Temas Especiales

02 de Apr de 2020

Daniel Delgado-Diamante

Columnistas

El que más consulta, construye democracia

La pérdida de valores personales, familiares y a niveles organizacionales deteriora más a nuestra sociedad.

El candidato presidencial del Partido Revolucionario Democrático (PRD), Laurentino ‘Nito' Cortizo, ha iniciado un proceso de consultas a diversos sectores del país, con el propósito de sumarlos en la construcción de un plan de Gobierno nacido de las entrañas de la ciudadanía, en base a propuestas surgidas desde la población, que sufre las dificultades por la falta de acción gubernamental para resolver sus ingentes problemas. Ello se refiere a nuestro papel en el hogar, en el trabajo y como ciudadanos destinatarios de los planes de desarrollo del Estado y, por lo tanto, partícipes de su formulación y realización.

Muchas veces actuamos pasivamente o como simples espectadores. En otras ocasiones, actuamos como meros críticos y despotricamos contra el Gobierno de turno al no obtener soluciones. Nos hemos acostumbrado a una democracia representativa y dejamos exclusivamente en manos de las figuras electas por el voto popular la solución de los problemas del país, sin darnos cuenta de que muchas veces somos responsables de elegir a los peores, sobre la base del clientelismo y compra-venta de nuestro voto.

Ciertamente, la democracia implica mucho más que eso. Incluye la participación de los actores sociales en la elaboración de los planes y proyectos de desarrollo del país y la supervisión del gasto público de manera honesta y responsable. También en la formulación de propuestas sobre determinadas situaciones que afectan a una gran parte de la población. Ello nos obliga, de manera consciente, a levantar la voz de protesta cuando está en juego el futuro del país, lo cual es un derecho de todos los ciudadanos, siempre en base a planteamientos objetivos y serios.

El político Enrique Múgica Herzog, por 10 años defensor del Pueblo del Reino de España, lo expresó así: ‘La democracia no es el silencio, es la claridad con que se exponen los problemas y la existencia de medios para resolverlos'.

La pérdida de valores personales, familiares y a niveles organizacionales deteriora más a nuestra sociedad. Sus consecuencias generan fenómenos como la corrupción, el clientelismo, y crean desesperanza e incredulidad sobre las autoridades, en forma general.

Muchas de las dificultades que aquejan al país o de las cuales nos lamentamos a diario, son consecuencia directa de nuestras propias acciones u omisiones. La indiferencia consciente o inconsciente, de algunos de nosotros ante el dolor ajeno o sobre problemas de la comunidad donde residimos, forma parte del panorama que vivimos como país. El trabajo conjunto entre los moradores y sus autoridades, ahora parece ser la excepción, no la norma.

En lugar de participar en la protección del medio ambiente, nos quejamos de los desastres, como inundaciones y derrumbes. Pero muchos de ellos son resultados de la acción irresponsable de los ciudadanos, tanto como de la práctica de políticas gubernamentales que no toman en cuenta la protección del medio ambiente. También, esto tiene que ver con el desarrollo de proyectos multimillonarios e intereses particulares, que a la larga causarán un impacto negativo al ecosistema que lo circunda, en perjuicio de los ciudadanos que habitan en su entorno.

Afortunadamente, durante los últimos años en Panamá, la sociedad civil, clubes cívicos y organizaciones sociales han trabajado en temas de interés y levantan su voz ante situaciones que ameritan especial atención. Ellos desarrollan una labor loable en beneficio del país, ya que la administración pública no solo es responsabilidad de gobernantes y funcionarios.

Todos los panameños tienen la obligación, así como el derecho, de tomar parte de las decisiones que afectan el futuro del país, particularmente la administración y el manejo de los recursos públicos, para garantizar el buen gobierno de las autoridades. Ello no significa cogobernar al país. Pero a veces nuestros funcionarios no procuran la colaboración ciudadana, sino buscan asideros en fuerzas que, por su naturaleza e intereses, poco les importa la democracia o la lógica institucional.

La participación inclusiva de los ciudadanos en el proceso democrático ayuda a garantizar la gobernabilidad y el ejercicio apropiado del poder del Estado. La consulta de los diversos sectores que ha iniciado el candidato del PRD implica tolerancia, aportación de ideas y entendimientos para el buen ejercicio del futuro Gobierno. Eso, finalmente, significa participación ciudadana responsable.

Elegir a los candidatos que nos representarán debe hacerse sobre propuestas realistas para resolver la problemática de la nación panameña. No puede ser un buen candidato aquel que desconoce la situación social y económica de su entorno. Allí radica realmente el poder del voto: elegir a quienes demuestren voluntad de trabajo con inclusión ciudadana participativa.

ABOGADO