también ser respetada como expresión de un derecho humano inherente a la libertad. Sabemos que una decisión favorable a estas minorías requiere de serenidad, de ausencia de prejuicios, de un sentido de dar a cada cual lo que corresponde, que es la esencia del derecho y el afianzamiento del principio de que los magistrados son funcionarios de un Estado laico y no confesional. No solo la minoría integrada por personas de un mismo sexo que se aman desean que se les haga justicia. También muchos panameños consideramos que ese colectivo lo merece. Si no todos los seres humanos son iguales, respetemos la diferencia.

ABOGADO Y EX PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA.

‘A la Corte [...] le corresponde [...] decidir si permite que ese reconocimiento internacional al matrimonio de un mismo sexo sea válido en Panamá [...]'