La Estrella de Panamá
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23 de Oct de 2019

Berna Calvit

Columnistas

Como para espantar el sueño

A mi manera

La noticia que leía me dejó estupefacta. ¡Otro escándalo de corrupción! ¿Será posible que en mancuerna algunos empresarios y funcionarios de la Caja de Seguro Social (CSS) nos birlaron a los asegurados, jubilados, trabajadores sanos o enfermos, la astronómica suma de 300 millones de dólares? ¿Cómo se llegó a esta cifra? ¿Hay cómo sustentarla? Es tan alta que parece increíble que se haya podido robar tanto sin frenarla a tiempo. En Internet encontré información sobre el Sistema de Ingresos y Prestaciones (SIPE) en sipe-panama.blogspot.com, Proyecto SIPE, Innerconsulting SAS; otro sitio web ubica en Bogotá la sede de la empresa. Dice el blog que el SIPE es ‘Apoyo a la modernización de la Caja de Seguro Social de Panamá. Basada en el 3SG Framework'. Solo leí las primeras líneas del documento, pues las explicaciones sobre esta herramienta son para especialistas en informática sobre la que no tengo conocimientos; las dos líneas iniciales dicen que ‘los servicios web o web services como se conocen en inglés, constituyen el mecanismo que permite de manera flexible y segura integrar sistemas de información'. El sistema, que a la fecha ha costado 14 millones de dólares, empezó a funcionar en 2012 (Gobierno Martinelli), pero el contrato original fue firmado en 2008 (Gobierno Torrijos) por 5,3 millones de dólares; está diseñado para permitir a los empleadores pagar la cuota obrero patronal ‘en línea'. Según las autoridades de la CSS, mediante sofisticado esquema, funcionarios y empresarios se asociaron para alterar los datos en las planillas. Sin duda bien ‘craneado' para el robo.

De ser cierta la suma del desfalco, no creo que ‘el chinito de la esquina' o la modista a la vuelta de mi casa estén en esta trama que, por las cifras, es asunto de monos gordos. Leí que la trampa funcionaba así: el empleador reportaba en X fecha X dólares en planilla con X número de empleados; más adelante la reducía declarando menos trabajadores, falsamente según la CSS; tenía los mismos empleados, pero para efectos de las cuotas declaraba menos personal; el funcionario en la computadora hacía ‘ajustes' y otorgaba al empleador crédito por la diferencia, que podía usar para planillas posteriores; es lógico asumir que un porcentaje de los tijerazos a la planilla iba a dar al bolsillo del funcionario. ¿Qué se sabe de este asunto entre 2012 cuando se empezó a usar el SIPE, y el 2015 (Gobierno Varela) cuando se detectó este chanchullo? El director de Ingresos de la CSS, Marcos Testa, indicó que el fraude empezó en 2012. ¿Es decir que en 2015, al tercer año del SIPE, fue que detectaron el fraude, pero no lo pudieron detener y que hasta hace poco seguía la ilegalidad? ¡Inexplicable lentitud para frenar el delito! Los jefes de finanzas, auditores, personal de contabilidad y todos los que debieron haberle seguido la pista a las cifras ¿no notaron nada raro? ¿Por ineptos, por ‘dejar hacer', o por ser parte del esquema?

Al detectarse en 2015 los desfalcos se trasladó a otros despachos a los funcionarios supuestamente implicados en los ‘ajustes' y se asignaron nuevos funcionarios para continuar usando el SIPE; ahora informan que ‘existen sospechas' de que los ‘ajustes' continuaron hasta este año; y que mientras se hacían las investigaciones algunos funcionarios continuaron borrando deudas y cuentas pendientes de empleadores corruptos a punto de teclear, nada de violencia física. Suaaveeciito. La Dirección General de Ingresos también investigará si le mordisquearon los pagos de impuesto sobre la renta. Si las investigaciones caminan como las de Odebrecht, Blue Apple, PAN, New Business, etc., paciencia, los resultados no los veremos pronto.

Preparemos el ánimo para ‘la reserva del sumario', ‘el debido proceso', ‘la presunción de inocencia' y los misteriosos arreglos de ‘delación premiada'.

El daño a las finanzas de la CSS, tan necesitada de mejores instalaciones, equipo, insumos, especialistas, etc. es una parte del problema. La otra es el perjuicio quién sabe a cuántos empleados que creían estar cubriendo cuotas para alcanzar la soñada jubilación o para recibir atención médica; y chocarán con la dura realidad de que sus patrones eran unos pillos; y que trabajadores de la CSS se prestaron para esta infamia. Esta vez no es lavado de capitales ni dineros en Andorra. Es corrupción que creció como mala yerba en el SIPE. Y esta vez somos víctimas los que aportamos a la CSS para asegurarnos servicios médicos, protección maternal, jubilación, riesgos profesionales.

Como para espantarle el sueño a muchos.

COMUNICADORA SOCIAL.