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18 de Oct de 2019

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Samuel Lewis Galindo

Columnistas

Lealtad. Diccionario: ‘... y es incapaz de traicionar'

La corrupción en la Asamblea Nacional, que critica la gran mayoría de los ciudadanos, no es cosa nueva. Parece ser ya algo endémico.

La corrupción en la Asamblea Nacional, que critica la gran mayoría de los ciudadanos, no es cosa nueva. Parece ser ya algo endémico. Desde 1990 los presidentes comenzaron a darles algunos ‘beneficios' personales a muchos diputados para que les dieran su respaldo a sus proyectos y que les aprobaran, sin mayores dilaciones, varios nombramientos muy importantes para ellos.

Estas prebendas fueron, con el tiempo y el paso de gobernantes, llegando a niveles inaceptables. Estas ‘ayudas' siempre han tenido varios nombres (partidas circuitales, contratos, empleos, botellas, etc.). Han sido los presidentes los culpables directos de esta situación, ya que son ellos los que, primordialmente, a través del Ministerio de Economía y Finanzas y también de otras formas, han llevado a la Asamblea los dineros para todo este derroche. Se han ingeniado, de distintas maneras, para hacerlo. La más común es incluir ‘esos regalos' en el presupuesto del Estado, que son los mismos diputados quienes lo aprueban. Erróneamente algunos presidentes piensan que con estas ‘dádivas' y el perdón de muchos delitos que ellos han cometido, obtienen el respaldo y la lealtad de estos diputados. Con una ingenuidad increíble, desconocen que muchos de sus ‘beneficiados' no creen en los favores recibidos sino en los que recibirán. Para ellos —esos diputados— la lealtad radica en quien tiene el poder y en sus inmensos e insaciables bolsillos.

Debo aclarar que toda esta ‘compra' de conciencia proviene de fondos públicos.

Panamá necesita con urgencia un Estadista y no un político que solo piensa en él y en su grupo de allegados.

La ‘deslealtad' no se circunscribe, muy lastimosamente, a algunos diputados. Muchos ciudadanos, y por supuesto, los políticos, han sufrido mucho de las acciones de individuos a quienes en su momento les dieron su respaldo y ayuda. En Panamá, entre los políticos de alto rango, sobran los casos de deslealtad y traición; muchos de ellos son de reciente data y muy conocidos por todos. La deslealtad y la traición, muy censurables, no solo se dan en este país sino en todo nuestro hemisferio. Como ejemplo muy reciente de ello tenemos el caso del expresidente Uribe y el presidente Santos en Colombia que de grandes amigos y seguidores de una misma política combatiendo a las FARC pasaron a ser enemigos irreconciliables y con acciones muy diferentes. En el Ecuador, el expresidente Correa y el presidente Moreno de íntimos copartidarios se convirtieron, de un día para otro, en grandes adversarios políticos. Hicieron campaña intensa uno a favor del ‘no' (Correa) y el otro buscando el ‘sí' (Moreno). El elector tenía que decidir sobre los cambios constitucionales; si se producían estos, como en efecto así fue, fracasó la vieja aspiración de Correa de convertirse nuevamente en candidato a la Presidencia de su país. La Constitución promovida por él lo permitía. Las enmiendas propuestas por Moreno lo impedían.

Hay que tomar en cuenta siempre que un nuevo recién electo presidente en Panamá o en cualquier otro país piensa primordialmente en él y poco o nada (si no se convierte en adversario) en quien reemplazó. El nuevo mandatario tiene sus prioridades y problemas muy propios y no forma parte de su agenda la herencia (lo negativo de ello) que recibió del gobernante.

¿Qué pensarán de la lealtad el expresidente Dr. Pérez Balladares, doña Mireya Moscoso y don Ricardo Martinelli? Es fácil imaginarse la respuesta y el sentir de cada uno de ellos. No hay duda de que dirán: ‘En política no existe la lealtad, sino prevalece la traición'.

La deslealtad, traición y deshonestidad tienen en Judas y Bruto sus sinónimos. Tristemente cuentan con alumnos muy aplicados en nuestra nación. ¡Que vergüenza!

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