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02 de Jun de 2020

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Modesto A. Tuñón F.

Columnistas

Compromisos universitarios impostergables

‘¿Cuál pudiera ser el balance de lo que ocurre en la educación de tercer nivel en Panamá en las condiciones presentes y qué se espera de ella?'

Un diálogo con dos amigas produjo un diagnóstico orientador de lo que ocurre en dos centros superiores de educación del país. En una universidad estatal varios trabajadores conversaban sobre la despreocupación en torno a la asistencia y sus compromisos con las tareas rutinarias. En una casa de estudios privada, la llegada del último rector, ha producido más de cien despidos de colaboradores y profesores; esto mantiene un clima de intranquilidad.

Hay dos panoramas en estas casas de estudios. En una, sus funcionarios, sobre los que se asienta la gestión cotidiana, expresan el desánimo y justifican la falta de calidad en el desempeño de sus tareas. En la otra, la conducción de la más alta autoridad crea un estado de inquietud que conduce incluso a la disminución de la población estudiantil, el principal recurso en los objetivos de generación del conocimiento.

¿Son estos ejemplos muy específicos, un indicador de la situación del sector en el país? ¿Cuál pudiera ser el balance de lo que ocurre en la educación de tercer nivel en Panamá en las condiciones presentes y qué se espera de ella? Durante la última mitad del siglo XX y la primera década del actual, la enseñanza superior pasó de dos universidades (una estatal y otra privada) a cinco entidades públicas y alrededor de 40 centros particulares.

Es necesario identificar cuáles son las bases filosóficas que orientan la formación de profesionales para una época tan diferente a la existente cien años atrás. Los retos que impone la realidad ahora y posteriormente cambian por completo las perspectivas del futuro que se viene encima. La cultura, las nuevas tecnologías modifican la plataforma sobre la que descansa el proceso de enseñanza-aprendizaje universitario.

En un encuentro internacional de UNESCO que analizó la situación de la educación universitaria, se planteó un horizonte muy esclarecedor. En su primer esquema, ‘La responsabilidad social de la educación superior' se resaltaron seis condiciones que deben articular totalmente la planificación, estrategias ejecución de tareas y desempeño de los actores que intervienen en la realidad de la enseñanza en este sector.

La primera dice que ‘la educación superior, en tanto que bien público, es responsabilidad de todas las partes interesadas, en particular de los gobiernos'. Si bien se comprende que hay una autonomía en el desenvolvimiento de la actividad universitaria, es un compromiso de la sociedad en su conjunto, el destino que tenga esta institución concebida en su globalidad.

Ella también tiene el encargo social de promover la comprensión de ‘problemas polifacéticos' con dimensiones sociales, económicas, científicas y culturales, así como la capacidad de hacerles frente. En otra, se formula que sus centros ‘deberían centrarse' con énfasis creciente en aspectos interdisciplinarios; promover el pensamiento crítico y el tipo de ciudadanía que contribuya al desarrollo sostenible, la paz y el bienestar.

Igualmente, se propone además de dotar de competencias sólidas para el mundo de hoy y de mañana, contribuir a la formación de ciudadanos investidos de principios éticos, comprometidos con la construcción de la paz, la defensa de los derechos humanos y los valores democráticos. Otro aspecto es alcanzar más información, apertura y transparencia en materia de diversas misiones y actuaciones de cada establecimiento de enseñanza.

Y por último, esboza a la autonomía como requisito indispensable para que los establecimientos de enseñanza puedan cumplir con su cometido ‘gracias a la calidad, la pertinencia, la eficacia, la transparencia y la responsabilidad social'.

Un modelo de trabajo que tome en cuenta al menos estos conceptos, impactará en su trascendencia nacional y convertiría el conjunto de los emprendimientos de intramuros en verdaderos escenarios de producción del conocimiento para dar a Panamá, una proyección no solo local, sino también internacional. La calidad universitaria es un compromiso impostergable que nos corresponde a todos.

PERIODISTA