La Estrella de Panamá
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15 de Oct de 2019

Andrés L. Guillén

Columnistas

Democracia en crisis

Los temas colindantes con la democracia panameña pueden usarse como metáforas útiles para describirla, al guardar semejanza con este concepto

Los temas colindantes con la democracia panameña pueden usarse como metáforas útiles para describirla, al guardar semejanza con este concepto organizativo y teorético.

Así, por ejemplo, los ideales que la guían; la sociedad que la enmarca, con sus libertades individuales y colectivas; más la forma, funcionalidad y limitaciones de su Gobierno sobran como ejemplos, pues todos estos son ingredientes necesarios para conocerla como doctrina de sistema político.

En países democráticos del primer mundo, su práctica además conlleva un talento nacionalizador o genio creador tan peculiar como el de poetas, compositores, o artistas —bien definido como sabiduría colectiva— de carácter imperativo, que Ortega y Gasset define como ‘un saber querer y un saber mandar'.

En Panamá, esta imposición creadora no viene del colectivo social de sus ciudadanos, como fuerza incorporadora de su democracia o de proyecto de vida en común, no por falta de talento individual, sino por carecer colectivamente de una ilusión de país.

Los intereses particulares, los caprichos mezquinos, las vilezas y pasiones de sus políticos y mandatarios han sometido al alma popular, lo suficiente para cegarla y darle un carácter inferior a cualquiera manifestación ética y de excelencia de la mayoría de sus ciudadanos virtuosos y fidedignos.

Sería injusto no reconocer el talento y capacidad de muchos servidores públicos que sin duda han impedido un mayor desprestigio a nuestras instituciones democráticas, tan vinculadas a su desempeño profesional.

Pero la vitalidad nacional depende de esa fuerza creadora de la democracia que es la capacidad y moralidad de sus ciudadanos, de ese querer saber y querer mandar orteguiano.

¿Qué sabemos de democracia y cómo queremos que mande en Panamá?

Desde luego, nuestra historia republicana comienza en 1821 como ideal bolivariano, primero siendo ciudadanos colombianos y ahora panameños, contando con 197 años de supuesta democracia liberal.

El imaginario popular lo concibe como proyecto oligárquico al que se adhiere la mayoría casi instintivamente, porque los une como comunidad, sin ser un acto totalmente voluntario, al no haber tenido experiencia política durante la época colonial. Esta circunstancia, sin coincidencia de intereses entre oligarquía y demás ciudadanos, dio lugar a la partidocracia que detenta el poder actualmente, desatendiendo las aspiraciones de los que no lo ostentan.

Si esa masa dócil solo depende de la visión angosta de una minoría partidista para forjar su democracia, esto representaría una sociedad defectuosa y tercermundista, sin ideales ni percepción íntegra de país, carente de un Gobierno eficaz, esos temas colindantes mencionados al inicio para describirla.

Por eso, la comprensión de la realidad social y política del Panamá actual requiere esa perspectiva histórica, como parte de nuestra anatomía nacional.

La descomposición que vemos en la corrupción administrativa de la cosa pública, tanto judicial, legislativa o ejecutiva, nos impone rasgos parecidos a países en crisis.

No debe ser así, si lo que deseamos conjuntamente es un porvenir democrático, enmarcado en libertades individuales y colectivas, administrado por un Gobierno eficiente, donde impere la ley, a pesar de los defectos de nuestra democracia.

CIUDADANO