La Estrella de Panamá
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18 de Oct de 2019

Álvaro Alvarado

Columnistas

Basta ya de amenazas

En ese momento pensé no prestarle atención, ya que a diario recibo insultos de todo tipo

El pasado viernes 20 de abril quise compartir con mis amigos de las redes sociales la noticia de que había superado la barrera de los 600 mil seguidores en Twitter después de siete años de actividad. Fue muy agradable para mí ver los mensajes de felicitación de parte de personas que aprecian el trabajo que he venimos realizando como periodista durante 29 años de ejercicio de la profesión. Entre tantos mensajes, de repente me encuentro con uno de la cuenta rmaestre85 que decía textualmente: ‘Claro lo sobrepasastes porq eres un bochinchoso metido del cae año q un dia de estos t van a matar, cuidat...'.

En ese momento pensé no prestarle atención, ya que a diario recibo insultos de todo tipo provenientes de cuentas falsas o de personas molestas por mis comentarios, que no encuentran otro camino que el del insulto para desquitarse. Luego de analizar el mensaje, tomé la decisión de investigar quién era el autor de esta amenaza y logramos poco a poco determinar que se trataba de Ricardo Maestre, con domicilio en la provincia de Chiriquí. Fuimos recogiendo información muy valiosa del sujeto que nos permitió tomar la decisión de junto a mi abogado, César Ruiloba, presentar la denuncia ante el Ministerio Público el pasado lunes.

Pero muchos se preguntarán la razón por la que decidimos denunciar a esta persona, y la respuesta es sencilla. Señores, lo hago, no por miedo, sino por que ya es hora de sentar un precedente en este país y mandar un mensaje alto y claro de que los periodistas no podemos estar siendo amenazados por el simple hecho de cumplir con nuestra misión de informar.

Pensemos por un momento que estas amenazas se formulen contra un joven periodista de un medio de comunicación al que le ha sido asignada una investigación sensitiva. ¿Cuál creen ustedes que será la reacción de ese comunicador social?, simple y llanamente dar un paso atrás y no continuar con el trabajo encomendado por temor a que le pase algo a él o a su familia.

Observemos lo que está pasando en países vecinos como México, Colombia, Honduras, Guatemala, El Salvador, Venezuela y ahora Nicaragua. Quizás la realidad histórica de todos estos países sea distinta a la nuestra, pero eso no debe ser motivo para que nos crucemos de brazos a esperar que ocurra la primera muerte de un periodista panameño en ejercicio de su profesión. Ya en el Gobierno pasado varios de nosotros fuimos objeto de seguimientos por algunos miembros de los organismos de seguridad del Estado. Lo he dicho y lo repito, en mi caso desde la Policía Nacional se me montó una persecución 24 horas al día 7 días a la semana y la tarea estuvo a cargo de un comisionado jubilado de esa institución, con el que ya prácticamente me tropezaba en algunos lugares que visitaba.

Recuerdo un mensaje que me envió, con el ingeniero Blandón, un altísimo miembro del Gobierno pasado: ‘Dile a Álvaro Alvarado que no siga cuestionando a la Policía Nacional, ya que puede amanecer un día con la boca llena de moscas'.

En otra ocasión estando yo en mi casa abro mi computadora y me percato de que había un correo electrónico donde me insultaban y al mismo tiempo se metían con mi esposa y mis hijos.

En otra ocasión pude confirmar por fuentes dentro de la Policía Nacional que a mí y a otros periodistas se nos llevaba un archivo diario de todos nuestros movimientos y que incluso tenían vigilados a los miembros de nuestra familia más cercana.

Otra prueba más de la persecución de que fuimos víctima es que nuestro nombre apareció en la lista de los panameños cuyas comunicaciones telefónicas estaban siendo intervenidas en la pasada administración. Nunca olvido una reunión que tuve con un familiar de uno de los directores de los estamentos de seguridad de la pasada administración que me confesó que esta persona llegaba con grabaciones de conversaciones telefónicas mías, de Hugo Famanía y de Atenógenes Rodríguez a su casa y se divertía escuchándolas a todo volumen.

Tenemos que luchar para que estas cosas no se sigan dando en este país. Estamos en las puertas de una campaña política que se vaticina, pudiera ser muy agresiva por el tono del debate que se ha dado en los últimos cuatro años.

Panamá es un gran país, con un enorme potencial que si lo administramos de la manera correcta pudiera ubicarnos entre los países de primer mundo, pero eso se logra creando los consensos necesarios que nos permitan diseñar un Panamá para todos los panameños.

PERIODISTA