La Estrella de Panamá
Panamá,25º

16 de Oct de 2019

Iván A. Ricord B.

Columnistas

La invasión de 1989: acción injustificable

‘Las mentiras esgrimidas por Bush para invadir y masacrar a los panameños quedaron al descubierto cuando, finalmente, se comprobó que el objetivo era destruir las fuerzas militares [...]'

En la madrugada del 20 de Diciembre de 1989, mientras los panameños se preparaban para celebrar la Navidad, 26 000 soldados estadounidenses, con sigilo y con una exagerada fuerza y violencia militar, realizaron un ataque rápido, intenso, despiadado y desproporcionado a la República de Panamá, al cual denominaron eufemísticamente ‘Causa Justa'.

La invasión se trató de justificar mediante una campaña mediática a todos los niveles para convencer, incluso a los panameños, de que era la única forma de deshacerse del dictador. Sin embargo, Noriega había sido durante muchos años un confiable colaborador de la CIA en asuntos de inteligencias militar. Fue un traidor a su propio país brindando valiosa información a los Estados Unidos sobre la situación política de Panamá, Centroamérica y el continente. Desde muy temprano en su carrera militar fue emplanillado con jugosos emolumentos. Cuando el presidente Bush asumió la dirección de la institución de inteligencia estadounidense, Noriega fue ascendido y se le mejoró ostensiblemente su salario, ‘desde los años 60 y quien bajo la dirección de George Bush padre tuvo un aumento de sueldo de más de 100 000 dólares al año, eximiéndolo del requisito de proveer reportes sobre el narcotráfico en Panamá'.

Durante un largo periodo la CIA defendió a Noriega por los servicios que prestaba a los intereses estadounidenses. Colaboró eficientemente en el traslado de armamento para los contras nicaragüenses. Mientras desempeñaba esa tarea nadie lo acusaba de ser narcotraficante y su actividad ilegal se hizo imperceptible. Solo cuando ‘su hombre en Panamá' se negó a colaborar en el incumplimiento de los Tratados firmados en 1977 que preveían la salida de las bases militares en el país en el año 2000, Noriega se convirtió en ‘el narcodictador más feroz de América Latina'. En 1986 perdió la confianza de los estadounidenses, debido a que sus protectores en la CIA habían caído en desgracia.

La invasión no tomó en cuenta el sufrimiento de los civiles panameños. Solo se enfocó en Noriega (que finalmente se escapó) y en la destrucción del ejército panameño.

Ramsey Clark, quien fue procurador de la Estados Unidos en la década de 1960 y presidió la Comisión Independiente sobre la Invasión, declaró ‘hubo el uso inconcebible e injustificable de fuego a Panamá'. Dijo: ‘El ejército norteamericano utilizó un armamento bélico de última generación, desconocido y hasta en fase de experimentación, ... es casi seguro que todo ese equipo se usó para probar su efectividad, porque hubo una muestra de fuerza excesiva injustificable'. Fue, en conclusión, ‘la guerra que empezó todas las guerras' posteriores a la Guerra Fría.

Según el informe de Clark, el número de civiles que perdieron la vida durante la invasión pudo haber llegado hasta 4000, cuyos cuerpos fueron sepultados en fosas comunes, botados al océano o quemados hasta quedar convertidos en cenizas.

Las mentiras esgrimidas por Bush para invadir y masacrar a los panameños quedaron al descubierto cuando, finalmente, se comprobó que el objetivo era destruir las fuerzas militares con algún atisbo de nacionalismo y preservar las bases militares existentes en la zona del canal.

PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD DE PANAMÁ.