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22 de Oct de 2019

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Rafael Carles

Columnistas

La voz interna del cuerpo

El segundo nivel es notar, lo cual significa literalmente prestar atención a las sensaciones del cuerpo.

¿Alguna vez ha escuchado la frase, ‘escucha tu cuerpo'? Sin duda, es difícil escuchar el cuerpo cuando no se sabe qué escuchar, pero definitivamente es muy importante ponernos en contacto y vivir en armonía con nuestro cuerpo. La verdadera inteligencia de los seres humanos está en desarrollar la habilidad para escuchar con atención las sensaciones del cuerpo, darles un sentido, respetarlas y seguir esa intuición. Pero entonces, ¿qué supone para nosotros estar en contacto con nuestro cuerpo? La respuesta la podemos dividir en cuatro niveles diferentes, más fáciles para identificar y entender.

El primer nivel es medir. Los médicos y consultores de salud saben que es importante medir los parámetros básicos de salud como, por ejemplo, el colesterol, la presión arterial y la glucosa en sangre. Es difícil notar en el cuerpo cuál es la presión arterial, a menos que sea muy alta. Lo mismo sucede con el colesterol y el azúcar. Por lo tanto, es fundamental medir.

El segundo nivel es notar, lo cual significa literalmente prestar atención a las sensaciones del cuerpo. Suena realmente elemental, pero honestamente a muchos nos han enseñado a ignorar el cuerpo. Tenemos que orinar y seguimos trabajando; nos duele la espalda y seguimos sentados al frente del computador; tenemos dolor de cabeza y solo tomamos un medicamento para calmar el malestar. Tristemente, nuestro éxito y productividad han aumentado en proporción directa a cuánto ignoramos nuestros cuerpos. Por desgracia, eso ya no es sostenible y por eso tenemos la cantidad de enfermedades que existen, casi todas causadas por el estilo de vida que llevamos. Gran parte del dolor crónico en nuestra sociedad se debe a que la gente ignora a sus cuerpos. Así que el primer nivel es medir y el segundo nivel es notar lo que realmente sucede en su cuerpo.

El tercer nivel es sentir. Muchas personas no saben que a veces un dolor está asociado con un sentimiento o una emoción. Con frecuencia nos automedicamos cuando sentimos un apretamiento en el estómago, pensando que es acidez o gastritis, cuando de hecho es ansiedad, temor o nerviosismo. O puede ser toda una variedad de cosas emocionales. Así que se trata de sentir qué emociones están conectadas con lo que notamos. Y para sentir debemos abrir un espacio dentro de nuestras ocupadas agendas para precisamente sentir qué está ocurriendo en nuestros cuerpos. Separar un tiempo para respirar suave y lentamente, para meditar con los ojos cerrados y sentir cada área del cuerpo, con consciencia de que realmente existe una conexión entre nuestra mente y sentidos con los demás órganos del cuerpo.

Y finalmente, el cuarto nivel es el discernimiento, que consiste en reunir toda la historia de nuestras vidas para entender lo que significa cada cosa que nos sucede, como por ejemplo cuando sentimos un dolor abdominal y sabemos que se trata de un problema familiar y no necesariamente un malestar por cálculos biliares.

Pensamos que escuchar el cuerpo es una forma sabia de practicar una medicina preventiva y permitir al organismo entrar en un proceso de curación espontánea. Es evidente que la manera en que respondamos a las señales y pistas que ofrece nuestro cuerpo, puede afectar en gran medida nuestra salud. Si ignoramos lo que el cuerpo está tratando de decirnos, podemos acabar con una enfermedad mucho más seria. Hace un tiempo una maravillosa quiropráctica nos dijo que ‘primero el cuerpo te da un toquecito. Si lo ignoras, te da un empujón. Y luego, si sigues ignorándolo, te lanza al suelo'. A menudo recibimos estas advertencias y no les prestamos atención. Ciertamente todos hemos tenido experiencias en las que simplemente hacemos caso omiso hasta llegar a un punto en que no nos podemos ni levantar. Y lo que fue simplemente un grito de auxilio de nuestro cuerpo es ahora algo tan pero tan serio y urgente que inevitablemente tenemos que intervenir para evitar más sufrimiento.

Por tanto, la próxima vez que nos encontremos en medio de un tranque descomunal o esperando ser atendido en una cita de negocios, démosle gracias al momento presente y aprovechemos la oportunidad para medir, notar, sentir y discernir sobre nuestro cuerpo. Poco a poco iremos comprendiendo los aspectos básicos de la fisiología humana y aprendiendo a escuchar cada uno de los aparatos que conforman nuestro cuerpo. Conocimientos ancestrales fundamentales que desafortunadamente se han olvidado y ya no son parte de nuestros hábitos o costumbres.

EL AUTOR ES EMPRESARIO, CONSULTOR EN SALUD Y ASESOR DE SALUD PÚBLICA.