Temas Especiales

29 de Nov de 2020

Ubaldo E. Del Cid

Columnistas

Elecciones y resultados

Esto habría que verlo atendiendo a esa tipología del hombre panameño engendrado de los vaivenes que impone la clase política local

Tratar de analizar lo que pasó el 5 de mayo en Panamá lo pone a uno en una posición que exige ecuanimidad y ojo clínico en aras de entender, más del porqué de los seleccionados, la inclinación política partidista. Es decir, si bien hubo desgaste notorio y grandes desaciertos en el Gobierno pasado, qué factores definieron la decisión del votante, al grado de que el CD y el PRD hayan sido los más votados. Esto habría que verlo atendiendo a esa tipología del hombre panameño engendrado de los vaivenes que impone la clase política local.

Acá en Colón creo que se evidencia notoriamente el sentido de ‘lumpenización de la sociedad', pues resulta confuso entender lo ocurrido. Consideramos que de alguna manera hay que hacer un arduo trabajo en nuestra juventud en materia de civismo, responsabilidad ciudadana y compromiso comunitario. Pues, estamos en presencia de una juventud que, pese a ser un sector poblacional importante, toma decisión de manera desorientada y erráticamente escoge mal; sustentado aquello de que ‘cada pueblo tiene el Gobierno que se merece'.

Hubo un catálogo de personajes nuevos que llenos de bríos y de sueños de cambio y propuestas novedosas se presentaron al escenario político y, finalmente, vieron derrumbarse sus aspiraciones por el daño que el clientelismo, la banalidad y la descomposición social han hecho a Colón. En la práctica, ganó, en cierto modo, un continuismo inoperante y dañino que, más que resolver nuestros múltiples problemas, mantendrá en los jóvenes ese chip que los tiene sumidos a la abulia, la improductividad y a la espera de la limosna que los políticos tradicionales suelen arrojarles.

Creo que hay que revisar el ADN y el contexto donde se están criando nuestros jóvenes, ya que es difícil entender y asimilar ese poco importa y No medir las consecuencias inmediatas de sus actos, máxime cuando se trata de seleccionar a quienes deben administrar el patrimonio comunitario.

En un balance último, si bien, en estas elecciones, entraron figuras nuevas, consideramos que radicalmente debió darse un cambio que abriera surcos de mejores días, reflejados en una administración honesta y apegada a la norma constitucional. Esperemos que haya ganado la justicia, la honradez y el sentido de compromiso con Panamá, y que el nuevo Gobierno, por el bienestar de todos, sea capaz de dejar atrás prácticas maleanteriles y se proponga darle un sentido de coherencia a la democracia panameña.

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