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18 de Oct de 2019

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Mireya Lasso

Columnistas

Revuelos en un mundo convulsionado

Ciertos líderes flirtearon con la posibilidad de una destrucción universal cuando las dos superpotencias militares decidieron medir gritos y amenazas recíprocas

Revuelos en un mundo convulsionado

Últimamente parece que se hayan exacerbado los intentos por crear el caos e inestabilidad en varias regiones del mundo. Nada bueno presagian esas actitudes agresivas mientras lo único sensato son los llamados a la reflexión del papa Francisco para poner un alto a las conductas autodestructivas. Mientras sufrimos la amenaza del cambio climático —que ya pone en peligro algunas islas de Guna Yala— y de la triste realidad de pobreza de cientos de millones de indigentes en el mundo, hay líderes de Gobiernos empeñados en dedicar su atención a fomentar la discordia y la agresividad dentro y fuera de sus fronteras. Una mirada al panorama mundial de la última semana lo comprueba.

Ciertos líderes flirtearon con la posibilidad de una destrucción universal cuando las dos superpotencias militares decidieron medir gritos y amenazas recíprocas, como igual lo hizo el gobernante norcoreano hace poco. Con la decisión de utilizar más de 100 misiles de precisión Tomahawk, a un costo de US$1.5 millones cada uno, para castigar al presidente sirio por haber lanzado gases tóxicos contra opositores sunitas, se corrió el riesgo de involucrar en el conflicto al ejército ruso. Ese hubiese sido el trágico resultado si un misil, por error, hubiese afectado tropas rusas en Siria. ¿Cuál habría sido la respuesta rusa ante ese evento?

Existe otro conflicto, por ahora comercial y sin misiles, que crea inestabilidad en las relaciones comerciales estadounidenses con Canadá y México, por un lado, y con China, por el otro. Muchos temen que el conflicto con China pueda devenir en una guerra fría que afectaría no solo a consumidores y trabajadores de ambos países, sino a quienes suplen materias primas o productos semielaborados a esas economías.

El Reino de España no se queda atrás. Su disputa interna entre la jurisdicción nacional y las aspiraciones independentistas de la comunidad catalana crean tensión también en otras regiones europeas con iguales ambiciones separatistas.

Venezuela cultiva el caos, importunando la vida de sus habitantes con repercusiones fuera del país, especialmente en los países limítrofes. El éxodo de venezolanos presiona a las autoridades colombianas y brasileñas que se debaten entre la calidad de vida de sus nacionales y la solidaridad con gentes perseguidas. Y en nuestro caso, el acto soberano de nuestro país, con el ánimo de proteger la transparencia del sistema financiero, le causó una furia inaudita y pueril a los gobernantes venezolanos, que los llevó a tomar medidas de represalia típicas de infantes malcriados que aumentan aún más la pobreza de su pueblo, que no al panameño.

El asesinato en selvas colombo-ecuatorianas de periodistas a manos de criminales, exmiembros de guerrillas colombianas, es ejemplo de la agresividad y deshumanización en nuestro mundo, igual como atrocidades semejantes que se cometen a diario en algunas naciones africanas en conflictos tribales profundos.

¿Ayudan a combatir la pobreza en el mundo estos ejemplos de inestabilidad y de conflictos bélicos? Según el Banco Mundial y la ONU existen en el mundo cerca de 900 millones de personas que viven con menos de US$1.90 al día, que es el umbral internacional de indigencia; y cerca de 2200 millones que apenas alcanzan US$3.10 diarios, umbral de pobreza reconocido internacionalmente.

Mientras el bombardeo de pocas horas a Siria significó un gasto de US$170 millones en misiles solamente, la inestabilidad mundial causada por tanta agresividad también tiene costos inconmensurables que desdicen de esfuerzos contra la pobreza. En la sede principal del Banco Mundial en Washington hay una placa que dice: ‘Nuestro sueño es un mundo sin pobreza'. Idéntico es el sueño de los panameños. Y también que queremos vivir en paz.

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