La Estrella de Panamá
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22 de Oct de 2019

Nadhji Arjona

Columnistas

¡Salud, viejo amigo!

Tal como lo hacemos los seres humanos, así se saludarían dos Estados que tienen ya un poco más de medio siglo de conocerse y sus lazos de amistad

Tal como lo hacemos los seres humanos, así se saludarían dos Estados que tienen ya un poco más de medio siglo de conocerse y sus lazos de amistad son incontables desde finales de la década de 1948. En noviembre de 1947, la Asamblea Plenaria de la Organización de las Naciones Unidas formó la Comisión de Palestina, con el propósito de estudiar la situación de dos pueblos, judíos y árabes, que exigían su derecho a vivir en ese lugar. El brasileño Osvaldo Aranha presidía la Comisión y presentó el Plan de Partición de Palestina recomendado por la UNSCOP. Fungía como Embajador de Panamá en la Comisión el Dr. Eduardo Morgan Álvarez, abogado e intelectual de carácter muy humanitario, que parecía tener en sus manos las razones éticas de la situación. ‘El pueblo judío ha tenido más mártires que héroes, más sabios que políticos, más pacifistas que guerreros y más víctimas que victimarios…', expresó Eduardo Morgan, persuadiendo uno a uno a los comisionados, principalmente a los latinoamericanos y caribeños. El resultado fue la aprobación de la Partición de Palestina en dos Estados, uno judío y otro árabe; hubo 33 votos a favor, 13 en contra y 10 abstenciones. Los Estados Unidos y la U.R.S.S. también aceptaron la resolución con su voto. Satisfecho con el resultado y enardecido por su triunfo, el Dr. Morgan viajó a la isla de Chipre, donde consiguió liberar a varias decenas de judíos procedentes de los campos de concentración nazis, a quienes se les impedía viajar a la Tierra de Israel, patria ancestral del pueblo judío que había sido masacrado en Europa.

Dos semanas después, como consecuencia de la Partición de Palestina, la Liga Árabe aprobó otra resolución en rechazo a la expedida por la ONU, al mismo tiempo que proclamaba su amenaza de destruir por las armas cualquier intento de establecimiento del pueblo judío, pero esta amenaza no los arredró.

Conscientes de su derecho a vivir en Eretz Israel (Tierra de Israel), cuna de sus antepasados, el 14 de mayo de 1948, el pueblo judío proclamó el Estado de Israel, con el anhelo de que formara parte de la familia mundial de naciones. Nos regocijamos al comprobar que la República de Panamá fue uno de los cinco primeros países que reconocieron al Estado de Israel, mediante la Resolución Número 1856 del Órgano Ejecutivo, firmada el 18 de junio de 1948 por el Presidente Enrique A. Jiménez, quien declaró que ‘Panamá reconoce a Israel como Estado soberano, plenamente investido de la personalidad internacional.'

Poco después de la proclamación del Estado de Israel, miles de judíos que residían en los países árabes sufrieron masacres, destrucción y saqueo de sus propiedades, principalmente sinagogas e instituciones comunitarias. Miles de ellos huyeron a América, donde hallaron refugio. Los judíos que vinieron a vivir a Panamá fueron aceptados y sus descendientes nacidos en este país son panameños de nacimiento inscritos en el Registro Civil. Se fortaleció el comercio y la pequeña industria, en tanto que algunos buscaron la producción agrícola. La comunidad judía panameña ha participado activamente en el desarrollo económico, social, educativo y cultural de este país.

Tanto la declaración de la Sociedad de las Naciones en apoyo a la patria judía como la declaración de independencia del Estado de Israel, postulan que los derechos de todas las personas, no importa su raza o religión, serían salvaguardados. En la actualidad, hay 8 millones de ciudadanos en Israel, de los que 1.7 millones son ciudadanos árabes (más del 20% de la población total), quienes gozan plenamente de todos los derechos y libertades. Es una gran satisfacción que desde la época del ilustre ciudadano Eduardo Morgan Álvarez, hasta hoy, las relaciones bilaterales entre ambas naciones se hayan cimentado en valores compartidos y cooperación en diversas áreas, como lo son hoy alta tecnología, agua, agricultura, educación, entre otras, que permiten un intercambio continuo de experiencias y conocimientos. La comunidad judía en Panamá ha participado activamente en el desarrollo económico, social, educativo y cultural de este país; por otra parte, el intercambio con Israel en educación y otros conocimientos, ha sido frecuente.

El 29 de mayo de 1968, el Consejo Municipal emitió el Acuerdo Municipal No. 31, por medio del cual se daba a una de las principales arterias de la ciudad el nombre de Vía Israel. Esta decisión se tomó ‘en consideración a los históricos y cordiales vínculos de amistad, religiosos y culturales entre la República de Panamá y el Estado de Israel. Medio siglo después de haberle dado la denominación Vía Israel a esa importante avenida, los amigos vuelven a estrechar las manos con un fervoroso ‘¡Salud, amigo!' de aprecio y solidaridad humana.

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