La Estrella de Panamá
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14 de Oct de 2019

Berna Calvit

Columnistas

Subiendo y bajando santos

Hoy, nada de política, solo fútbol sobre el que confieso ignorancia casi absoluta de reglas

Después de días con noticias, personajes, y argumentos repetidos hasta la saciedad en medios de comunicación y redes sociales, comprensible por tratarse de un caso inédito y de relevancia nacional, me prometí hacer el esfuerzo para escribir este artículo sin palabras con las letras ‘r' y ‘m' en mayúscula. Hoy, nada de política, solo fútbol sobre el que confieso ignorancia casi absoluta de reglas, alineaciones, terminología, etc.; pero no despierta sospechas porque me contagio de la emoción y protesto y aplaudo según vaya el equipo de mi simpatía, siempre latinoamericano. Participar por primera vez en el evento estelar del deporte más popular en el mundo, es experiencia extraordinaria para Panamá por lo que imagino a muchas personas ‘subiendo y bajando santos' y encendiendo velas para que nuestro equipo haga buen papel. Emprendí ‘safari cibernético' buscando al santo patrón de los deportistas sin hallar alguno asignado; el cardenal portugués, Saraiva, está tratando de subsanar esta omisión y propone al papa Juan Pablo II (Karol Wojtyla) como patrón del deporte, ya que era deportista y ‘entendía los valores del deporte'.

La pasión por el fútbol ha servido a la literatura para obras de escritores ilustres. Eduardo Galeano, autor de ‘Fútbol a sol y sombra', dice que ‘el gol es el orgasmo del fútbol'. En opinión tajante y opuesta, el grande entre los grandes de la literatura, Jorge Luis Borges, dijo del fútbol ‘…una cosa estúpida de ingleses… un deporte estéticamente feo: once jugadores contra once corriendo detrás de una pelota no son especialmente hermosos'. En este caso sirve decir ‘Para gustos los colores'. Una frase de autor desconocido dice: ‘Europa encontró en el fútbol una forma de odiarse sin despedazarse'; hoy no solo Europa sino países de los cinco continentes se enfrentan sin odiarse ni despedazarse; solo con la voluntad de perseguir el balón y acercarlo al ansiado arco para atravesarlo y oír miles de voces gritar ‘Gooooooooool', que es como música celestial para el equipo y sus seguidores.

La mujer y el fútbol tienen su historia. Las primeras evidencias datan de los tiempos de la dinastía Han en la China antigua; una variante del juego llamado Tsu Chu permitía la participación femenina. Los juegos con pelota se rastrean hasta el siglo III A.C., pero el fútbol que vemos hoy se considera a partir de 1863 cuando se creó The Football Association; antes, en 1848, se reunieron varios colegios ingleses y se redactó el Código Cambridge que fue punto de partida para reglamentar el deporte. Estos datos dejaron claro el ácido comentario de Borges sobre el origen del fútbol. En 1892 se definieron reglas para evitar la violencia en el juego y hacerlo ‘socialmente aceptable' para las mujeres y ese año las féminas empezaron a jugar fútbol, el primer partido en Glasgow, Escocia. En 1894 Nettie Honeyball, activista de los derechos de la mujer, fundó el ‘British Ladies Football Club'. Pero, ante un juego considerado para hombres, las mujeres no encontraron buena acogida; jugaban fútbol, pero no eran reconocidas; desde el punto de vista científico se afirmaba que era deporte solamente para hombres, y que las mujeres debían dedicarse a otras disciplinas deportivas, tales como natación, atletismo, gimnasia o esquí. El panorama empezó a cambiar y el fútbol femenino fue oficialmente aceptado en 1969 por la Football Association (FA); aún así, aunque técnicamente capacitadas, ninguna mujer había sido árbitro, jueza de línea ni directora técnica en equipos masculinos; Alemania rompió esa barrera. En este deporte que mueve al mundo las mujeres están lejos de lograr el éxito que logran los hombres, creo que por estereotipos de larga data.

La magia del fútbol no la apaga la corrupción sistemática, enraizada en la cúpula de este comercializado deporte que genera millones de dólares; en 2015 la fiscal general de Estados Unidos reveló el esquema de 24 años de enriquecimiento ilícito mediante sobornos, fraude electrónico, lavado de dinero, tráfico de influencias, etc., $200 millones según los cálculos. Lamentable que entre los 16 dirigentes latinoamericanos acusados está el expresidente de la Federación Panameña de Fútbol 2000-2011 y miembro del Comité Disciplinario FIFA; favorecido por nuestras autoridades por ‘prescripción de la causa', fue expulsado por el Tribunal Arbitral del Deporte para toda actividad de fútbol. Deseo, como el resto de los panameños, que nuestro equipo triunfe y cualquiera que sea el resultado aquí los esperaremos agradecidos del esfuerzo que hayan hecho. Cierro sin haber usado las letras r y m en mayúscula, y con mi disculpa al país anfitrión por omitir su nombre.

COMUNICADORA SOCIAL.