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12 de Apr de 2021

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Jorge Anel Samaniego Ríos

Columnistas

Hacer más, pedir menos...

Estas nuevas conductas aprendidas resultan muy peligrosas, pero lejos de ser indeseables son reforzadas a cada segundo por los medios de comunicación

Panamá no es lo que era. Todo ha cambiado. A los ojos de alguien de la década del 50, bien podríamos vernos como extraterrestres. Casi nadie tiene teléfonos fijos en sus casas. Muy pocas personas miran a los demás mientras conversan, por estar metidos en sus aparatos inteligentes, estos casi omnipresentes artefactos que nos hacen todo más fácil. Pero, ¿qué tan bueno resulta para las personas no tener que hacer nada?

La tecnología ha venido a resolver muchísimos temas complejos, y ha evolucionado tanto que se involucró en cada aspecto de nuestras vidas. Nos hemos acostumbrado demasiado, y en muy corto tiempo, a depender de la tecnología, al punto de no ser capaces de hacer nada por nosotros mismos. Ya no podemos recordar números telefónicos, fechas de cumpleaños, o lo que tenemos que hacer en el día. Dependemos de agendas electrónicas, alarmas, y cronogramas con gráficas para funcionar. Es imposible usar un mapa para encontrar una dirección. Las redes sociales deciden por nosotros, basadas en preferencias y predicciones qué clase de música escuchamos, lo que compramos y hasta la película que veremos en la noche… No necesitamos pensar.

Estas nuevas conductas aprendidas resultan muy peligrosas, pero lejos de ser indeseables son reforzadas a cada segundo por los medios de comunicación, en un adoctrinamiento permanente. Tendencias antinaturales nos llevan a considerar que comportamientos claramente estúpidos son roles a seguir. Se eleva al nivel de ídolos a personas que no tienen cultura, que no tienen valores y que no tienen moral, para luego emular sus acciones.

Los valores familiares, y los buenos actos no merecen ser pregonados en los medios de comunicación, pero los actos atroces, las acciones de criminales, y las historias de aquellos que se han hecho ricos de maneras fáciles e ilegales llenan los espacios día tras día.

Nuestra sociedad se ha acostumbrado a lo malo. Nos hemos deshumanizado al punto de que queremos ver violencia en la televisión, queremos escuchar groserías en la radio y queremos que nos den las cosas sin tener que trabajar por ellas.

Cada día nos vemos expuestos a cosas bárbaras, terribles y primitivas a las que nos están programando para que las veamos como comunes. La referencia didáctica sobre cómo vivir en sociedad y hacer Familia nos la dan las novelas. La clave de hacer fortuna nos la dan los documentales de narcos. El camino a la fama lo podemos encontrar si aparecemos en un programa con vestimenta apretada, cuyos requisitos de participación no implican saber sumar más allá de un nivel preescolar, y en el cual saber leer y escribir es opcional. Es una campaña dirigida a entretener las mentes incultas y ociosas.

Es tal el éxito de la campaña de embrutecimiento colectivo, que observamos con pasividad cómo nuestras ‘autoridades' se roban el dinero de nuestros impuestos, y nos dicen en la cara que lo robado no les alcanza, así que debemos tributar más. No les basta con las partidas y planillas secretas. Quieren más.

Y esas autoridades saben que a cambio de una hoja de zinc la mayoría de la sociedad volverá a vender su conciencia, y a elegirlos nuevamente. Una vez electos continuarán con las malas prácticas por otro quinquenio, mientras la educación seguirá cayendo hasta lograr nuevos fondos de ignorancia, haciendo que retrocedamos más.

Y ese es el verdadero norte de los Gobiernos: mantener a la población ignorante, y promover una dependencia cada vez mayor a las falsas dádivas, a manera de subsidios, con los que premian la inacción, financian la mala planificación familiar, y hasta te pagan por ser maleante. Así nos mantienen sumisos y tontos.

Una sociedad culta es imposible de someter, mientras que nosotros nos arrodillamos por un jamón.

No podemos esperar a que el mundo cambie; tenemos que cambiar nosotros. En algún lugar leí ‘no nos faltan recursos como país, sino que nos sobran ladrones'. Tristemente a esos ladrones los colocamos nosotros allí con las decisiones que tomamos en las elecciones.

Mientras en la mente tengamos como prioridad a aquel que ‘me da algo' por encima de alguien culto y honesto, seguiremos retrocediendo como país.

Es absurdo pensar que gente sin un grado de educación, sin cultura, y peor aún, sin valores, como la mayoría de aquellos que hoy ocupan una curul, van a ser capaces de generar leyes que nos hagan surgir. Para empezar, a ellos lo último que les interesa es cambiar la situación actual. Como andan las cosas actualmente, ellos se enriquecen y su poder e impunidad aumentan.

¡Para los que sabemos lo que es madrugar, lo que cuesta ser reconocido en el ámbito profesional, el esfuerzo que conlleva salir adelante de manera honesta es un insulto que nuestros diputados se ganen una fortuna salarial sin siquiera ir a trabajar! Son servidores públicos y tienen el descaro de declarar que ellos nos informan lo que bien les parece, y lo que no, permanece secreto… ¿Cómo terminamos en Panamá siendo súbditos de estos ‘reyezuelos'?

Un pueblo con políticos caros e improductivos, y con maestros mal pagados y abrumados en trabajo no avanza.

Tendremos una oportunidad dorada en pocos días. Dios mediante, podremos decidir quiénes ocuparan los puestos de dirección de nuestro país. Tenemos que buscar otro camino, pues el actual nos lleva al despeñadero.

Lograr un gran cambio no es más que lograr que cada individuo cambie un poco su forma de actuar para mejor. Con pequeños cambios personales, se logrará cambiar la sociedad, un individuo a la vez. Demostremos a los representantes de los antivalores que actualmente están en el poder que Panamá está llena de gente buena, inteligente y deseosa de surgir. Hagamos más, pidamos menos.

Dios nos guíe.

INGENIERO, MIEMBRO SECCIONAL DE SPIA AZUERO, INSPECTOR JTIA.