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12 de Apr de 2021

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Guillermo A. Cochez

Columnistas

Las cuatro etapas de mi vida política

‘Ante el declive de la democracia en el país, causada por la traición de las cúpulas partidarias a los postulados de la democracia y la decencia en el manejo de la cosa pública, he decidido ser parte de esta última etapa de mi vida política'

Me inicié en política en 1963, ni cédula tenía; para esa época la mayoría eran 21 años. Me afilié a la Juventud Demócrata Cristiana y que, aun sin poder votar, participé en una mesa de votación en Juan Gil de Pacora, donde después de 48 horas de conteo solo el PDC obtuvo un voto. Eran los tiempos de la Patria Boba, tiempos en que cada familia y grupo económico tenía su diputado y se aglutinaban alrededor de partidos electoreros, de acuerdo a intereses económicos.

Los demócratacristianos habían emergido como partido político en 1960, pero en esa elección no participaron. Éramos diferentes y tan pequeños, que nos decían que cabíamos en un Volkswagen, los ‘Beatles' de entonces. Nuestras ideas eran raras porque defendíamos a los pobres y pedíamos el respeto a la dignidad humana y la justicia social. Nos decían ‘verdes por fuera, pero rojos por dentro' como la sandía; comunistas disfrazados.

En 1965 conocí los rigores de la cárcel Modelo cuando, junto a otros 24 jóvenes DC, me detuvieron por protestar por la corrupción del Gobierno liberal de entonces. Nos echaron ilegalmente 20 días de prisión; con el revuelo que se armó, nos liberaron siete días después. En ese tiempo era representante estudiantil en Derecho en la Universidad de Panamá.

Aspiré por primera vez a un cargo en 1968, concejal por el distrito capital, llegando de tercero en una papeleta de 15 nombres. Meses después de la elección de mayo vino el golpe de Estado y todo se apagó prácticamente por 21 años. Me gradué de abogado en dictadura y viajé al exterior a obtener mi maestría. Eran tiempos difíciles, donde hasta asesinaban sacerdotes como al padre Héctor Gallego, en cuya muerte, nunca resuelta, estuvieron personas allegadas al general Torrijos. Fui muy activo en la lucha de la Iglesia para saber su paradero.

La clandestinidad era la única forma, limitada, por cierto, permitida para hacer política. Un grupo de los jóvenes del partido asumimos la responsabilidad de volver a organizarnos y pudimos reencontrar nuestras raíces. Cuando se dio el veranillo democrático de 1977, producto de la exigencia de Estados Unidos a los militares de democratizar el país para firmar los tratados, éramos los más organizado. En 1980, al volver a inscribirnos, era secretario general del PDC. Después se nos sumó Arias Calderón que estaba en el exilio.

En 1984, en la primera elección presidencial desde 1968, salí electo legislador (hoy diputado) e iniciamos los años más difíciles para lograr la democratización del país, porque fueron los últimos de la dictadura, encabezada por Noriega desde agosto de 1983. A tres semanas de la invasión fui secuestrado con capucha y esposas, junto al exdiputado panameñista Francisco Artola (q. e. p. d.) por agentes del G2 a nuestro regreso de la OEA en Washington. A las 22 horas nos liberaron.

En democracia, fui designado alcalde de Panamá, hasta que en abril de 1991 se fracturó la alianza Panameñista - DC y regresé a la Asamblea, donde había ganado una curul con la mayor cantidad de votos en el país, lo cual no impidió que perdiera aparatosamente en mi segundo intento de reelección en 1994. Eran tiempos donde no había redes sociales ni nada parecido y sin el clientelismo que muchos exhiben hoy.

Si bien me separé de la política partidista, eso no fue óbice para que incursionara en radio y televisión con el inolvidable Mario Rognoni. Escribí mucho en La Prensa, El Panamá América y en La Estrella de Panamá , lo hago en el presente. Escribí regularmente en El Universal de Caracas y en El País de España. Siempre participé de la discusión de los problemas nacionales.

A mi regreso como embajador en la OEA, destituido por señalar la tragedia que se avecinaba a Venezuela, seguí denunciando la corrupción que comenzaba a aflorar en el Gobierno de Martinelli y que fue conocida durante el actual, tanto o más corrupto que el anterior.

Ante el declive de la democracia en el país, causada por la traición de las cúpulas partidarias a los postulados de la democracia y la decencia en el manejo de la cosa pública, he decidido ser parte de esta última etapa de mi vida política. El país necesita un cambio de rumbos. Eso es lo que la ciudadanía espera. La corrupción pública y privada nos agobia y, si seguimos esos derroteros, nos encaminaremos a otra Venezuela o Nicaragua.

Por eso retomó mi vida política en las calles, buscando, dándole la cara a la gente, los votos para llegar a la Asamblea Nacional, con el objetivo de dar a los panameños la oportunidad de que gente decente y sin compromiso con la porquería reinante, legisle y fiscalice. Queremos un país sin corrupción y sin corruptores, ejerciendo cargos públicos. Considero que todavía se puede.

CANDIDATO A DIPUTADO POR EL CIRCUITO 8-8, PARTIDO POPULAR.