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30 de Mar de 2020

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Ramón Fonseca Mora

Columnistas

¿El socialismo funciona?

‘Lo que derrumbó al socialismo en todos lados [...] fue la lucha interna en los habitantes de los países socialistas entre esas dos fuerzas (solidaridad/compasión y ambición)'

Cuando hablo de socialismo me refiero a aquel que fue concebido por Marx, pero principalmente Lenin, en el que las vidas y los actos de los seres humanos están completamente sometidas a los dictámenes del Estado. No hablo de otros experimentos, medio socialistas, como los de los países nórdicos de Europa, que han tomado solo algunos elementos de esta doctrina. Ni de la China de hoy, que permite y fomenta, con éxito, la iniciativa privada. Hoy en día quedan pocos de aquellos fósiles del siglo pasado que intentaron imponer esa doctrina, a la economía y a las vidas privadas de sus ciudadanos, con toda la fuerza del poder tomado: la Cuba castrista, Corea del Norte, y en menor escala, Venezuela, que intenta hacerlo, sin mucho éxito.

Durante mi juventud en el mundo se abrían dos caminos: el capitalismo y el socialismo. Las disputas entre ellos por la conquista de las mentes y corazones de gran parte de la Humanidad se tituló ‘La Guerra Fría'. En muchos países, incluyendo Europa y EUA, y en América Latina, incluida Panamá, el principal debate entre jóvenes era acerca de cuál de los dos sistemas económico/políticos sería más eficaz para traer el bienestar y felicidad a las grandes masas de pobres del mundo. Aquello generó muchas guerras civiles y locales, principalmente en Asia, África y América Latina. Yo, joven comprometido con mi época y mi país, participé en todo aquello. Confieso que las promesas del socialismo de un Estado bondadoso, equilibrado y justo, tomando control de todo, me atrajo; al igual que a millones de jóvenes y personas del mundo entero. ‘Todos somos iguales'. ‘Todos tenemos derecho a lo mismo', son verdades difíciles de oponerse a ellas. Las maravillas del paraíso socialista hicieron su marca y se ganaron el corazón de muchos. El liderazgo de esta doctrina la llevaba la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y sus aliados satélites en Europa del Este y en el mundo entero. Nos deslumbraban a todos con sus avances tecnológicos y científicos, como los de su programa espacial. También mantenían en jaque a los países capitalistas liderados por EUA con el desarrollo de su tecnología bélica, incluyendo sus misiles balísticos atómicos. Hubo años en que muchos consideraron que ganaría el socialismo. No obstante, de un momento a otro ¡todo cayó! El Muro de Berlín y el socialismo se derrumbaron estrepitosamente. Pareció entonces que habíamos estado solo ante un ‘tigre de papel', frase de Mao. ¿Qué sucedió?

El ser humano es algo especial. Lo mueven dos cosas principalmente: la solidaridad/compasión y la ambición. Lo que derrumbó al socialismo en todos lados —menos en esos países fósiles que mencioné— fue la lucha interna en los habitantes de los países socialistas entre esas dos fuerzas. La solidaridad hacia los demás está bien, pero solo hasta cierto punto. Mil veces más fuerte es la ambición; ese deseo interno dentro de cada uno de nosotros a que nosotros y nuestras familias vivan mejor. Y sumergidos en el socialismo, en donde solo el Estado (y la camarilla que lo domina) podía progresar —a costa del trabajo de muchos—, faltaba la motivación para avanzar y crear cosas nuevas. Por eso vimos que, mientras que en la Alemania del Oeste se creaban BMW y Mercedes, la del Este solo pudo parir un auto simple, rústico, que se quedaba parado en cada esquina. No es iluso entonces pensar que los habitantes socialistas soñaran con las riquezas del Occidente, y que comenzaran a ver el sistema en que vivían como opresor y retrógrado. Me tocó vivir tres meses en Rumanía asistiendo a una transacción económica, y visité varios de los países socialistas que la rodeaban. En todos encontré una población gris, no satisfecha, que ansiaba algún día poder vivir como sus vecinos en el oeste. Pero el socialismo, con su burocracia aplastadora, no les permitía utilizar sus recursos creativos humanos para crear productos y servicios diferentes a los que se habían acordado en sus famosos planes quinquenales, que les daba prioridad a asuntos como los armamentos y la producción de granos básicos. Todo esto hacía que sus economías fueran ineficientes y poco innovadoras.

Aún hoy hay individuos que sueñan con el socialismo, principalmente burócratas enquistados en Gobiernos y organismos internacionales. Seguro son personas con poca visión y emprendimiento —muchas veces envidiosos y resentidos—, incapaces de construir una empresa con sus cerebros y manos. Desean que el Estado nuevamente lo controle todo y que sea desde el Estado, en donde ellos están bien posicionados, desde donde se dicten todas las políticas sociales y económicas. Hay otros, más peligrosos, que buscan que organismos por encima de los Estados sean los que dominen. Ya vimos en el pasado que este ‘Estatismo mágico' no resultó ni en países chicos. Pero insisten, y tratan de imponer trabas a las iniciativas privadas de personas y países. Si los dejamos continuar, sumergirán al mundo en otra guerra fría llena de sufrimiento y agonía; en donde la eficiencia y la competitividad serán castigadas y prohibidas. Llegará, entonces, otra edad de hielo. Otro invierno, como el de ‘Juego de Tronos'. ¿Triunfarán? Dependerá de ti y de tu iniciativa y voz para que no consigan sus objetivos.

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