La Estrella de Panamá
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18 de Oct de 2019

Belisario Herrera A.

Columnistas

Del grito altisonante a la Ley

Hemos superado por casi dos mil años el momento en que Cristo, el Hijo de Dios, fue condenado

Hemos superado por casi dos mil años el momento en que Cristo, el Hijo de Dios, fue condenado, no por lo que hizo, sino por lo que dejó de hacer o dejó de decir, y en acatamiento al Imperio romano, Poncio Pilato se ciñó en pedirle a la muchedumbre muy exaltada a quién dejaba libre, a Barrabas o a Cristo. Claro que en el fondo de su conciencia Pilatos dejó traslucir la duda de la decisión que había tomado la muchedumbre para mandar a crucificar a un inocente y dejar libre a un atorrante como el mencionado Barrabas. Los que hemos leído algo de nuestra historia sagrada sabemos que Poncio Pilato estuvo indeciso en la decisión que tomó la muchedumbre, hay aquella frase suya del mismo Poncio Pilato cuando dijo: ‘Yo me lavo las manos, no encuentro culpa en este inocente', pero aún así tenía que acatar el mandato del Imperio romano y esa etapa de crucifixión del Hijo de Dios en medio de dos ladrones, el uno que pidió perdón al Altísimo y el otro que retuvo sus pecados, al que se arrepintió Cristo le dijo: ‘Esta tarde estarás conmigo en el paraíso'.

Muchas veces en mis meditaciones he pensado en la triste figura del traidor que fue Judas, pero así como el ladrón se arrepintió y fue perdonado, no así Judas que se autoejecutó y le faltó inteligencia y el tiempo necesario para pedirle perdón a Cristo, porque su mente estaba muy perturbada y estaba fuera de sí, no creo que esta interpretación lleve a un fanático religioso a decirme que estoy equivocado y que Judas no tenía perdón. Todos los días oímos a los predicadores que quien se arrepienta Dios lo perdona y el que no le quedan sus pecados retenidos.

Claro que, como abogado, el caso del expresidente Ricardo Martinelli ya han pasado muchos siglos para que pensemos que un simple arrepentimiento lo podría eximir del castigo, si fuera inocente de los cargos que se le investigan en su contra, ya que en estricto derecho todos los que estamos siguiendo la audiencia estamos de acuerdo en que se le aplique el debido proceso para que la Corte llegue a una decisión ajustada a la Ley. En mi caso, como abogado, nada puedo adelantar cuál será el final de este juicio, ya que no podemos partir de las opiniones panfletarias de sus posibles conductas ilegales durante su conducción como gobernante de este país. Lo malo es que el propio Martinelli ha cometido una serie de jugarretas desde el 2015 en que él, si se hubiera considerado inocente y hubiera enfrentado a la justicia y no a la escapatoria hacia territorio norteamericano y para mala suerte suya teniendo como muy amigos a los norteamericanos, fue detenido o encarcelado en ese país y, confiando en sus buenos abogados, esperaba que quedara en algún momento bajo la protección de Estados Unidos. Todos recordamos aquella famosa carta en que él le había servido con mucha lealtad al país del norte en medidas totalmente ilegales a la luz del derecho internacional, cuando puso impedimentos para que no pasara por el Canal, de retorno a su país desde Cuba, un barco coreano y otros actos arbitrarios como presidente y que son de dominio público.

Este juzgamiento de un presidente en nuestro país es un interesante precedente para que otros gobernantes se aconducten en el poder y no piensen que el poder es su hacienda privada. Todavía Martinelli no para de recurrir a distintos subterfugios para evadir la justicia, ya que se ha estado resistiendo a asistir a las audiencias, por lo que ha sido llevado a la fuerza. Desde el principio ha estado fingiendo distintas enfermedades y los resultados le han sido adversos, puesto que han sido testimoniados por especialistas que su estado de salud es satisfactorio y los males crónicos que padece se controlan con medicamentos dentro de un establecimiento carcelario.

El mejor consejo para el exgobernante es que consulte con su conciencia en la soledad de su encierro, mientras sus distinguidos abogados, muy bien pagados, hagan su trabajo y los magistrados el suyo y esperamos que sea conforme al Derecho.

ABOGADO Y PERIODISTA.