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16 de Oct de 2019

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Mario Velásquez Chizmar

Columnistas

Prisión abierta

Ofrecer fórmulas viables de solución a los complejos problemas que históricamente se han adherido a nuestra vida democrática, sin subvertirla

Ofrecer fórmulas viables de solución a los complejos problemas que históricamente se han adherido a nuestra vida democrática, sin subvertirla, constituye una señal inequívoca de la sensatez y honestidad del ciudadano que aspire a convencernos de su mérito para elevarlo a presidente de la República. Todas las ofertas electorales, coinciden en una mejoría cualitativa de la educación, pero es menester escudriñarla, apuntando a descubrir el motor de su impulso y la posición que le otorgan los candidatos en su escala de prioridades. Teniendo en cuenta también que, la respectiva cavilación, debe alumbrarnos para respaldar una propuesta seria y factible; porque obliga a ponderar primero el factor social del tema: la realidad del peso específico y características propias del problema de la educación y su influencia en la democracia.

Muchas pruebas existen en este planeta de que la democracia cumple su cometido en función de las oportunidades e impedimentos que presente la sociedad. Resulta contradictoria, contrahecha y aberrante la democracia ‘funcional' ante una justicia que vende sus fallos y puede ver tras la venda; la democracia fracasa cuando subsiste con bolsones urbanos y rurales de pobreza donde pulula la desigualdad. Mientras la educación sea un instrumento de dominación y se utilice para mantener diferencias sociales e ignorancia generalizada y paralizante, la democracia nunca madurará, sino que oscilará en el bochornoso péndulo del clientelismo y el peligro de su cancelación. El desarrollo integral clamado por nuestra Nación, demanda un nuevo Gobierno que conciba la educación como un instrumento de liberación, donde pensar reemplace el memorizar; y donde los productos lanzados al mercado por el sistema, cuenten con las herramientas necesarias para poner a ‘volar' el país.

Escoger la propuesta trazada en este derrotero, nos lleva hacia las filas de la oferta de Nito Cortizo. Veamos: 1) Blandón, como primer acto de Gobierno, insiste en someter a este país, tan necesitado y ultrajado, a otra sacudida más, llamada constituyente, y eso es volver a sacrificar la educación; 2) Roux aboga por una educación de calidad dentro de la concepción empresarial de mejor preparación de la mano de obra para incrementar las ganancias, lo cual es una visión estrecha y mezquina del tema educación; 3) Los candidatos ‘por libre postulación', hasta ahora, no han definido una única y clara propuesta independiente sobre la educación que, eso sí está definido, la hacen sucumbir ante el agitado mar de la constituyente (agravada con el ingrediente de ‘originaria'); 4) Méndez no ha podido superar la confusión entre educación y adoctrinamiento, como consecuencia de impulsar valores y estilos de vida alejados de nuestras costumbres y necesidades de libertad; y 5) Cortizo entiende la educación como la ‘estrella que brillará y guiará el futuro' de Panamá. Adopta así la postura de una educación como vehículo privilegiado para dotar al ser humano de la capacidad de pensar con rigor científico y lógica, de manera que alcance una verdadera superación profesional y personal, en un ambiente de libertad, que produzca un tangible crecimiento económico de toda la sociedad, acercándonos así al anhelado y merecido bienestar social.

Cambiar muchas reglas del juego, es una aspiración legítima, especialmente en la Asamblea Nacional y el Órgano Judicial, pero más urgente es demostrar que han llegado al poder los dirigentes realmente comprometidos con el pueblo, aquellos capaces de cumplir sus obligaciones, de darle la cara a los problemas, de atraer la participación ciudadana y de resolver. Panamá, guardadas proporciones, es como una prisión sin barrotes en la que puedes entrar y salir en cualquier momento; en cuyas lindes geográficas, no obstante, está conculcada la libertad de un pueblo diezmado en sus oportunidades, en cada uno de sus ciudadanos decentes, en pleno Siglo XXI. Este es un pueblo noble que ansía y merece una educación que facilite su incorporación al desarrollo productivo de una Nación libre, para alcanzar altas y sostenibles calificaciones en materia económica que beneficien a todos. Pero esta jaula, donde la etapa de formación del motor de este país está amarrada a arcaicos conceptos y vetustas prácticas impulsadas por torcidos custodios, merece ser asaltada y derruida como en su día lo fue La Bastilla. La naturaleza del problema educativo es tal que, resulta una cruel traición a este pueblo, supeditar su tratamiento a un aluvión social como es la constituyente. Claro que un nuevo orden constitucional es necesario, pero avanzar significa comenzar convenciendo a este esquilmado y timado pueblo de que tiene la capacidad para mejorar las cosas rompiendo sus cadenas de ignorancia, que no somos otros más del montón, que también nosotros, tú y yo estamos hartos de estudios, diagnósticos y reformas de la superestructura jurídica (Ley piropo), como medio para encubrir la incapacidad y justificar la demora en solucionar los problemas del diario vivir. ¡Hagamos brillar la educación!

ABOGADO