• 28/02/2026 20:51

Diplomacia aérea: política de prestigio

!El servicio de aviación ha desarrollado sus actividades de forma eficiente correspondiendo a los fines de su creación. En febrero del presente año han obtenido diploma de pilotos-aviadores doce oficiales, que terminaron sus estudios y práctica reglamentaria. Para perfeccionar sus conocimientos han sido enviados al extranjero tres jefes y siete oficiales. En el presente año ha iniciado sus estudios una nueva promoción compuesta por tres subtenientes y nueve sargentos primeros y segundos, que fueron seleccionados después de un severo concurso. Se han efectuado 2118 vuelos, sin que se hubiera tenido que lamentar ningún accidente desgraciado en los vuelos de aeródromo de la Escuela” (Fragmento del Discurso a la Nación del presidente Augusto B. Leguía, 28 julio 1927, Día del Perú).

En la década del ‘20 al ‘30 del siglo pasado acontecieron una serie de iniciativas aéreas, los llamados “vuelos de confraternidad”, con el propósito de acentuar el prestigio cultural y tecnológico de los Estados Unidos y de las potencias que resultaron victoriosas en la Gran Guerra. Así, mientras Lindbergh visitó México y el istmo en 1928, los franceses Dieudonne Costes y Joseph Le Brix arribaron a Perú en diciembre de 1927 piloteando su Nungesser-Coli, avión modelo Breguet 19, como parte de una travesía tan audaz como la de Lindbergh porque unieron París con el Atlántico Sur -visitando Montevideo, Buenos Aires, Rio de Jainero, La Paz, Santiago- dentro de un ambicioso proyecto de dar la vuelta al mundo. El reportaje fue publicado en la peruana revista Mundial -de difusión continental- a cargo del periodista Aramburú conocido por sus entrevistas a personalidades del ambiente cultural sudamericano (Revista Mundial nro. 394, año VIII, 30 de diciembre 1927).

Durante los doce días de su estadía en Lima “los franceses realizaron numerosos vuelos de demostración a bordo de su aeroplano, buscando captar –infructuosamente- el interés de los militares peruanos. Finalmente, el 11 de enero de 1928 partió desde ‘Las Palmas’ el Nungesser-Coli con rumbo al aeródromo ‘Simón Bolívar’ de Guayaquil, Ecuador” (WordPress, 2025). En aquellos días el interés peruano por la defensa aérea se debatía entre aviones de factura estadounidense o italiana por lo que, aunque loable, la política de prestigio francés llegaba con retraso en este campo.

Llevados por necesidades económicas, los italianos habían sido ingeniosos para ofrecer su excedente de material de guerra en América Latina concluida la Primera Guerra Mundial. Con el Perú no solo lograron acordar la presencia de una misión aérea italiana sino también la instalación de un aeródromo (‘La Palmas’) donde pudiesen ensamblarse los aviones que, por piezas, enviasen a tierras incas (base en la que, pocos años después, aterrizaron Costes y Le Brix). Para hacer más atractiva la oferta, prácticamente regalaron un avión Ansaldo A300. Ante estas iniciativas los norteamericanos no se quedaron atrás y enviaron una escuadrilla -la “Loening”- compuesta por cinco hidroaviones que en un raid propagandístico panamericano comprendió -entre otras ciudades- Panamá, Lima, Ilo y Santiago.

Para los países visitados por los vuelos de confraternidad, particularmente para el Perú, significó la oportunidad para ventilar ante la opinión pública local sus requerimientos de defensa y de actualización tecnológica que el mundo de entre guerras mostraba con febril entusiasmo comercial. Así, en 1929, Perú y Chile, que mantenían aún una situación limítrofe sin resolver, decidieron avanzar hacia un tratado definitivo y aprovecharon el raid del avión español “Jesús del Gran Poder” (un Breguet 19) piloteado por los capitanes peninsulares Jiménez e Iglesias. “El presidente chileno Carlos Ibáñez designó a sus tripulantes con el honor de ser portadores del documento jurídico que zanjaba definitivamente el problema de límites fronterizos entre el Perú y Chile, con el retorno a la soberanía peruana de los territorios de Tacna y Tarata. Tras tocar tierra en ‘Las Palmas’ el Capitán Jiménez oportunamente hizo entrega del citado documento al presidente peruano Augusto B. Leguía, en ceremonia protocolar realizada en Palacio de Gobierno” (WordPress,2025)

Volviendo a Lindbergh, él visitó Panamá el 9 de enero de 1928 como parte de un raid que, por primera vez, hizo con su famoso aeroplano uniendo México con Centroamérica. Fue recibido y condecorado por el presidente Chiari. El resultado de la visita fue que aseguró el mercado panameño para los aparatos estadounidenses.

El Perú también realizó vuelos de confraternidad desde 1935, el más famoso de ellos fue el realizado por la escuadrilla del teniente comandante Armando Revoredo compuesta por cinco Douglas 8A-3P. “El 23 de marzo de 1940, iniciaron una travesía que los llevó por las principales ciudades de Latinoamérica, realizando visitas oficiales a las ciudades de Quito, Bogotá, Caracas, Paramaribo, Belén do Pará, Fortaleza, Río de Janeiro, Asunción, Montevideo, Buenos Aires, Santiago de Chile y La Paz antes de retornar a Lima” (WordPress,2025). Estas pinceladas muestran cómo ha cambiado el papel que la diplomacia aérea jugó en las relaciones bilaterales de Latinoamérica en los últimos noventa años.

El autor es exembajador del Perú en Panamá
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