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10 de Apr de 2021

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Mireya Lasso

Columnistas

Receso de Semana Santa para pensarlo bien

‘[...] aprovechemos el receso de Semana Santa para pensar en lo que queremos para nuestra patria que sufre necesidades evidentes, pero que también tiene inmensas y excelentes oportunidades para progresar [...]'

Después de una irracional veda electoral impuesta por los diputados el año pasado —que confundió ‘campaña' con ‘propaganda publicitaria' para prohibirlas temporalmente por igual—, hemos entrado en un breve receso impuesto por la tradición religiosa de la mayoría del panameño. No está claro si el receso voluntario cubrirá los siete días de la semana o si solo se observará un par de días; pero tratar de distraer la atención del pueblo para apartarlo de su fervor religioso le resultaría contraproducente a quienes, a destiempo, intenten dedicarse a sumar adherentes políticos. Sin embargo, cualquier cosa es posible a las puertas del desenlace.

Varios son los aspectos sobre los cuales valdría la pena reflexionar. Uno es la altura y profundidad de la campaña a partir del Lunes de Carnaval; es decir, la cortesía y deferencia entre competidores cultos que eviten ofensas verbales o epítetos destemplados, así como la imprecisión y opacidad de sus propuestas. A pesar de que se haya manifestado figurativamente que el elector ‘quiere ver sangre', en general podría asegurarse que los candidatos presidenciales, personal e individualmente, han sido fieles a su compromiso formal de observar un alto estándar de conducta política, aunque en más de una ocasión los discursos hayan sido salpicados con afirmaciones exageradas o medias verdades, que son fácilmente discernibles. Esa conducta cívica es inmensamente sana y positiva para alimentar un electorado debidamente informado, que es lo ideal para emitir un voto a conciencia, aunque los debates presidenciales hayan sido mayormente calificados como fríos.

Donde se ha fallado, lamentablemente, ha sido en la campaña por la Alcaldía de la capital. No es posible negar que la filtración ilegal de conversaciones privadas de cualquier persona y especialmente de un candidato, sin tomar en consideración su contenido bueno o malo, viola flagrantemente la prohibición legal de escuchar y registrar conversaciones íntimas y, mucho peor, divulgarlas públicamente sin autorización de los involucrados. Del mismo modo, la reexposición en las redes sociales de incidentes bochornosos personales relacionados con un candidato, ya zanjados y explicados hace muchos años, con el evidente interés malévolo de perjudicar su aspiración política, no es más que un hecho que denigra más al victimario que a la víctima de la ofensa.

De otro lado, vemos con cierto pesar los ataques arteros y las críticas ácidas que se ensañan en contra del Tribunal Electoral, garante de la transparencia del proceso, de la equidad y pulcritud del sufragio y de la rápida transmisión de resultados correctos. Los ataques al Tribunal o a cualquiera de sus integrantes son disparos dirigidos a nuestros propios pies que pueden llevar a la pérdida de confianza en el proceso y en los resultados de las elecciones. Debemos recordar, es justo reconocer, que al TE le toca administrar las leyes tal como las aprobaron los diputados y respetar esas decisiones, cuan incompletas o ambiguas puedan terminar siendo. Son piedras al árbol del TE que causan daño a todo el proceso.

De ahí que este brevísimo receso para conmemorar el significado del martirio y resurrección del Hijo del Hombre nos permita ponderar las conductas de candidatos presidenciales, rechazar campañas denigrantes como las alcaldicias reseñadas, y reconocer el difícil trabajo del TE que debe aplicar las leyes tal cual las aprueba la Asamblea Nacional. Sobre todo, aprovechemos el receso de Semana Santa para pensar en lo que queremos para nuestra patria que sufre necesidades evidentes, pero que también tiene inmensas y excelentes oportunidades para progresar, si escogiéramos estadistas capaces de guiarnos al futuro que nos merecemos, en lugar de limitarse a permanentes críticas sobre un pasado que todos tenemos que cambiar.

EXDIPUTADA

‘Esa conducta cívica es inmensamente sana y positiva para alimentar un electorado debidamente informado, que es lo ideal para emitir un voto a conciencia [...]'

‘[...] vemos con cierto pesar los ataques arteros y las críticas ácidas que se ensañan en contra del Tribunal Electoral, garante de la transparencia del proceso [...]'