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22 de Oct de 2019

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Julio Yao Villalaz

Columnistas

¿Provocación, capitulación y ultimátum, o Cumbre Kim-Trump?

Como sabemos, Libia se deshizo de sus armas nucleares y, justamente por esa razón, fue invadida y destruida por la OTAN (EE.UU.),

Hemos consignado como un gran logro histórico para la península coreana la Cumbre del presidente de la RPD de Corea, Kim Jong-un, y de la República de Corea, Moon Jae-in: desnuclearización, desarme, pacificación, reunificación, son algunas de las palabras claves (Julio Yao Villalaz, ‘Perspectivas de la Cumbre Kim-Trump', Red Voltaire, 13 de mayo de 2018).

La Cumbre Kim-Moon de 27 de abril debió continuar el pasado 15 de mayo, pero el presidente Kim la canceló en protesta por las maniobras militares de EE.UU. y Corea del Sur ese día y también por unas declaraciones impertinentes y provocadoras del asesor de Donald Trump en asuntos de Seguridad Nacional, John Bolton, quien manifestó que la desnuclearización de la RPD de Corea debía correr la misma suerte que en Libia en 2011.

Como sabemos, Libia se deshizo de sus armas nucleares y, justamente por esa razón, fue invadida y destruida por la OTAN (EE.UU.), y su presidente, Muamar el Gadafi, asesinado atrozmente. La RPD de Corea tenía pactada una alianza militar con Libia, pero no podía intervenir, motivo por el cual Kim Yong-un tiene fresca y muy presente esa tragedia, aunque también alimenta su desconfianza el retiro insólito, aunque no sorpresivo, de EE.UU. del Tratado G5+1 sobre Irán.

La refutación del presidente Kim a Bolton no se hizo esperar: la RPD de Corea no se desnuclearizará unilateral ni totalmente, sin concesiones de la contraparte. Después de todo, es Corea del Norte la que ha dado muchos pasos y gestos hacia Washington, incluida la liberación de tres estadounidenses, sin que EE.UU. haya tenido ningún gesto de buena voluntad hacia Pyongyang.

Al parecer, Bolton cree que la Cumbre Kim-Trump sería como una simple y llana capitulación de la RPD de Corea ante EE.UU., como si Pyongyang hubiera perdido ya la guerra, y no una forma civilizada de explorar acuerdos entre las partes. Esta actitud arrogante y analfabeta de Bolton demuestra la peligrosa fase por la que atraviesa EE.UU. de querer someter por la fuerza a todos quienes no se le rindan por las buenas.

Donald Trump ha declarado que, de no producirse la desnuclearización de Corea según lo receta Bolton, de no aceptar Kim su virtual ultimátum, EE.UU. ‘ejercerá la máxima presión para obligarla a negociar... Tendremos que ver si sigue la cumbre', dijo el mandatario.

Tal pareciera como si Trump ignorara que ninguna potencia, ningún Estado, puede dar ultimátum ni obligar a otros a negociar, salvo que se trate de uno que se haya rendido o destruido en una guerra.

El viceministro de Relaciones Exteriores de la RPD de Corea, Kim Kye-gwan, lo ha aclarado: ‘Si Estados Unidos nos acorrala y exige unilateralmente que nos deshagamos de nuestro programa nuclear, dejaremos de tener interés en las conversaciones y tendremos que reconsiderar si aceptamos la próxima cumbre estadounidense-norcoreana', según la agencia oficial KCNA. Esto no significa ni se puede interpretar como una amenaza o cancelación de la anunciada Cumbre del 12 de junio en Singapur, sino como simple advertencia.

El presidente de la República de Corea, Moon Jae-in, fue defensor de DDHH y continuador de la reunificación pacífica de Corea de los expresidentes Kim Dae-jung y Roh Moo-hyun. El presidente Moon, ex asesor presidencial también del presidente Roh en política exterior, deberá acordar su propia cumbre con Trump para decidir la suerte de los 28 500 soldados estadounidenses acantonados en la parte sur de la península.

Este objetivo debió ser una precondición al menos consultada con las fuerzas de ocupación de EE.UU. por el presidente Moon antes de su reunión con Kim Jong-un el 27 de abril, pues, a falta de la misma, cualquier acercamiento entre las dos Coreas que no cuente con la anuencia de EE.UU. puede resultar idílica.

La actitud imperialista de Bolton, que marca pautas a la política del secretario de Estado, Mike Pompeo, constituye un tajante rechazo de la diplomacia y el Derecho Internacional que conduce a la ley del más fuerte (Julio Yao: EE.UU., Pompeo, Bolton y el Desorden Internacional, La Estrella de Panamá , 7 de mayo de 2018).

La respuesta de Bolton a la desnuclearización de Corea revela que EE.UU. persigue una rendición incondicional de la RPD de Corea y no una conciliación de intereses que favorezca la paz y la seguridad internacional.

No obstante, debido a que se abona el camino de la reunificación pacífica de Corea; se reducen los gastos militares, tanto del Sur como del Norte, además de los propios de EE.UU.; se contribuye a remover las bases militares en Guam, Okinawa y Diego García en torno a China y se fortalece la cooperación internacional, al presidente Moon Jae-in solo le resta mirar de frente al presidente Trump y pedirle, como soberano en su país, que Washington retire sus fuerzas de la República de Corea.

De no hacerlo, la retórica, las amenazas y los insultos continuarán, pero ya no se podrá culpar a la RPD de Corea, sino a EE.UU. y John Bolton, ¡de patear la mesa!

ANALISTA INTERNACIONAL.

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‘[...] Trump ha declarado que, de no producirse la desnuclearización de Corea según lo receta Bolton, de no aceptar Kim su virtual ultimátum, EE.UU. ‘ejercerá la máxima presión para obligarla a negociar... [...]'