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22 de Oct de 2020

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Modesto A. Tuñón F.

Columnistas

Doble moral y redes sociales

La principal preocupación de quienes se dedican al quehacer y los estudiosos de la comunicación ha sido siempre el impacto o las consecuencias.

La principal preocupación de quienes se dedican al quehacer y los estudiosos de la comunicación ha sido siempre el impacto o las consecuencias que dicho proceso ocasiona tanto a muy pequeña o íntima escala, como en la esfera masiva. Y uno de los aspectos más relevantes en esto, lo constituye el alcance ético y la desinformación que tiende a desdibujar la realidad y reproducir una narrativa deformada.

Por esa razón, hubo hasta una derivación de la ética especializada hacia este campo: la deontología, que se ocupó de crear una base de principios sobre los que debían erigirse cada una de las actuaciones de quienes intervienen en tal conjunto de interacciones. Y esto fue fundamental porque el advenimiento de la masividad en la audiencia produjo múltiples efectos tanto en lo personal como en diferentes estadios y hasta en la relación poder-sociedad.

Algunos expertos resaltan entre esas consecuencias, la afectación de ‘nuestras opiniones, actitudes, conocimientos y conductas', como considera Charles R. Wright. Con el propósito de manejar estas acciones y conducir los enfoques, se manipula la información; que logra ‘disminuir las fuentes y los objetivos reales' en pos de una expresión deformante e interpretación errónea de la realidad, según Parés I Maicas.

El sujeto de estos conceptos logra navegar a través de toda la modernización de la tecnología que caracteriza los medios de comunicación; así como las dinámicas que aparecen en el presente siglo. A cada paso que se avanza, aparece paralelamente una muestra de esquemas que se sirven de los modelos existentes para conseguir los síndromes de dominación mental, que limitan la libertad de espíritu y pensamiento independiente y responsable.

Las redes sociales son un nuevo escenario que ha tenido un desmesurado avance en la vinculación comunicativa a escala planetaria. Los impedimentos económicos y de sofisticado empleo de implementos técnicos han sido borrados con la posibilidad de captar un destinatario multitudinario y sin mayor esfuerzo que redactar un breve texto y ponerlo a circular en un espacio —ni siquiera físico— electrónico, sin límites de velocidad o dimensión.

Esto permite que ciertos grupos puedan dedicarse a engendrar con sofisticación, mensajes que se distancian de la certitud y que han adquirido hasta denominación; ‘noticias falsas' o el onomatopéyico título de ‘fake news' (en inglés), que incluso ha creado una nueva profesión a quienes se hacen artífices de su operación.

Por esa razón, los manejadores de opinión; entre ellos, los conductores de la comunidad ‘community managers' o los influenciadores ‘influencers', deben debatirse sobre cuál es el verdadero negocio; si trabajar con la verdad o por el contrario, la mentira para ganar popularidad y éxitos en su esfera de intervención. La demanda es tan grande en el mercado, que convierte su labor en una cúspide de acuerdo con el nivel de éxitos logrados.

Los múltiples ejemplos mundiales en las temporadas eleccionarias durante la presente década, demuestran el peso que tiene la organización de iniciativas basadas en noticias falsas para reducir la credibilidad de ciertos grupos políticos, candidatos o figuras públicas. El procedimiento implica inmiscuirse en el universo virtual, sembrar mensajes que ocasionen la desconfianza, ponerlos a rodar en pendiente como un alud y sentarse a esperar.

En ocasiones, ciertos sectores de poder se tientan a buscar terceros personajes que se ocupen de ‘colar' cierta información o campañas que pueden disminuir el carisma o peso en determinados sectores y posibles votantes. Esto trae nuevamente al tapete el asunto que expone Javier Darío Restrepo; ‘…la ética no es asunto de conocimiento, sino de sensibilidad. Se tiene sensibilidad ética'.

Ojalá que el nuevo proceso electoral en el país tenga una base en que no dominen estos nuevos piratas incógnitos que exhiben impunemente esas viejas armas con renovados ingredientes de destrucción de la racionalidad.

PERIODISTA