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19 de May de 2022

  • René Quevedo

Columnistas

El mejor programa social del mundo

En la última década el Estado panameño invirtió más de $15.5 mil millones en Educación y la economía creó 446 681 empleos

En 1980, durante la exitosa campaña presidencial de Ronald Reagan en Estados Unidos, este declaró: ‘El mejor programa social del mundo es un empleo'. La frase, fue acreditada a Pete Wilson, el entonces alcalde de San Diego, quien lo había utilizado en un discurso de 1977 ante la Cámara de Comercio de Century City. Desde entonces, estas palabras siguen siendo utilizadas en entornos políticos como sinónimos de una economía saludable y escasa intervención estatal.

En febrero 2017, Efosa Ojomo, de la Universidad de Harvard, en su articulo en The Guardian, ‘En su obsesión con erradicar la pobreza es donde el desarrollo se ha equivocado', hace dos preguntas fundamentales: ‘¿Cuánto valor tiene impulsar la educación universal en un país pobre donde la mayoría de los jóvenes están desempleados?' y ‘¿Cuál es el valor incremental de enseñar a un niño de cinco años a leer en un país donde millones de personas de 25 años se han quedado sin trabajo?'.

Ambos planteamientos tienen especial relevancia en Panamá. En la última década el Estado panameño invirtió más de $15.5 mil millones en Educación y la economía creó 446 681 empleos. Entre el 2009 y 2014 el número de estudiantes que inició Educación Media (7° año) aumentó 183 % y 76 503 más jóvenes de 15 a 19 años ingresaron a un centro educativo (+45 %).

No obstante, entre el 2009 y 2017 la cantidad de graduados se incrementó solo 2 %, los desertores lo hicieron en 50 % y el porcentaje de jóvenes que no culminó Educación Media pasó de 54.5 % (2004-2009) a 63.7 % (2012-2017), un aumento de 9.2 puntos. Por otro lado, los jóvenes de 15 a 29 años, quienes obtuvieron 1 de cada 4 nuevos empleos generados en la economía entre 2004 y 2008, solo se beneficiaron de 1 de cada 10 en los últimos 10 años.

En agosto 2008 había 227 220 ninis en ese rango de edad, 27 % de esa población. 63 % eran mujeres y 79 % urbanos. Hoy tenemos 238 573 ninis (25 %), 66 % de ellos mujeres y 69 % urbanos. En una década que generó mucho empleo, vivió la Ampliación del Canal y en la cual se invirtieron miles de millones en Educación, las cosas han variado poco.

Entre el 2008 y 2018 la edad promedio en los nuevos empleos aumentó 14 años (hoy es 53 años). Y a pesar de que el número de trabajadores con títulos universitarios se incrementó en 54 %, la escolaridad de la fuerza laboral panameña apenas aumentó 6 meses, y desde el 2012, 3 de cada 4 nuevos empleos requirieron Educación Media o inferior. Hoy 2 de cada 3 trabajadores tiene 12 o menos años de instrucción formal (promedio 11.3).

La alienación de los jóvenes menores de 30 años, un tercio de la población en edad productiva del país, sigue acelerándose. En los últimos 5 años, perdieron 3 puntos de participación en la estructura del empleo, pasando de 28 % de la fuerza laboral en 2013, a 25 % en el 2018.

Adicionalmente, el entorno laboral cambió. Hace 10 años, los asalariados privados representaban 71 % del crecimiento del empleo y en el 2013 aportaban 53 % de la fuerza laboral. En los últimos 4 años el número de asalariados se redujo a -5 % de los nuevos empleos (contracción) y hoy representan 47 % de los trabajadores. En contraste, los trabajadores independientes aumentaron 5 puntos y ahora contribuyen con 7 de cada 10 nuevos empleos.

Las implicaciones sociales de estos fenómenos, concurrentes con el ‘boom' que ha vivido Panamá, son profundas. En un país con un sistema educativo divorciado de su realidad laboral, educación no es igual a empleo y la multimillonaria inversión educativa por sí sola no garantiza la inclusión productiva de nuestros jóvenes. Por el contrario, puede servir de plataforma para la perpetuación de las desigualdades existentes y la dependencia futura de ayudas sociales (subsidios), por parte del Gobierno o del sector privado.

El reto no es solo de asignación de recursos a la educación, sino asegurar la pertinencia de la misma, en función de las competencias necesarias para generar ingresos dignos y la construcción de un proyecto de vida por parte de sus beneficiarios, con un claro propósito hacia el empoderamiento económico e independización financiera.

Hoy la educación enseña de todo, menos cómo ganarse la vida. Esto tiene que cambiar, pronto. El reto no es crear empleo, sino crear empleo incluyente.

ASESOR EMPRESARIAL.